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EXTENSIÓN DEL IMPERIO PERUANO. ORIGEN DE LA PALABRA "ANDES" (William H. Prescott)





De las numerosas naciones que ocupaban el gran continente americano cuando los europeos lo descubrieron, las más adelantadas en poder y en cultura eran, sin duda, las de Méjico y Perú. Pero, aunque se asemejaban en el grado de civilización a que habían subido, esta civilización era de diferente carácter en cada una de ellas, y el observador filosófico de la especie humana puede sentir una curiosidad natural en la averiguación de las varias transiciones por las cuales pasaron aquellos dos pueblos, en sus esfuerzos para salir del estado de barbarie, y alcanzar una posición mas elevada en la escala de la humanidad. En otra obra que he publicado, procuré describir las instituciones y el carácter de los antiguos mejicanos , y la historia de su con quista por los españoles. En esta voy á tratar de los peruanos; y si su historia presenta anomalías menos extrañas, y contrastes menos notables que la de los aztecas, no será menos interesante al lector la grata pintura que ofrece de un gobierno bien arreglado, y de los hábitos modestos y laboriosos que se introdujeron bajo el dominio patriarcal de los incas. El imperio del Perú, en la época de la invasión española , se extendía por la costa del Pacifico , desde el segundo grado, poco mas ó menos, de latitud Norte, hasta el treinta y siete de latitud Sur; línea que describen actualmente los límites occidentales de las repúblicas modernas del Ecuador, Perú , Bolivia y Chile. Su anchura no puede ser determinada con exactitud, porque, aunque totalmente limitada al Oeste por el Gran Océano, hacia el Este se dilataba en varias partes mucho más allá de los montes, hasta los confines de las tribus bárbaras, cuya exacta situación no es conocida, y cuyos nombres han sido borrados del mapa de la historia. Es cierto, sin embargo, que había gran desproporción entre su longitud y su anchura. Es muy notable el aspecto topográfico del país. Una faja de tierra, cuyo ancho raras veces pasa de veinte leguas, corre en las dirección de la costa, y está encerrada en toda su extensión, por una cadena colosal de montañas, que, partiendo del estrecho de Magallanes, llega á su mayor elevación, que es en verdad la mayor del continente americano, hacia los diez y siete grados de latitud Sur, y, después de cruzar la línea , y gradualmente declina en al turas de poca importancia, al entrar en el istmo de Panamá. Tal es la famosa cordillera de los Andes, ó «montañas de cobre»(1), como las llaman los naturales, aunque con más razón podrían llamarse «montañas de oro». Dispuestas muchas veces en una sola línea, más frecuentemente en dos o tres, que corren paralelas entre sí, o en sentido oblicuo, parecen una continua cadena, vistas desde el Océano. Los estupendos volcanes que el habitante de las llanuras mira como masas solitarias é independientes, parecen al navegante otros tantos picos del mismo vasto y magnífico sistema. En tan inmensa escala ha trabajado la naturaleza en aquellas regiones, que solo desde una gran distancia puede el espectador comprender de algún modo la relación de las diversas partes que forman aquel asombroso conjunto; Pocas obras han salido de la mano de la naturaleza capaces de producir impresiones tan sublimes, como el a pecto de esta costa, cuando se desarrolla gradualmente a los ojos del marinero en las aguas distantes del Pacifico; cuando se enseñorean montañas sobre montañas, y el Chimborazo, con su espléndido dosel de nieve, resplandeciendo sobre las nubes, corona el todo como una diadema celestial.
El aspecto estertor del país no parece muy favorable a las operaciones de la agricultura, ni a las comunicaciones interiores. La faja arenosa que corre por la costa, donde nunca llueve, no recibe más humedad que la que le su ministran unos pocos y escasos arroyos, ofreciendo un notable contraste con los vastos volúmenes de agua que se desprenden de las laderas orientales hacia el Atlántico. Ni son más aptas para el cultivo las faldas de la sierra, cortadas por hondos precipicios, y masas destrozadas de pórfido y granito, ni sus más altas regiones, envueltas en nieve que nunca se derrite bajo el sol ardiente del Ecuador, y sí solo por la acción desoladora de los fuegos volcánicos. Los derrumbaderos, los furiosos torrentes, y las quebradas intransitables, rasgos característicos de esta región escabrosa, parecen obstáculos insuperables a toda comunicación entre las diversas partes de su dilatado territorio. Guando el viajero aterrado se remonta por aquellas veredas aéreas, en vano procura medir con la vista la profundidad de las enormes aberturas que desgarran la cadena de los montes. Y sin embargo, la industria, o por mejor decir, el genio de los indios ha sido bastante para sobrepujar todos los obstáculos de la naturaleza.


William H. Prescott
Historia de la Conquista del Perú, 1847



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(1) A lo menos: la voz "anta", de donde se cree que proviene la etimología de Andes, significa cobre en lengua peruana, Garcilasso, Corm. Real, parte I lib. V, cap. XV.




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RENACERÁ ESPAÑA LLENA DE BRÍO (Francisco Pi y Margall)



España romana, España árabe, España gótica siempre rica en monumentos, que admiraremos tal vez en naciones estrañas,ignorantes de que nuestra patria los posea.  ¿Dónde los famosos acueductos de Segovia y Tarragona, corte en otros tiempos del antiguo imperio? Larga serie de siglos ayudados de las sangrientas revoluciones que ajitaron el orge allanaron soberbios edificios: ¿qué, si por la menor piedra medimos el todo de la gran fábrica á que pertenecía? Se azorará nuestra imajinacion al concebir el colosal templo de Hércules en Barcelona, cuando contemplemos la seis jigantes columnas de su fachada, que respetaron más de veinte siglos: Nos asombran los vestigios de los ancianos muros de Tarragona: Roma nos dejó estampada su grandeza aun en los sarcófagos en que encerraron las cenizas de sus héroes.
Rica y caprichosa por el contrario España árabe enriquece a Granada, Córdoba y Sevilla de injeniosas fábricas en que bien a lo lejos brilla el esplendor y la opulencia de los Sarracenos. Ostenta Granada su divina Alhambra con su magnífico patio de los Leones, su salon de Abencerrajes de atrevidas columnas y doble galería, sus esmaltados jardines con antojadizos juegos de aguas, su arrogante castillo cuya cabeza parece echar aterradoras miradas por encima los erguidos techos del palacio. No sin razón hace alarde de su Jeneralife. De envidia eleva la jentil Sevilla por entre sus mas bellos edificio su jigante torre, su preciosa Jiralda cuya cúpula se abre paso por entre los densos vapores que infestan la atmósfera: ensalza su alcazar y guarda zelosa su catedral, la gala tal vez de las de España.
Ni se humilla Córdoba la insigne: ahí está su gran mezquita, donde vió Mahoma tantos años postrado el turbante de la infiel morisma, ay ahora escucha el Dios de la eternidad los sencillos coros, con que los cordobeses ensalzan sus virtudes.
Y no mentaremos aun los monumentos árabes de Tarragona, que en mil confusos escombros refleja los caprichos de cien siglos: echaremos á olvido Barcelona sobre cuyos anchos muros campean las tres arrogantes y ahumadas torres de las Canaletas nunca acabadas, y ya en parte destrozadas, ya terriblemente heridas por las armas de Felipe V. Hoy apagan los jemidos y maldiciones de los rebeldes a la ley estos tenebrosos recintos, que tal vez temblaron al acento guerrero de los que desde ellos se guarnecín las armas enemigas.
Callarán sin embargo Córdoba, Sevilla, y Granada, cuando saque á plaza Burgos sus templos esbeltos y desembarazados, sus anchos y bien labrados salones, sus caprichosas puertas, su arquitectura puramente gótica. presentará grandes hasta en los adornos, osados en sus formas su catedral y los vestigios del convento de los Carmelitas. Ni blasonarán menos de las bellezas de su catedral León, Toledo, Zaragoza, Salamanca, Barcelona, Gerona y otros pueblos de la opulenta España, que no halla quien en la parte monumental con ella rivalize, y salva Italia, es madre de los mejores y mas acreditados artistas. ¿Permanecerán en España tan ricas maravillas ignoradas de nosotros mismos? Ni está aun actualmente tan falta de escelentes arquitectos, pintores y escultores, cuya frente no haya producido grandes y sublimes creaciones: ¿estarán condenados al olvido los nombres de estos como los mas de sus predecesores?
Una guerra de destruccion acaba por destrozar por espacio de seis años lo que aun habia respetado el furor de los franceses a principios de nuestro siglo: sus restos aun nos dan idea de sus monumentos: no desaprovechemos ocasion tan oportuna: levantemos á nuestra patria de sus ruinas: renacerá España llena de brío, confundiendo la soberanía de naciones estranjeras.


