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INDICIOS, EN LA ÉPOCA DE COLÓN, DE QUE LA TIERRA ERA REDONDA (HISTORIA GENERAL DE LA INDIAS)




Capt. II. De las razones que movieron al Almirante, don Cristóbal Colón, para persuadirse que había nuevas tierras.

Teniendo, pues, el Almirante muchos fundamentos naturales, autoridades de escritores e indicios de navegantes, y viendo que es natural razón que toda el Agua y la Tierra del Mundo forman la Esfera , y que puede ser redonda de Oriente a Occidente, caminando los hombres por ella, halla venir los pies de los unos, contra los pies de los otros, en cualquiera parte que se hallen en contrario; y proponiéndose, que gran parte de esta Esfera estaba navegada, y que ya no quedaba por descubrir sino el espacio que había de las partes mas Orientales de la India (de que Ptolomeo tuvo noticia) hasta que siguiendo el camino de Oriente, se volviese por nuestro Occidente a las Islas de las Azores, y de Cabo Verde, que era la Tierra mas Occidental que entonces se hallaba descubierta, y que este espacio que había entre el fin Oriental y las Islas de Cabo Verde no podía ser mas de la tercera parte del Circulo mayor de la Esfera, pues que ya se había llegado a Oriente por cinco horas de Sol. Hizo cuenta, que si habiendo Marín escrito en su Cosmografía, lo que toca a quince horas , o parte de la Esfera, hacia la parte Oriental, aun no había llegado al fin de la Tierra de el Oriente y por lo cual convenía, que este fin estuviese mas adelante. Y, consecutivamente, cuanto mas se extendiese hacia el Oriente, tanto más viniese a acercase a las Islas de Cabo Verde por nuestro Occidente; y que si tal espacio fuese mayor , fácilmente se había de navegar en pocos días; y si fuese Tierra, antes fe vendría a descubrir por el mismo Occidente, porque vendía a estar más cerca de las dichas Islas; y esta opinión le confirmó Martín de Bohemia, portugués, su amigo, Natural de la Isla del Faial, gran Cosmógrafo. 
Por muchas maneras daba Dios causas a D. Cristóbal Colón, para emprender tan gran hazaña. Y demás de las razones, que se han referido, que le movieron, tuvo experiencias muy probables; porque hablando con hombres, que navegaban los Mares de Occidente, especialmente a las Islas de las Azores, le afirmó Martín Vicente, que hallándole una vez cuatrocientas y cincuenta leguas al Poniente del Cabo de San Vicente y tomo un pedaco de madero labrado por artificio, y a lo que se juzgaba no con hierro. De lo cual, y por haber ventado muchos días ponientes imaginaba que aquel palo provenía de alguna isla (...)


Antonio Herrera y Tordesillas
Décadas I, Libro I, Capt. II
(Historia general de los hechos 
de los castellanos en las islas
y tierra firme del mar Oceano,1726)




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completa, en distintos formatos
en Librerías Americanas,


GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS



TEXTOS ESCOGIDOS:

Inconvenientes de viajar en coche
El delincuente honrado

De El Informe sobre la Ley Agraria:
Las manos muertas (amortización) causa de la decadencia
Liberalismo y propiedad privada
La mano invisible
La Mesta (contra sus privilegios: lana por pobreza)
Libre competencia y monopolio
La intervención del Estado en los precios de las rentas
La inoperancia e injusticia de los impuestos sobre el consumo
La agricultura, primera base de la industria, el comercio y la navegación
El trigo el más feliz de los descubrimientos (el conde de Buffon)
Las cadenas que oprimen nuestra agricultura
Loa del interés privado y de la propiedad privada



ESTUDIOS Y ENLACES:

El "Informe" de Jovellanos y las "Cartas" del marqués de Cabarrús (Lecturas hispánicas)
Para leer el "Informe de la Ley Agraria de Jovellanos" (Vicent Llombart y Joaquín Ocampo)
Foro Jovellanos (Fundación Príncipado de Asturias)
El conde de Cabarrús
Campomanes: manos muertas y amortización (Justo García Sánchez)
Portal Jovellanos en Biblioteca Virtual Cervantes
Biblioteca Virtual del Principado de Asturias
Wikipedia
Wikisource