Francisco Pi y Margall
España, obra pintoresca, 1844


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CIELOS SOBRE BERLÍN (Francisco Jarauta)


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El otoño de Berlín es lento. Kleist recordaba cómo sólo en Berlín la sinfonía de los rojos se precipitaba de pronto, impasible, sobre el mar de brumas grises que anunciaba ya el frío. Atrás quedaban las tardes de amarillos mil, los rojos luminosos y cárdenos, los tilos y brezos oxidados que desde el Tiergarten a Grunewald guardaban la memoria del tiempo y la irrecuperable presencia de la luz. Una luz que, para Kleist, dibujaba las estaciones y el devenir de las cosas.Recuerdo mi primera visita a Berlín, un otoño hace ya treinta años. Un viaje en tren, siguiendo el corredor de Braunschweig entre las sombras del siglo. Una ansiedad que hallaba su puerto en los andenes de la Zoo Bahnhof y después en una pensión de la Fasanenstrasse, como las que frecuentaban los viajeros de los años veinte. De aquellos días, además de los mapas primeros que siempre guiaron mis ulteriores viajes, quedan algunos recuerdos indelebles: el Moses und Aaron, una obra que podría ser considerada como imposible e irrealizable, dirigida por Hermann Scherchen; una Mutter Courage en el Berliner Ensemble con Helene Weigel, Ernst Busch, Wolf Kaiser entre otros; y el primer encuentro con nombres como Nolde y Beckmann, Kirchner y Macke, Dix y Schad, que aparecían como el rostro de una historia detenida o silenciada por un innombrable destino. Una historia que se hacía violentamente presente tan pronto atravesabas la Friedrichstrasse, frontera más que calle entre dos mundos.
Pasaron los años y con ellos la agenda de viajes y residencia se multiplicaron. La memoria de Berlín está hecha de tiempos y distancias, unidas por una fiel necesidad de reencuentros, como este último de noviembre. Habían pasado diez años de aquel histórico 9 de noviembre de 1989 cuando las fronteras que dividían la ciudad saltaron por los aires, dando paso a unos y a otros, reconociéndose en la fiesta que sólo la libertad posibilita. Aquello fue sólo el inicio. Los tiempos se precipitaron y nadie podía imaginar que la historia del siglo XX iba a tener un desenlace tan acelerado y definitivo. Berlín se convertirá en el meridiano del proceso; por él pasarán las decisiones, las estrategias. Y tras la unificación de las dos Alemanias volverá a ser la capital de la República, clausurando así cuarenta largos años de extraña división.
Esta tarde de noviembre se cumplen diez años de aquellos acontecimientos. Hay muchas formas de recordarlos. Una, entre otras, podría ser asomarse a la ciudad desde la terraza de la Info Box de la Potsdamer Platz. El bosque de grúas ha ido desapareciendo, dando lugar a los nuevos edificios, ordenados bajo el proyecto global de Renzo Piano. Pero no es lo que más me atrae, por fascinante que resulte la idea de inventar y construir un Berlín nuevo y moderno. Porque moderno era también el Berlín de los años veinte, aquellos años en los que la ciudad se había convertido, tras la Gran Guerra, en el centro de la cultura europea, de los experimentos políticos, y, en definitiva, de las grandes apuestas políticas, estéticas, culturales. Ahora, como si se tratase de una imagen superpuesta, viene a la memoria, dibujándose sobre el cielo de grúas y nuevos edificios, aquella otra imagen de la Potsdamer Platz, verdadero carrefour de la ciudad, cruce de tranvías y paseantes, de tráfico inmenso, detenido apenas en los cafés y cabarés que Kirchner pintara, una especie de público flâneur a la caza del instante en una década que había acelerado su tempo. Quizá extraviados por los soportales de la plaza pudiéramos todavía ver a los Franz Biberkopf de Alfred Döblin, al joven Brecht con el cigarro en los labios y la cazadora de cuero o a Mr. Norris de Christopher Isherwood en zapatillas de color lavanda. Eran, entre otros, los sujetos de una época que había inventado una forma expresionista de vivir y pensar, y que ante el desastre de la Gran Guerra derivaban hacia la búsqueda de una sociedad distinta, ajena a las estructuras heredadas de la unificación bismarckiana. Años de incertidumbres acumuladas y de generosos experimentos. La Berlín de los años veinte fue el verdadero laboratorio de una nueva cultura. Y si, por una parte, en una de las taquillas de la Zoo Bahnhof permaneció colgado años seguidos, cuenta Walter Benjamin, el letrero de "No hay billetes para el tren de Moscú" -tal era la curiosidad y entusiasmo que había despertado la Revolución de Octubre-; por otra, el proyecto de una nueva República pasaba a ser el proyecto más urgente con el que hacer frente al futuro político. A nadie escapa hoy que la República de Weimar constituye el punto de encuentro y desencuentro de todas las contradicciones de la cultura alemana, y escribir su historia equivale a proponer una interpretación de la historia del Estado-nación alemán, interpretación no tan intempestiva ahora cuando la reunificación es un hecho. Un amplio debate historiográfico ha insistido en la reconstrucción de una historia, que de alguna forma podría iluminar la historia reciente, pero éste no es ahora nuestro interés. Lo que sí resulta central es la tensión que recorre por igual política y arte, experimento y proyecto a lo largo de aquella década. Son los años de La montaña mágica, de Thomas Mann, y de Metrópolis, de Fritz Lang, de la Ópera de cuatro peniques, de Brecht, del teatro político de Piscator y de las puestas en escena de Pirandello por Max Reinhardt; como también la del estreno del Wozzeck de Alban Berg en la Staatsoper bajo la dirección de Erich Kleiber, o el final del segundo acto del Moses und Aaron. Y sin contar el entusiasmo de los amigos de Gropius, atentos a redefinir la cultura del proyecto, llámese ciudad o fábrica, casa o mesa. Son años de contradicciones profundas, en la frontera de lo deseado y pensado y lo imposible. Ahí están las grandes caricaturas de Otto Dix y George Grosz, las memorias de Benn o la poesía de Tucholsky. Tras ellas se descubre la mueca irónica de quien sabe que la historia puede repetirse y que los fantasmas que la anuncian ya andan libres.
De aquella historia que un día recorría los aledaños de la Potsdamer Platz sólo quedaba un inmenso erial. Todo había quedado destruido, sobreviviendo apenas las ruinas de la ciudad más vital de Europa. Cuando se habla del nuevo Berlín con el entusiasmo ingenuo de quien ama las novedades, se olvida precisamente este aspecto dramático de su historia. Si algo fascina de Berlín es ver aquí y allá, una y otra vez, las heridas de su historia. Ninguna ciudad como Berlín tiene esta competencia a la hora de mostrar qué fue el siglo XX, una historia cruzada de proyectos y fracasos, de sueños y búsquedas. Y posiblemente sea esta terraza de la Info Box de la Potsdamer Platz el lugar privilegiado para asomarse a la historia de Berlín, que por tantas razones es también historia de Europa.
La bruma de la tarde de noviembre vuelve a abrazar las sombras de la ciudad, sin distinguir ahora viejos restos y arquitecturas nuevas. Los tonos rojos del otoño de Kleist se han desvanecido y una húmeda línea recorre el horizonte. Son los cielos de Berlín que dijera Wim Wenders. Esta tarde, sin ángeles que los cuiden, y como si se tratase de un desafío a cualquier memoria histórica, sólo se perciben, como poderosos tótemes de la ciudad, dos cúpulas: la del Reichstag y la de la Alte Synagoge. La luz fría de la primera recrea en la distancia el aura de una historia reconstruida. La segunda, con sus formas orientales y sus oros bizantinos, aproxima y hace presente una memoria por tantas razones dolorosa. Pero juntas constituyen esta tarde los lugares simbólicos en los que el tiempo se detiene. Así ha sido la historia. La poderosa cúpula de Foster, construida sobre el que fue el primer Parlamento alemán, quiere hacer evidente un nuevo poder. La Alte Synagoge contiene las voces de errancias imposibles. Desde ninguna otra ciudad se oye y siente el Este europeo como desde Berlín, y no sólo por la relación con el shtetl oriental, del que hablara Canetti, sino también por la vecindad de lo eslavo y de su imaginario cultural. Si sobre algo se puede pensar Berlín como centro de Europa es justamente sobre la base de esta equidistancia. La misma lejanía media entre Moscú y Berlín, que entre Berlín y Lisboa. Una distancia que puede reconocerse sólo si se sabe que las fronteras se han construido sobre la base de victorias y derrotas.
Quizá sea ésta la dificultad mayor para ser hoy berlinés y posiblemente también alemán. ¿Qué hacer con la memoria? ¿Restaurarla o huir de ella? ¿Cancelar un pasado o neutralizarlo al paso que se vislumbra un nuevo horizonte? No es fácil resolver esta situación. Al final de Duell Traktor Fatzer, dirigida por Heiner Müller en el Berliner Ensemble, uno de los actores confiesa: "Ahora que ya no es posible la Revolución ya no hay vencedores ni vencidos, todos somos vencidos". De lo que se trata, cuando de la historia se habla, ya no es de fijar el límite de los errores, sino la fuerza de las esperanzas y éstas habían fracasado. ¿Qué hacer entonces con la memoria? En noviembre de 1989, Heiner Müller trabajaba como un poseso en su inmenso proyecto sobre Hamlet (Hamlet/Maschine). Le invade una especie de bloqueo, descrito en su poema Mommsens Block. En él cuenta cómo el historiador Mommsen no consigue terminar el tomo cuarto de su Historia de Roma, quemándosele la casa con todos los manuscritos. El incendio de la casa de Mommsen hacía imposible la narración de la historia de Roma, como otros incendios volvían a dificultar el relato de una historia más reciente.
Si esta historia no puede ser contada, tampoco puede ser borrada. Recientemente, Günter Grass anotaba que una buena parte de la literatura que él podía escribir surgía de las pérdidas y quizá también de las ausencias. Sería como contar aquel tiempo que ya no es, desde la sombra o la huella de su desaparición. Una escritura, literatura o filosofía, lejana de explicaciones innecesarias y atenta al rumor secreto del tiempo. ¿No será esta situación el lugar en el que se muestre la nueva mirada? No hace mucho, Wolf Lepenies recordaba, citando a François Furet, que los alemanes, después de los rusos, eran el segundo gran pueblo europeo incapaz de dar sentido a su siglo XX y por lo tanto a toda su historia. Una dificultad que ya Walter Benjamin había anotado en su Diario de Moscú a propósito de los derroteros de la Revolución. Pero quizá ahora haya llegado el tiempo de pensar y construir una historia que abrace los extremos de Europa y los reúna. Sobre las paredes en ruinas del Tacheles berlinés alguien ha escrito Wo ist captain Nemo? (¿Dónde está el capitán Nemo?). Y en el film de Wenders, el ángel que observa la ciudad desde la cúspide rota de la Gedächtniskirche, cuando desciende hasta las calles de la ciudad es sólo para decir un fraterno Guten Morgen!


Francisco Jarauta
6 abril 2000



LA AVENTURA EQUINOCCIAL DE LOPE DE AGUIRRE (Ramón J. Sender)



"Miserable soy, pero no mas que otros. Y tenemos nuestra justicia. Yo voy a fundar un reino a mi manera. ¿Es que no tenemos nosotros derecho a conducirnos estúpidamente en lo alto de la pirámide como los que están ahora? ¿Es que yo no tengo el mismo derecho que Pizarro y que La Gasca y Hurtado de Mendoza a ser simple cuando quiera y bellaco cuando me de la gana con una cadena de oro cruzada al pecho que sea devoción y encomienda y gala todo junto?” 


Así hablaba Lope de Aguirre, y golpeándose el pecho con el puño cerrado añadía: “Nosotros. Somos nosotros los que hemos venido a la jornada de Indias. Somos lo mejor de cada familia porque somos los que no van a heredar nada y tienen que buscarse el honor y el ducado a fuerza de ingenio y a punta de espada. Somos honrados, pero ¿para que nos sirve a los que no tenemos tierra para fundar ni rentas con que lucir? Toda mi honradez la pongo debajo de la bota, de esta bota que se afirma malamente en el suelo a causa del arcabuzazo que me dieron en la pierna. Un lujo, la honradez, pero no el mejor, para mi. Tal vez para Pedrarias. No, tampoco para el. Para nadie. Poco haría con su honradez Felipe II si no matara gente. Que ha matado mas cristianos en secreto que diez veces la gente que yo llevo en el real.

"Yo soy yo. Yo soy vosotros. Yo soy todos los demás y yo soy el único entero y joven o viejo, rico o pobre, lisiado o sano, a quien vais a escuchar, a quien vais a obedecer y a soñar. ¡Me estáis soñando ya vuesas mercedes los amigos de don Hernando, hijos de la gran put a! Yo no tenía interés en venir a la vida, pero he venido, y mucho cuidado, chapetones de Castilla, que los cojos de las provincias vascongadas os andamos a los alcances. Me alegro de haber venido a este Amazonas, donde parece que todo lo que vemos y lo que oímos es sólo el fondo de un milagro, el milagro que tengo que hacer yo solo. Lo que he valido yo lo sabía, pero ahora lo van a saber vuesas mercedes, marañones. Si no fuera por esta jornada del Amazonas, nunca se me habría presentado la ocasión, y van vuesas mercedes a ver lo que un hombre como yo hace cuando le llega la ocasión, cuando ya no viven La Bandera ni Zalduendo ni otros que trataban de torcerme el camino. Mi camino.”


Ramón J. Sender
La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, 1964



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ZARAGOZA EN "CRÓNICA DEL ALBA" (de Ramón J. Sender)






Mi padre había alquilado el primer piso de la casa de los marqueses de M. en el número quince de la calle de Juan de Aragón. Estrecha y sombría, comenzaba junto a la iglesia de la Magdalena, un antiguo templo pagano de los tiempos de Augusto sobre el cual se había construido una mezquita con su minarete en tiempo de los árabes, y más tarde había sido dedicado a templo cristiano. Por los ajimeces salían murciélagos, al oscurecer. En el otro extremo de la calle estaba el Arco del Deán, que no era tal arco, sino un túnel de piedra de más de veinte metros de profundidad y la entrada verdaderamente grandiosa de La Seo. Esta era la verdadera catedral de Zaragoza, en la cual se veía también un basamento romano, un decorado mudéjar y un arquerío gótico. La labor del coro era renacentista, y el conjunto, de una grandeza y una sobriedad impresionante?

... La ciudad verdadera estaba en el Coso y en el paseo de la Independencia con su plaza del mismo nombre, la calle Alfonso y la plaza del Pilar. El templo del Pilar, tan hermoso y tan grande, era moderno y decorado como un hotel o un banco de lujo. Todo el barrio del Pilar, con excepción de San Juan de los Panetes - que parece datar del siglo XIII- , era moderno. Mis padres veneraban a la Virgen del Pilar, pero no estimaban mucho el templo. En cuanto a la parte sureste de la ciudad, desde la plaza del Justicia Lanuza hasta Torrero y el cabezo de Buenavista, era la parte más hermosa y vivían allí los rentistas prósperos. Aquello era el porvenir. Casas con jardín, calefacción y hasta - creo yo - con piscina privada ...

... Un poco más abajo, por la calle Cerdán, se iba al mercado, donde millares de compradores y vendedores hacían cada día sus negocios de frutas, legumbres, carne y pescado, protegidos del sol por un inmenso cobertizo de metal y cemento complicado como el laberinto de Creta. Los olores más diversos se mezclaban allí dentro, pero dominaba una sensación de frescura húmeda. Por el centro del pavimento de ladrillo había arroyuelos de agua circulando como en los alcázares moros. Aquel sitio me parecía terriblemente exótico ...

... La calle Precicadores era una calle ancha, de edificios altos con esa pátina entre topacio y rosa que dan los siglos a las viviendas civiles, mientras que las piedras de las catedrales y de los palacios toman un color oscuro de hierro cola ... 

... Detrás del costado norte de la calle de Predicadores se sentía el río con tres grandes puentes. Uno el del tren, otro el clásico puente de Piedra, de pilastras romanas, muy amplio. Por él pasaban las dos vías de los tranvías del Arrabal y de la estación del Norte. Todavía había otro más abajo, con pilastras de cemento, que debían ser el que usaban los carreteros y labradores de la parte más agrícola del municipio hacia la desembocadura del Gállego ...

... Fuimos del extremo histórico de la ciudad al más moderno. Allí estaban las finanzas saneadas, los comercios de lujo, los cafés de moda, con concertistas famosos. En fin, todo lo contrario de la calle de Don Juan de Aragón. El edificio era una casa antigua de seis pisos. Hacía esquina al callejón de la Audiencia, pero como en aquel lugar el Coso torcía un poco hacia la calle de Cerdán, las ventanas y los balcones que daban a la calle de la Audiencia era como si dieran al Coso mismo. Un lugar de veras hermoso para vivir. Yo no cabía dentro de mi piel, me sentía hombre moderno, civilizado y cosmopolita. La casa inmediata a la nuestra era el palacio de los Luna, un caserón renacentista que los turistas visitaban y fotografiaban y que tenía una hermosa portada con los gigantes de piedra, uno a cada lado, que sostenían el friso y amenazando a hipotéticos enemigos con enormes mazas de piedra. Aquel edificio se dedicaba a Audiencia Provincial. Cuando entraba o salía de mi casa lo miraba con respeto ...

... Veía al pasar por la calle el edificio moderno y lujoso (Casino Mercantil), con su portero de librea, pero nunca había entrado. El Coso era allí ancho, limpio y silencioso. Paseaban parejas domingueras, automóviles, coches de caballos con las ruedas blancas como la nieve. Y hacia media tarde llegaban músicos ambulantes que tocaban, cantaban y vendían la letra de las canciones en unas hojitas color rosa. La gente los rodeaba en un gran grupo inmóvil y la voz de los cantantes hallaba un eco de día de fiesta en las piedras del palacio de la Audiencia. Se veía salir por el Arco de San Roque y por el lado de las Escuelas Pías grandes grupos que volvían de los toros. Vendedores de periódicos aparecían pregonando un semanario taurino: Pitos y palmas, con la cogida de Belmonte o tal vez el triunfo de Florentino Ballesteros, que era un torero aragonés.