El Informe de Jovellanos y las Cartas de Cabarrús



GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS. Literato, economista y político español, máximo representante del pensamiento de la Ilustración española. Nació el 5 de enero de 1744 en Gijón (Asturias). Estudió filosofía en la Universidad de Oviedo y derecho civil y canónico en las de Ávila y Alcalá, donde entró en contacto con el espíritu de la Ilustración. Destinado para la ordenación sacerdotal (a los 13 años de edad recibió la tonsura) cambió su vocación por la de jurista: en 1767 fue nombrado por Carlos III alcalde del crimen de la Audiencia de Sevilla, y en 1774 ascendió a la plaza de oidor. El contacto con el espíritu enciclopedista del intendente Pablo de Olavide le adscribió definitivamente al reformismo ilustrado, como ya se observaba en sus primeros informes. En 1778 se trasladó a Madrid con el nombramiento de alcalde de casa y corte, y dos años después fue designado miembro del Consejo de Órdenes Militares. Protegido por Pedro Rodríguez de Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla, ingresó en la Junta de Comercio y Moneda y en la Real Sociedad Económica, para las que realizó sus trabajos más conocidos: el Informe sobre el fomento de la marina mercante (1784), el Informe sobre el libre ejercicio de las artes (1785), y el más celebrado, Informe en el expediente de Ley Agraria (1795). La muerte de Carlos III y el temor a la extensión de las ideas de la Revolución Francesa crearon en España un ambiente hostil, y en 1790 Jovellanos fue enviado a Asturias en un destierro encubierto. Rehabilitado en 1797 por Manuel Godoy para el cargo de ministro de Gracia y Justicia, volvió a ser desterrado en 1801 al castillo de Bellver (Mallorca). Liberado en vísperas del alzamiento contra las tropas napoleónicas del 2 de mayo de 1808, ocupó un cargo destacado en la Junta Central. Huyendo de la ocupación francesa, murió el 27 de noviembre de 1811 en el puerto de Vega (Asturias). epdp





EL DELINCUENTE HONRADO (Jovellanos)





La comedia lacrimosa se nutre de la epistemología sensista sentimental inglesa y francesa (Locke, Shaftesbury, Condillac), del pensamiento humanitario de la Ilustración (Montesquieu, Beccaria, Rousseau) y de la pintura social lacrimosa de la escuela de Greuze. Con una acción que entre lágrimas lleva al borde de la muerte, s e instruye al público sobre los beneficios sociales de las profesiones y el amor de la familia. «Si las lágrimas son efecto de la sensibilidad del corazón, ¡desdichado de aquel que no es capaz de derramarlas!» (acto I, escena III). Ningún autor inglés ni francés del nuevo género lo logra mejor que Jovellanos. La comedia sentimental es una forma tragicómica evolucionada dentro de la escuela neoclásica; pero al mismo tiempo toda la literatura va evolucionando hacia el romanticismo y el realismo. Es así realista el medio de El delincuente honrado (1773), y el manejo del carácter y de la situación se descubren como brillantes anticipos de Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), del duque de Rivas (reseña de la edición de la edición de Cátedra - Letras hispánicas)





Escena II


JUSTO, SIMÓN.

JUSTO.- (Paseándose.) Mucho me agradan, señor don Simón, el juicio y los talentos de este mozo. La señora Laura será muy dichosa en su compañía.

SIMÓN.- ¡Oh! Ella está loca de contento. Es verdad que salió de un marido tan malo... El marqués era un calaverón de cuatro suelas. ¡Qué malos ratos dio a la muchacha, y qué pesadumbres a mí! A los ocho días de casado ya no hacía caso de ella, y a los dos meses no tenía de la dote ni dos cuartos. Ahí nos engañaron con que sus parientes eran grandes señores en la corte, y nos hicieron creer... ¡Eh!, palabrones de cortesanos, que se llevó el viento. ¡Oh! Torcuato, Torcuato es otra cosa. ¡Qué mujer era su tía! Yo la conocí mucho en Salamanca. A su muerte le dejó una corta herencia, porque siempre le quiso como si fuera su hijo; y aun hubo malas lenguas... Pero era muy virtuosa; Dios la tenga en descanso. En fin, las locuras del marqués me dejaron harto de señoritos; con que, por no tropezar con otro, viendo que Laura quedaba viuda y niña, y que Torcuato la tenía inclinación, se la ofrecí, sin esperar que él la pidiese, y hoy viven ambos dichosos y contentos.

JUSTO.- ¿Y no pensáis en darle algún destino?

SIMÓN.- ¿Destino? No, señor; soy ya muy viejo; mañana o esotro me moriré, les dejaré cuanto tengo y con ello podrán vivir sin quebraderos de cabeza. ¿Destino? ¡Buena es esa! Los hombres de empleo no sosiegan un instante. ¡Yo no sé cómo pretenden los que tienen con qué pasar! Y luego, ¡se premia tan mal...!