Ramón J. Sender
Crónica del alba (1942 - 1966)
textos extraídos de la 
selección en 
(Ayuntamiento de Zaragoza)




DE DONDE DERIVA EL NOMBRE DE AMSTERDAN Y OTRAS LINDECES (José Penso de la Vega)


Portada de Confusión de confusiones
en la edición de Lecturas hispánicas
anotada por Antonio Envid Miñana


MERCADER: El lugar y el modo con que se forman estas ruedas y se ajustan estas partidas, quisiera saber, sino sirviera á nuestro amigo de fatiga para que ya que aprendimos la origen, el inventor, y el enredo, no ignorássemos el modo del combate y el lugar del desafio. 


ACCIONISTA: Es tan continuo y incessable el negocio que apenas hay lugar fixo que pueda intitularse su palestra; sin embargo, son el Damo y la Bolsa los que mas se frequentan, empeçándosse á luchar en el Damo desde las diez hasta las doze y en la Bolsa desde las doze hasta las dos. 

Es el Damo una plaça que tiene el Palacio (á que llaman Casa de la Villa) por frontispicio, y llámanle los Flamencos Dam que significa en su lengua Un terrapleno que se haze contra el ímpetu del agua por haverse hecho en esta plaça uno destos terraplenos para defença del Amstel que es el rio de que toma esta ciudad de Amsterdam el nombre, corrumpido de Amstel-Dam en Amsterdam. 

Aqui empieça las mañanas el juego que dura hasta que se cierra la Bolsa á medio dia, donde acuden todos en chusma, por no pagar lo que se suele, despues de estar cerrada; y vá prosiguiendo en ella la batalla, sin que se suspendan las armas en los mayores cansancios, ni se propongan las treguas en los mayores ahogos. 

Es la Bolsa una plaçuela circundada de pilares (aunque si hay algunos de los que se arriman á estas colunas que son como la del fuego por lo que luzen, no faltan otros que sean como la de nube por lo que recatan la necessidad y encubren el estado) y llámasse Bolsa, o ya por encerrarse los mercaderes en ella como en una bolsa, o ya por las diligencias que haze cada uno por llenar la suya en ella, tomando el nombre de las causas, á imitacion de las tres mas decantadas Academias de la Grecia que unas lograron el nombre por el author, otras por el lugar, y muchas por los efectos*


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(*) Como nos ilustra el autor, curiosamente la Bolsa se celebraba al aire libre. Después de haberse contentado durante unos diez años con un pequeño edificio provisional de madera en el centro del "Dam", la Bolsa se instalo en septiembre de 1845 en el edificio llamado la "Bolsa de las Columnas”.




de José Penso de la Vega
con anotaciones de Antonio Envid

TOLEDO A LA LLEGADA DEL GRECO (Manuel B. Cossío)


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Llegó á España poco después de Lepanto, el último hecho de armas “alto sonoro y significativo” del poder político dé la casa de Austria; y aunque de aparente grandeza fueron todavía los años de su vida, pudo presenciar la rápida decadencia de Toledo, ejemplo abreviado de la de toda la monarquía. No estuvo á tiempo para asistir á las brillantes fiestas con que Toledo celebró el tercer matrimonio de Felipe II, ni para ver cómo, por orden del rey, del cabildo y del corregidor, se borraban las inscripciones árabes de las puertas y puentes de la ciudad, sustituyéndolas con otras piadosas; pero vio al devoto monarca volver de Madrid con toda su corte á acompañar procesionalmente y llevar en sus hombros las reliquias de San Eugenio y Santa Leocadia; vio al Concilio provincial en 1580 prohibir á los moriscos hablar su lengua, presagiando la total expulsión de los mismos, que no había de tardar, y de que también fué testigo; vio á los procuradores de Sevilla oponerse al proyecto del ingeniero Antonelli para hacer navegable el Tajo hasta Toledo, y al pueblo entero burlarse del intento, publicando mentidamente naufragios y desgracias del viaje, y las obras y trabajos abandonados á los pocos años de empezarse; vio á la Inquisición funcionar de continuo y sirvió de intérprete en sus procesos; presenció las disputas de jesuítas, franciscanos y dominicos y las milagrosas supercherías inventadas sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen; y si no le alcanzó la vida para ver cómo el ayuntamiento, la universidad y las corporaciones civiles y eclesiásticas, reunidas solemnemente, en 1617, en San Juan de los Reyes, juraban defender aquel misterio, sobróle para participar en la vertiginosa y desconsoladora ruina del país que, tan amarga como elocuentemente, revelan á una los infinitos memoriales, discursos y representaciones elevadas al rey desde 1600 por las cortes, ciudades, iglesias, universidades, doctores, letrados, industriales y comerciantes. Todos dicen lo mismo. “...Porque, de tres partes de gentes que hay en España, las dos no tienen que trabajar... y porque no usándose van olvidando los oficios y artes que solian ser tan primorosos en España... no hay ya rastro de comercio, ni castellano que tenga un real de correspondencia fuera de España... quedando como mesón y testigo del comercio de los extranjeros... Ahora hace diez años valían las alcabalas de Toledo sesenta cuentos y había fincas para ellas, pues se situaba en ellas y hoy no caben á cuarenta.


“Hoy se ve, que no habiendo la mitad de gente que solia, hay doblados religiosos, clérigos y estudiantes; pues ya no hallan otro modo de vivir, ni de poder sustentarse. La razón fundamental es, porque hasta pocos años há el cuerpo y nervio era oficiales, como se fabricaba tanto para España, y toda Europa, y las Indias. Un oficial ó labrador casaba su hija con un pobre mozo como tuviese oficio, con que ganaba tan de ordinario su comida, que parecía renta. De donde emanó el proverbio del siglo dorado nuestro. Quien ha ofico, ha beneficio. Porque había tanto, en que ganar de comer, que era renta perpetua como beneficio eclesiástico; y viendo que ya no hay en que ganar un real, no quieren enlodar sus hijas, ni hijos; sino que estudien, y que sean monjas, clérigos y religiosos; porque el oficio ya ha venido á ser maleficio, y de oprobrio para el que lo tiene: pues que no le sustenta. Con que ya no hay el diezmo de casamientos y bautismos que solia; y de este principio resulta no conservarse la gente. Porque con la miseria desamparan los niños; ó los hacen expósitos por no poderlos sustentar; ó de mal pasar perecen, y los grandes del mismo modo; ó dexan el Reyno despechados” (1)
.


“... Pero nueva causa de faltar gente ay, porque el año de 100 se aduirtio á V. M. gran falta della, y el de 1601 hvuo peste, y el de 1609 la expulsión de mas de quatrocientos mil moriscos, y la mayor se conoce pocos años acá, de modo que los curas dieron un memorial á Toledo, en que aduierten que falta la tercera parte de la gente (y aun ay quien dize que falta de tres partes della las dos) y dizen que en la carniceria se pesa menos de la mitad de la carne que solia. Y es cosa lastimosa que de sesenta casas de mayorazgos de á tres mil ducados de renta que solia tener no quedan seys, y de toda Castilla, Andalucia, la Mancha, Reyno de Valencia, y hasta de Sevilla todo es despueblos, y el padre fray Diego del Escurial refiere que le dixo el obispo de Auila que de poco acá faltan sesenta y cinco pilas de su obispado de donde se colige lo que sera en lo demás. Y lo q’ mas lástima da es en tan gran soledad ver poblar los lugares de los vicios, como garitos, corrales de comedias, tabernas y las de la vanidad, como las tiendas de los sastres que no cauen de oficiales y de obra (que como está el Reyno á la muerte todo es ansias mortales para vestirse) y los de la pobreza como hospitales, carceres, y semejantes á donde se retiran todos á comer. De lo qual importaría vn alarde o reseña general al año siquiera por las matriculas en que V. M. echaria de ver la soledad de España, que es muy bien que el pastor conozca su ganado”(2)
.
 

“... De calles enteras que había (en Toledo) de freneros y armeros, vidrieros y otros oficios semejantes no ha quedado un solo oficial, pues no se hallará en la dicha ciudad un frenero que haga ni aderece un freno de cavallo ni muía, ni un armero ni arcabucero, y sola una miserable tienda de vidrios ha quedado en dicha ciudad: y un mercado franco que tiene el martes de cada semana, con que se bastecía el lugar, por la pobreza y miseria dél no viene ya á ser de consideración, y lo que se llevaba á vender á él se lleva al de Torrejon de Velasco, Torrijos y otros lugares de señorío en contorno de la dicha ciudad... Las posesiones de casas que era la mas preciosa hacienda de la dicha ciudad, es oy la peor, porque no ay quien la viva ni habite, y en lo mas público y que era de mas estimación, ay gran numero de casas cerradas, y la que se cae no se levanta, y holgarían de darlas sin alquiler á quien las quisiese vivir... Las monjas pobres que se sustentaban con la labor de cadeneta tan prima y de dura con que se guarnecían corporales... palias, hijuelas y otras cosas para el servicio del culto divino ha cesado con entrar de Francia y otras partes las randas y puntas que llaman de Flandes... y las religiosas mueren de hambre encerradas en sus conventos... Los frutos de las heredades y huertas faltando la gente no se gastan en la dicha ciudad. Y un trato gruesso de bonetería, que avia en ella, de que se provehia toda África, en que se entretenía y con que sustentaba gran número de gente, está casi perdido y arruinado”(3)


Entre tanto, ocurría lo mismo que Navagiero contaba noventa años antes, á saber: que “los señores de Toledo, y en especial de las mujeres principales, son los curas, que tienen magníficas casas y triunfan dándose la mejor vida del mundo, sin que nadie les censure”... “y más rentas tiene el arzobispado y la iglesia de Toledo que todo el resto de la ciudad”(4)
.  

Y, á la vez, el pueblo, como el clásico hidalgo de nuestra novela picaresca, paseando las calles con cintillo en el sombrero, con capa y espada... y sin probar bocado. “Los toledanos —dice un escritor (5)
en época todavía de más decadencia— andan vestidos de golilla, aun los zapateros y otros oficiales, y sus mujeres andan con mantos de seda y creo que no hay ciudad en España, donde los concursos y procesiones sean con más lucimiento, sin mezcla de rústicos, capas pardas ni polaynas... usan aquellos de espada y daga muy lucidas y con las golillas y vestido de nobleza ó terciopelo, hay sastres que parecen títulos”. 



Manuel M. Cossío
El Greco

1908

 






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(1) Representación de la universidad de Toledo a Felipe III. 

(2) Restauración político de España. Primera Parte. Deseos públicos. Al Rey Don Felipe Tercero. Ocho discursos del Doctor Sancho de Moncada, catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad de Toledo. En Madrid, por Luis Sánchez, año 1619. 

(3)Memorial de la ciudad de Toledo d Felipe III en 1617. Gamero, Historia de la ciudad de Toledo, pág. 1008. Pueden verse los Memoriales de Cellorigo, y de Serna; la Política espiritual, del P. Fray Juan de Santa María; los Remedios de la salud de la República, del Doctor Crislóbal Pérez de Herrera; los Cálculos políticos, de Damián de Olivares; el Memorial, de Francisco Martínez de Mata, de 1659; los Discursos, de 
D, Miguel Alvarez Osorio, de 1687, etc. etc. 

(4)“… i patróni di Toledo e delle donne precipue sonó i pretí, li quali hanno bonissime case e trionfano, dándole la meglior vita del mondo, senza che alcuno li reprenda», «...e piú intrata ha l'arciepiscopato e chiesa di Toledo che tutto il resto della citta.” Navagiero, 1. c. El texto es tan expresivo que viene con frecuencia repctido por los escritores sobre cosas de España, desde Ford, en su Handbook, hasta Justi, en sus artículos sobre el Greco.

(5) El jesuíta Peiro Murillo Velarde, Geografía histórica. Madrid, 1752, t. I, pág. 296 y 97. En su tiempo continuaba la riqueza de la catedral como en el de Navagiero. “Fuera, dice, de los Arzobispos Electores del Imperio, creo que en toda la Christiandad no hay Arzobispo ni Cabildo más rico y más poderoso. El Arzobispo tiene, según Núñez de Castro, trescientos mil ducados de renta: oy parece que tiene más. El Arcediano de Toledo oí decir, que tenia quarenta mil ducados y á esta proporción tienen las dignidades y canónigos, que el que menos tenrá dos mil ducados”(t. 1, p. 293).




EL MUSEO DEL PRADO EN LLAMAS (Mariano de Cavia)

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LA CATÁSTROFE DE ANOCHE

ESPAÑA ESTÁ DE LUTO

INCENDIO EN EL MUSEO DE PINTURAS

LAS PRIMERAS NOTICIAS


¡Noche, lóbrega noche!, podríamos decir con don Juan Nicasio Gallego,  si la ocasión no fuera harto inoportuna para andarnos con floreos retóricos y si la idea de la lobreguez pudiera asociarse a la de la espantosa hoguera que en estos momentos tiene estremecido y atribulado a todo Madrid.
 
A las dos de la madrugada, cuando ya no nos faltaba para cerrar la primera edición más que las noticias de última hora que suelen recogerse en las oficinas de Gobierno Civil, nos telefonean desde este centro oficial las siguientes palabras, siniestras y aterradoras:



-El Museo de Prado está ardiendo. ¡Ardiendo el Museo del Prado!...

En aquel mismo instante daban comienzo las campanas de las parroquias a sus tétricos toques. Nos echamos a la calle, y al llegar a la Puerta del Sol advertimos desusado movimiento de gentes. De los cafés, de los círculos, de los casinos, salían en revuelto tropel los trasnochadores, y el vocerío era tal, que apenas había ventana ni balcón donde no se asomarán los pacíficos vecinos, turbado el sueño por el estruendo de la calle.

-¡Qué desdicha! ¡Qué catástrofe! ¡Pobre España!... ¡Perdemos lo único que aquí tenemos presentable!...

Así hablaban las gentes, y corrían desoladas hacia el Prado, ávidas de ver para creer en tamaña desgracia, deseosos de que la realidad estuviese muy por debajo del temor. Por desgracia, los resplandores del incendio, iluminando intensamente los nubarrones apiñados sobre Madrid, parecían decir:

-¡Rechazar toda esperanza!

Un grito de angustia, seguido de violentas imprecaciones, de palabras de lástima y aún de blasfemias, se escapaba de todos los labios cuando los curiosos llegaban al Prado, y veían al monumental edificio trazado por don Ventura Rodríguez, coronado de llamas, lanzando columnas de humo hacia las nubes, y de cuando en cuando haces de chispas que semejaban luminosos residuos del espíritu de Velázquez, Murillo, Rafael, Rubens, Tiziano, Goya… No: No ardía sólo el ala de Poniente, ni el ala de Levante, ni el centro del edificio. Lo que ardía era el Museo todo, el Museo Entero, el Museo por los cuatro costados.

-Europa entera –oímos decir a un espectador- dirá mañana que España ha perdido uno de los pocos florones que quedaban en su corona. Esto es como una desmembración de la patria. Algunas personas lloraban… Otras se precipitaban hacia el edificio, siguiendo a los soldados que llegaban de los próximos carteles de los Docks. Por la puerta central salían algunos hombres arrastrando lienzos –tal vez los de menos valor, los menos interesantes- que habían logrado arrancar de los marcos, cortándolos con cuchillos y navajas. Las bombas funcionaban con dificultad que llamaríamos extraordinaria, si no fuese eso lo ordinario en semejante servicio. Ni ¿de qué podían servir unas cuantas mangas ante las proporciones del siniestro? Los chorros de agua que se lanzaban hacia el museo desde la explanada de los Jerónimos más parecían avivar la hoguera que extinguirla.

La premura del tiempo y lo angustioso de las circunstancias nos impide entrar ahora en pormenores acerca del Museo de Pinturas, ni en la descripción de sus espléndidas salas, ni en la reseña de sus riquísimos tesoros. Tiempo nos quedará para recordar a la patria lo que a estas horas está perdiendo, como lo pierden la Humanidad y el Arte, por culpa de la imprevisión oficial. Si la maldita y sempiterna imprevisión de nuestros gobiernos, ha sido el origen de esta grandísima catástrofe. Parece ser que el fuego se inició en uno de los desvanes del edificio, ocupados, como es sabido, a ciencia y paciencia de quien debiera evitarlo por un enjambre de empleados y dependientes de la casa. Allí se guisaba, allí se encendía fuego para toda clase de menesteres caseros, allí se olvidaba que una sola chispa podía bastar para la destrucción de riquezas incalculables… los suelos y la techumbre eran, por otra parte, inmejorables agentes para el elemento destructor, gracias a la endeblez y combustibilidad de sus tablones y cañizos, poco menos que desnudos. Un brasero mal apagado, un fogón mal extinguido, un caldo que hacer a media noche, una colilla indiscreta… ¡y adiós, Pasmo de Sicilia! ¡Adiós Sacra Familia del Pajarito! ¡Adiós testamento de Isabel la Católica! ¡Adiós Vírgenes y Cristos, Apolos y Venus, héroes y borrachos, reyes y bufones, diosas de Tiziano y anacoretas de Ribera, visiones de Fra Angélico y desahogos de Teniers!

Inmensa debiera ser la responsabilidad para los que no han querido cortar abusos a tiempo y conjurar peligros oportunamente: pero ¿qué es en España la responsabilidad? Una palabra hueca.

Ultima hora

Con lágrimas en los ojos, cerramos apresuradamente esta edición, reproduciendo la siguiente carta que nos envían desde el siniestro: “Amigo y director: Creo que, para ser ésta la primera vez que ejerzo como reportero, no lo hago del todo mal. Ahí va, en brevísimo extracto, la reseña de los tristes sucesos… que pueden ocurrir aquí el día menos pensado. Tuyo, Mariano de Cavia.”


 
 
Mariano de Cavia
El Liberal
25 noviembre 1891

FUNDACIÓN DE LOS MONASTERIOS DE PASTRANA - Libro de las fundaciones (Santa Teresa de Jesús)



Santa Teresa de Jesús (Ávila)
Imagen: Luighi



Capt. XVII

Que trata de la fundación de los monasterios de Pastrana, así de frailes como de monjas. Fue en el mismo año de 1570, digo 1569 (1).



1. Pues habiendo luego que se fundó la casa de Toledo, desde a quince días, víspera de Pascua del Espíritu Santo (2) de acomodar la iglesia y poner redes y cosas, que había habido harto que hacer (porque, como he dicho, casi un año estuvimos en esta casa), y cansada aquellos días de andar con oficiales, había acabádose todo. Aquella mañana, sentándonos en refectorio a comer, me dio tan gran consuelo de ver que ya no tenía qué hacer y que aquella Pascua podía gozarme con nuestro Señor algún rato, que casi no podía comer, según se sentía mi alma regalada. 

2. No merecí mucho este consuelo, porque, estando en esto, me vienen a decir que está allí un criado de la princesa de Eboli, mujer de Ruy Gómez de Silva. Yo fui allá, y era que enviaba por mí, porque había mucho que estaba tratado entre ella y mí de fundar un monasterio en Pastrana. Yo no pensé que fuera tan presto. A mí me dio (3) pena, porque tan recién fundado el monasterio y con contradicción, era mucho peligro dejarle, y así me determiné luego a no ir y se lo dije. El díjome que no se sufría, porque la princesa estaba ya allá y no iba a otra cosa, que era hacerle afrenta. Con todo eso, no me pasaba por pensamiento de ir, y así le dije que se fuese a comer y que yo escribiría a la princesa y se iría. El era hombre muy honrado y, aunque se le hacía de mal, como yo le dije las razones que había, pasaba por ello. 

3. Las monjas para estar en el monasterio acababan de venir. En ninguna manera veía cómo se poder dejar tan presto. Fuime delante del Santísimo Sacramento para pedir al Señor escribiese de suerte que no se enojase, porque nos estaba muy mal, a causa de comenzar entonces los frailes, y para todo era bueno tener a Ruy Gómez (4), que tanta cabida tenía con el Rey y con todos; aunque de esto no me acuerdo si se me acordaba, mas bien sé que no la quería disgustar. Estando en esto, fueme dicho de parte de nuestro Señor que no dejase de ir, que a más iba que a aquella fundación, y que llevase la Regla y Constituciones. 

4. Yo, como esto entendí, aunque veía grandes razones para no ir, no osé sino hacer lo que solía en semejantes cosas, que era regirme (5) por el consejo del confesor. Y así le envié a llamar, sin decirle lo que había entendido en la oración (porque con esto quedo más satisfecha siempre), sino suplicando al Señor les dé luz, conforme a lo que naturalmente pueden conocer; y Su Majestad, cuando quiere se haga una cosa, se lo pone en corazón. Esto me ha acaecido muchas veces. Así fue en esto, que, mirándolo todo, le pareció fuese, y con eso me determiné a ir. 

5. Salí de Toledo segundo día de Pascua de Espíritu Santo. Era el camino por Madrid, y fuímonos a posar mis compañeras y yo a un monasterio de franciscas con una señora que le hizo y estaba en él, llamada doña Leonor Mascareñas, aya que fue del rey, muy sierva de nuestro Señor, adonde yo había posado otras veces por algunas ocasiones que se había ofrecido pasar por allí, y siempre me hacía mucha merced (6). 

6. Esta señora me dijo que se holgaba viniese a tal tiempo, porque estaba allí un ermitaño que me deseaba mucho conocer, y que le parecía que la vida que hacían él y sus compañeros conformaba mucho con nuestra Regla. Yo, como tenía solos dos frailes, vínome el pensamiento, que si pudiese que éste lo fuese, que sería gran cosa; y así la supliqué procurase que nos hablásemos. El posaba en un aposento que esta señora le tenía dado, con otro hermano mancebo, llamado fray Juan de la Miseria, gran siervo de Dios y muy simple en las cosas del mundo (7). Pues comunicándonos entrambos, me vino a decir que quería ir a Roma. 

7. Antes que pase adelante, quiero decir lo que sé de este Padre, llamado Mariano de San Benito (8). Era de nación italiana, doctor y de muy gran ingenio y habilidad. Estando con la Reina de Polonia (9), que era el gobierno de toda su casa, nunca se habiendo inclinado a casar, sino tenía una encomienda de San Juan, llamóle nuestro Señor a dejarlo todo para mejor procurar su salvación. Después de haber pasado algunos trabajos, que le levantaron había sido en una muerte de un hombre, y le tuvieron dos años en la cárcel, adonde no quiso letrado, ni que nadie volviese por él, sino Dios y su justicia, habiendo testigos que decían que él los había llamado para que le matasen, casi como a los viejos de Santa Susana acaeció que, preguntado a cada uno adónde estaba entonces, el uno dijo que sentado sobre una cama; el otro, que a una ventana; en fin, vinieron a confesar cómo lo levantaban (10), y él me certificaba que le había costado hartos dineros librarlos para que no los castigasen, y que el mismo que le hacía la guerra, había venido a sus manos que hiciese cierta información contra él, y que por el mismo caso había puesto cuanto había podido por no le hacer daño. 

8. Estas y otras virtudes que es hombre limpio y casto, enemigo de tratar con mujeres debían de merecer con nuestro Señor que le diese conocimiento de lo que era el mundo, para procurar apartarse de él; (11) y así comenzó a pensar qué Orden tomaría; e intentando las unas y las otras, en todas debía hallar inconveniente para su condición, según me dijo. Supo que cerca de Sevilla estaban juntos unos ermitaños en un desierto, que llamaban el Tardón, teniendo un hombre muy santo por mayor, que llamaban el padre Mateo (12). Tenía cada uno su celda y aparte, sin decir oficio divino, sino un oratorio adonde se juntaban a misa. Ni tenían renta ni querían recibir limosna ni la recibían; sino de la labor de sus manos se mantenían, y cada uno comía por sí, harto pobremente. Parecióme, cuando lo oí, el retrato de nuestros santos Padres. En esta manera de vivir estuvo ocho años. Como vino el santo concilio de Trento, como mandaron reducir a las Ordenes los ermitaños (13), él quería ir a Roma a pedir licencia para que los dejasen estar así, y este intento tenía cuando yo le hablé. 

9. Pues como me dijo la manera de su vida, yo le mostré nuestra Regla primitiva y le dije que sin tanto trabajo podía guardar todo aquello, pues era lo mismo, en especial de vivir de la labor de sus manos, que era a lo que él mucho se inclinaba, diciéndome que estaba el mundo perdido de codicia y que esto hacía no tener en nada a los religiosos. Como yo estaba en lo mismo, en esto presto nos concertamos y aun en todo; que, dándole yo razones de lo mucho que podía servir a Dios en este hábito, me dijo que pensaría en ello aquella noche. Ya yo le vi casi determinado, y entendí que lo que yo había entendido en oración "que iba a más que al monasterio de las monjas", era aquélla. Diome grandísimo contento, pareciendo se había mucho de servir el Señor, si él entraba en la Orden. Su Majestad, que lo quería, le movió de manera aquella noche, que otro día me llamó ya muy determinado y aun espantado de verse mudado tan presto, en especial por una mujer, que aun ahora algunas veces me lo dice, como si fuera eso la causa, sino el Señor que puede mudar los corazones (14). 

10. Grandes son sus juicios, que habiendo andado tantos años sin saber a qué se determinar de estado (porque el que entonces tenía no lo era, que no hacían votos, ni cosa que los obligase, sino estarse allí retirados), y que tan presto le moviese Dios y le diese a entender lo mucho que le había de servir en este estado, y que Su Majestad le había menester para llevar adelante lo que estaba comenzado, que ha ayudado mucho y hasta ahora le cuesta hartos trabajos y costará más hasta que se asiente (según se puede entender de las contradicciones que ahora tiene esta primera Regla); (15) porque por su habilidad e ingenio y buena vida tiene cabida con muchas personas que nos favorecen y amparan. 

11. Pues díjome cómo Ruy Gómez en Pastrana, que es el mismo lugar adonde yo iba, le había dado una buena ermita y sitio para hacer allí asiento de ermitaños, y que él quería hacerla de esta Orden y tomar el hábito. Yo se lo agradecí y alabé mucho a nuestro Señor; porque de las dos licencias que me había enviado nuestro padre General Reverendísimo para dos monasterios, no estaba hecho más del uno (16). Y desde allí hice mensajero a los dos padres que quedan dichos, el que era Provincial y lo había sido (17), pidiéndole mucho me diesen licencia, porque no se podía hacer sin su consentimiento; y escribí al obispo de Avila, que era don Alvaro de Mendoza, que nos favorecía mucho, para que lo acabase con ellos. 

12. Fue Dios servido que lo tuvieron por bien. Les parecería que en lugar tan apartado les podía hacer poco perjuicio. Diome la palabra de ir allá en siendo venida la licencia. Con esto fui en extremo contenta. Hallé allá a la princesa y al príncipe Ruy Gómez, que me hicieron muy buen acogimiento. Diéronnos un aposento apartado, adonde estuvimos más de lo que yo pensé; porque la casa estaba tan chica, que la princesa la había mandado derrocar mucho de ella y tornar a hacer de nuevo, aunque no las paredes, mas hartas cosas. 

13. Estaría allí tres meses (18), adonde se pasaron hartos trabajos, por pedirme algunas cosas la princesa que no convenían a nuestra religión, y así me determiné a venir de allí sin fundar, antes que hacerlo. El príncipe Ruy Gómez, con su cordura, que lo era mucho y llegado a razón, hizo a su mujer que se allanase; y yo llevaba algunas cosas (19), porque tenía más deseo de que se hiciese el monasterio de los frailes que el de las monjas, por entender lo mucho que importaba, como después se ha visto. 

14. En este tiempo vino Mariano y su compañero, los ermitaños que quedan dichos (20), y traída la licencia, aquellos señores tuvieron por bien que se hiciese la ermita que le había dado para ermitaños de frailes Descalzos, enviando yo a llamar al padre fray Antonio de Jesús, que fue el primero, que estaba en Mancera, para que comenzase a fundar el monasterio. Yo les aderecé hábitos y capas, y hacía todo lo que podía para que ellos tomasen luego el hábito. 

15. En esta sazón había yo enviado por más monjas al monasterio de Medina del Campo, que no llevaba más de dos conmigo; (21) y estaba allí un padre, ya de días, que aunque no era muy viejo, no era mozo, muy buen predicador, llamado fray Baltasar de Jesús (22). Como supo que se hacía aquel monasterio, vínose con las monjas con intento de tornarse Descalzo; y así lo hizo cuando vino, que, como me lo dijo, yo alabé a Dios. El dio el hábito al padre Mariano y a su compañero, para legos entrambos, que tampoco el padre Mariano quiso ser de misa, sino entrar para ser el menor de todos, ni yo lo pude acabar con él. Después, por mandato de nuestro Reverendísimo Padre General, se ordenó de misa (23). Pues fundados entrambos monasterios y venido el padre fray Antonio de Jesús, comenzaron a entrar novicios tales cuales adelante se dirá de algunos, y a servir a nuestro Señor tan de veras, como si El es servido escribirá quien lo sepa mejor decir que yo, que en este caso, cierto quedo corta. 

16. En lo que toca a las monjas (24), estuvo el monasterio allí de ellas en mucha gracia de estos señores y con gran cuidado de la princesa en regalarlas y tratarlas bien, hasta que murió el príncipe Ruy Gómez, que el demonio, o por ventura porque el Señor lo permitió Su Majestad sabe por qué con la acelerada pasión de su muerte entró la princesa allí monja (25). Con la pena que tenía, no le podían caer en mucho gusto las cosas a que no estaba usada de encerramiento, y por el santo concilio la priora no podía dar las libertades que quería. 

17. Vínose a disgustar con ella y con todas de tal manera, que aun después que dejó el hábito, estando ya en su casa, le daban enojo, y las pobres monjas andaban con tanta inquietud, que yo procuré con cuantas vías pude, suplicándolo a los prelados, que quitasen de allí el monasterio, fundándose uno en Segovia, como adelante se dirá, adonde se pasaron, dejando cuanto les había dado la princesa (26), y llevando consigo algunas monjas que ella había mandado tomar sin ninguna cosa. Las camas y cosillas que las mismas monjas habían traído llevaron consigo, dejando bien lastimados a los del lugar. Yo con el mayor contento del mundo de verlas en quietud, porque estaba muy bien informada que ellas ninguna culpa habían tenido en el disgusto de la princesa; antes, lo que estuvo con hábito, la servían como antes que le tuviese. Sólo en lo que tengo dicho (27) fue la ocasión y la misma pena que esta señora tenía y una criada que llevó consigo, que, a lo que se entiende, tuvo toda la culpa. En fin, el Señor que lo permitió. Debía ver que no convenía allí aquel monasterio, que sus juicios son grandes y contra todos nuestros entendimientos. Yo, por solo el mío, no me atreviera, sino por el parecer de personas de letras y santidad.



Santa Teresa de Jesús
Del Libro de Las Fundaciones
de la web de
Biblioteca Católica Digital



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1 Había escrito: en el siguiente año de 1570: al percatarse de su error, retocó y corrigió el texto y la cifra.
2 Es decir: habiendo pasado 15 días después de la fundación de Toledo... - Téngase presente este pequeño cuadro de fechas: es el año 1569; el 8 de mayo el gobernador ecl. autoriza la fundación de Toledo; el 14 se lleva ésta a cabo; el 28 (unos "quince días después"), llega a Toledo el mensaje de la Princesa de Eboli; el 30 partida de Toledo a Pastrana; se entretiene entre ocho y diez días en Madrid. El 28 de junio funda el Carmelo de Pastrana. El 13 de julio se funda en Pastrana el convento de descalzos. El 21 ya está la Santa de regreso en Toledo.
3 A me dio: así en el autógrafo.
4 Escribiese de suerte que no se enojase: la Princesa. - Era bueno tener a R. Gómez: tenerlo favorable. - Los dos personajes que ahora entran en la escena teresiana son Ruy Gómez de Silva, noble portugués, valido de Felipe II, y su mujer Ana de Mondoza, más conocida por el título de Princesa de Eboli, fémina inquieta, veleidosa y avasalladora. Con ella tendrá que habérselas la buena M. Fundadora.
5 Regirm: lectura dudosa. La generalidad de los editores han trascrito "wguirme". - El confesor era el P. Vicente Barrón (cf. Vida c. 7, n. 17).
6 Era el monasterio de Descalzas Reales (cf. Vida c. 32, n. 10). Dª Leonor, también portuguesa, había sido aya de Felipe II; fundó el monasterio en 1564, con franciscanas procedentes de las Gordillas de Avila. La Santa había tenido varias ocasiones de alojarse en su palacio.
7 Juan de la Miseria, italiano y pintor discípulo de Sánchez Coello, autor del retrato de la Santa realizado en Sevilla por orden del P. Gracián (1576). Cf. P. GRACIAN, Scholias y Addiciones editadas por el P. CARMELO DE LA CRUZ en El Monte Carmelo 68 (1960) p. 154.
8 Mariana Azaro, luego Mariano de San Benito, es personaje importante en la historia de la Reforma teresiana: napolitano ardiente e impetuoso, recibió cartas terribles de la M. Fundadora, pero conservó siempre su afecto (cf. Epistolario).
9 Bolonia, escribió la Santa. El P. Mariano había sido intendente de palacio de Catalina de Austria, esposa de Segismundo II de Polonia. - Una encomienda de San Juan: era Caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén.
10 Le levantaron: en el sentido clásico de "levantar calumnia". Lo repite poco más abajo: cómo lo levantaban.
11 La palabra en cursiva, falta en el autógrafo, omitida por la Santa al pasar de página.
12 P. Mateo de la Fuente, entonces Mayor o Superior de los solitarios, y restaurador más tarde de los Basilios en España.
13 Como vino el s. Concoilio de T.: modo gráfico de indicar la introducción o aplicación de los decretos e Trento en España. - Reducir a las Ordenes los ermitaños: desautorización de la vida eremítica sin votos; probable alusión, no a los cánones de Trento, sino a la constitución de S. Pío V "Lubricum genus" del 17/11/1568, que concedía un año de plazo en la aplicación. Por eso al año siguiente los ermitaños del P. Mateo quieren "ir a Roma a pedir licencia para que los dejasen estar así", sin votos solemnes.
14 Bajo estas dos frases se esconde una delicada alusión o quizá una de las finas reticencias estiladas por la Santa: no faltaron entre aquellos insignes primitivos quienes se sonrojaron de seguir la Reforma de una mujer... Evidentemente, la Santa llegó a saberlo, y hasta se rió un poco de la demasiada hombría de estos hijos precoces...
15 Cuando escribía esto (¡1574-1576?), ya había comenzado la oposición a su obra reformadora.
16 El de Duruelo, trasladado ya a Mancera cuando la Santa escribía esto (cf. n. 14).
17 Era Provincial el P. Alonso González, y lo había sido el P. Angel de Salazar.
18 Dos meses escasos: partió de Toledo el 30 de mayo, y estaba de vuelta el 21 de julio.
19 Yo llevaba algunas cosas: las soportaba.
20 En los nn. 6 y sigs.
21 Hizo venir de Medina a Isabel de San Jerónimo y Ana de Jesús. De la Encarnación de Avila, a Jerónima de San Agustín.
22 El P. Baltasar de Jesús (Nieto), 1524-1589, fue el primer Superior de Pastrana y fue hombre de vida inquieta, azarosa, nada gloriosa; es significativo que la Santa, tan pródiga en el título de "muy siervos de Dios" para los personajes de su historia, a éste le presente como un fraile, ni viejo ni mozo, buen predicador; y que no quisiese que los nuevos descalzos ultimasen la fundación hasta que viniese el P. Antonio (13 de julio). 
23 En la cuaresma de 1574.
24 Quedo siempre corta, había escrito.
25 Murió Ruy Gómez el 29/7/1573. La viuda y enlutada Princesa (de unos 33 años) se hizo descalza inmediatamente. - No estaba usada (= acostumbrada) a encerramiento. - Y por el Santo Concilio, es decir, en atención a las leyes de clausura, urgidas por el Conc. de Trento (ses. 25, c. 5), la priora no podía transigir...
26 "La Santa, precavida siempre, antes de partir para Toledo, ordenó que todo lo que recibieren de los Príncipes... se fuese apuntando, con expresión del día, mes y año y firma de la Priora, providencia muy acertada, como presto se vio" (Silverio). - Como adelante se dirá: Cf. c. 21.
27 Lo que tengo dicho, en el c. 16 sobre la obligación de la clausura, insoportable para la princesa e inderogable por parte de la Priora. - La Princesa salió del convento en Enero de 1574; el éxodo de las monjas tuvo lugar del 6 al 7 de abril. - Para medir el alcance de este varonil gesto de la Santa, téngase en cuenta que el libro de la Vida quedaba en manos de la vengativa Princesa, que lo hizo servir de texto de comedia entre sus criadillas, y luego de tragedia en el tribunal de la Inquisición.

LA FLORIDA DEL YNCA (Inca Garcilaso de la Vega)

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-LA FLORIDA DEL INCA

HISTORIA DEL ADELANTADO HERNANDO DE SOTO, Gobernador y Capitán General del Reino de la Florida, y deotros heroicos caballeros españoles e indios, escrita por el IncaGarcilaso de la Vega, capitán de su Majestad, natural de la gran Ciudad del Cozco, cabeza de los reinos y provincias delPerú.





CAPÍTULO II  Descripción de la Florida y quién fue el primer descubridor de ella, y el segundo, y tercero





La descripción de la gran tierra Florida será cosa dificultosa poderla pintar tan cumplida como la quisiéramos dar pintada, porque como ella por todas partes sea tan ancha y larga, y no esté ganada ni aun descubierta del todo, no sesabe qué confines tenga. 

Lo más cierto, y lo que no se ignora, es que al mediodía tiene el mar océano y la gran isla de Cuba. Al septentrión (aunque quieren decir que Hernando de Soto entró mil leguas la tierra adentro, como adelante tocaremos), no se sabe dónde vaya a parar, si confine con la mar o con otras tierras.

Al levante, viene a descabezar con la tierra que llaman de los Bacallaos, aunque cierto cosmógrafo francés pone otra grandísima provincia en medio, que llama la Nueva Francia, por tener en ella siquiera el nombre.

Al poniente confina con las provincias de las Siete Ciudades, que llamaron así sus descubridores de aquellas tierras, los cuales, habiendo salido de México por orden del visorrey don Antonio de Mendoza, las descubrieron año de mil y quinientos y treinta y nueve, llevando por capitán a Francisco Vázquez Coronado, vecino de dicha ciudad. Por vecino se entiende en las Indias el que tiene repartimiento de indios, y esto significa el nombre vecino, porque estaban obligados a mantener vecindad donde tenían los indios y no podían venir a España sin licencia del Rey, so pena que, pasados los dos años que no tuviesen mantenido vecindad, perdían el repartimiento.

Francisco Vázquez Coronado, habiendo descubierto mucha y muy buena tierra, no pudo poblar por grandes inconvenientes que tuvo. Volviose a México, de que el visorrey hubo gran pesar, porque la mucha y muy buena provisión de gente y caballos que para la conquista había juntado se hubiese perdido sin fruto alguno. Confina asimismo la Florida al poniente con la provincia de los chichimecas, gente valentísima, que cae a los términos de las tierras de México.

El primer español que descubrió la Florida fue Juan Ponce de León, caballero natural del reino de León, hombre noble, el cual, habiendo sido gobernador de la isla de San Juan de Puerto Rico, como entonces no entendiesen los españoles sino en descubrir nuevas tierras, armó dos carabelas y fue en demanda de una isla que llamaban Bimini y según otros Buyoca, donde los indios fabulosamente decían había una fuente que remozaba a los viejos, en demanda de la cual anduvo muchos días perdido, sin la hallar. Al cabo de ellos, con tormenta, dio en la costa al septentrión de la isla de Cuba, la cual costa, por ser día de Pascua de Resurrección cuando la vio, la llamó la Florida, y fue el año de mil y quinientos y trece, que según los computistas se celebró aquel año a losveinte y siete de marzo.

Contentose Juan Ponce de León sólo con ver que era tierra, y, sin hacer diligencia para ver si era tierra firme o isla, vino a España a pedir la gobernación y conquista de aquella tierra. Los Reyes Católicos le hicieron merced de ella, donde fue con tres navíos el año de quince.  Otros dicen que fue el de veinte y uno. Yo sigo a Francisco López de Gómara; que sea el un año o el otro, importa poco. Y habiendo pasado algunas desgracias en la navegación, tomó tierra en la Florida. Los indios salieron a recibirle, y pelearon con él valerosamente hasta que le desbarataron y mataron casi todos los españoles que con él habían ido, que no escaparon más de siete, y entre ellos Juan Ponce de León; y heridos sefueron a la isla de Cuba donde todos murieron de las heridas que llevaban. Este fin desdichado tuvo la jornada de la Florida, y parece que dejó su desdicha en herencia a los que después acá le han sucedido en la misma demanda.

Pocos años después, andando rescatando con los indios, un piloto llamado Miruelo, señor de una carabela, dio con tormenta en la costa de la Florida, o en otra tierra, que no se sabe a qué parte, donde los indios le recibieron de paz, y en su contratación, llamado rescate, le dieron algunas cosillas de plata y oro en poca cantidad, con las cuales volvió muy contento a la isla de Santo Domingo, sin haber hecho el oficio de buen piloto en demarcar la tierra y tomar el altura, como le fuera bien haberlo hecho, para no verse en lo que después se vio por esta negligencia.

En este mismo tiempo hicieron compañía siete hombres ricos de Santo Domingo, entre los cuales fue uno, Lucas Vázquez de Ayllón, oidor de aquella audiencia, y juez de apelaciones que había sido en la misma isla, antes que la audiencia se fundara. Y armaron dos navíos que enviaron por entre aquellas islas a buscar y traer los indios que, como quiera que les fuese posible, pudiesen haber, para los echar a labrar las minas de oro que de compañía tenían. Los navíos fueron a su buena empresa, y con mal temporal dieron acaso en el cabo que llamaron de S. Elena, por ser en su día, y en el río llamado Jordán, a contemplación de que el marinero que primero lo vio se llamaba así. Los españoles saltaron en tierra, los indios vinieron con gran espanto a ver los navíos por cosa extraña nunca jamás de ellos vista, y se admiraron de ver gente barbuda y que anduviese vestida. Mas con todo esto, se trataron unos a otros amigablemente y se presentaron cosas de las que tenían. Los indios dieron algunos aforros de martas finas, de suyo muy olorosas, y aljófar y plata en poca cantidad. Los españoles asimismo les dieron cosas de su rescate. Lo cual pasado, y habiendo tomado los navíos el matalotaje que hubieron menester y la leña yagua necesarias, con grandes caricias convidaron los españoles a los indios a que entrasen a ver los navíos y lo que en ellos llevaban, a lo cual, fiados en la amistad y buen tratamiento que se habían hecho, y por ver cosas para ellos tan nuevas, entraron más de ciento y treinta indios. Los españoles, cuando los vieron debajo de las cubiertas, viendo la buena presa que habían hecho, alzaron las anclas y se hicieron a la vela en demanda de Santo Domingo. Mas en el camino se perdió un navío de los dos, y los indios que quedaron en el otro, aunque llegaron a Santo Domingo, se dejaron morir todos de tristeza y hambre, que no quisieron comer de coraje del engaño que debajo de amistad se les había hecho.


Inca Garcilaso de la Vega
La Florida del Inca, 1605




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Reproducción digital de la edición
de En Lisbona [sic]),
impresso por Pedro Crasbeeck, 1605,
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