JUSTO.- Señor don Simón, para el hombre honrado la satisfacción de servir bien es el mejor premio.

SIMÓN.- ¿Y os parece que la alcanzan los que sirven mejor? No, por cierto. Hasta el crédito y la buena fama se reparte sin ton ni son. ¡Ah, señor!, vos no conocéis todavía el mundo. Antiguamente era otra cosa; pero hoy se juzga sólo por apariencias. Todo consiste en un poco de maña y de ingeniatura. Los hombres honrados por lo común son modestos; pero los pícaros sudan y se afanan por parecer honrados, con que pasa por bueno, no el que lo es en realidad, sino el que mejor sabe fingirlo.

JUSTO.- En todo caso el hombre de bien, después de haber cumplido con sus deberes, vivirá contento y la injusticia de los que le juzguen no podrá quitarle su tranquilidad, que es el más dulce fruto de las buenas acciones.



Gaspar Mechor de Jovellanos
El delincuente honrado, 1773




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FRANCISCO CABARRÚS, CONDE DE CABARRÚS




El conde de Cabarrús
(Goya, 1788. Banco de España)
TEXTOS ESCOGIDOS DE LAS "CARTAS" DE CABARRÚS:
Luces, imprenta y libertad de expresión
Para evitar la corrupción: separación de poderes
Mancebías y prostitución
¡Qué cruel este Madrid: manda, cobra, disfruta...
Hemorragia legislativa en la Ilustración
La libertad de expresión y sus límites
¡Qué injustas y crueles son las leyes con nosotras! Madres solteras en el s. XIX
La educación, seglar, según Cabarrús
La enseñanza, seglar: exclúyase de esta importante función todo cuerpo y todo instituto religioso
ESTUDIOS Y ENLACES:
El Informe de Jovellanos y las Cartas de Cabarrús (Lecturas hispánicas)
Cabarrús: el éxito de un inmigrante (Lucía Nuin Pérez)
Las propuestas de Cabarrús en materia de salud (Gerard Jori)
Las "Cartas" de Cabarrús (1808) y la tradición reglamentista europea en materia de prostitución (Juan Jiménez Salcedo)
Las "Cartas" de Cabarrús (Felipe Giménez Pérez)
Wikipedia





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Francisco Cabarrús Lalanne (Bayona, 1752 - Sevilla, 27 de abril de 1810) fue un financiero de origen francés y naturalizado español.



Hijo de Domingo Cabarrús Fourcade, propietario de una casa de comercio en la ciudad francesa de Bayona, cuando tenía 18 años su padre lo envió a España (primero al país vasco español, luego a Zaragoza y finalmente a Valencia) para que completase su formación como negociante. En Valencia se asentó en casa de un comerciante francés y se casó con la hija de su anfitrión, Antonia Galabert Casanova; al no realizar el trámite de pedir permiso para ese acto civil en Francia, quedó obligado a desarrollar su carrera en España, y el matrimonio se estableció en Carabanchel Alto (Madrid). De este matrimonio nació Teresa Cabarrús.
El Informe sobre la Ley Agraria de Jovellanos
y las Cartas de Cabarrús

Sus cualidades para las finanzas y su visión ilustrada de la sociedad le granjearon la amistad de Gaspar Melchor de Jovellanos y de los condes de Campomanes, Floridablanca y Aranda. A Cabarrús se debió la idea de emitir vales reales para hacer frente a los cuantiosos gastos de la guerra con el Reino Unido (1779 - 1783) por el asunto de la Independencia de los Estados Unidos, para lo cual se asoció con el banquero vascofrancés afincado en España Jean Drouilhet, con Muzquiz y con otros financieros europeos y, en 1782 ideó el proyecto de creación del Banco de San Carlos, primer banco nacional español, que emitió el primer papel monedaimpreso en el reino, los llamados vales reales. En 1789 Carlos IV le otorgó el título de conde de Cabarrús.

Creó asimismo la Compañía de Comercio de Filipinas e inició el Canal de Cabarrús, hoy en día Canal de Isabel II. Se interesó también en varios proyectos para la apertura de canales de navegación, que nunca se completaron. Uno de ellos fue el Canal de Guadarrama, con la pretensión de abrir una vía navegable desde Madrid hasta el Atlántico, vía la conexión con el Guadalquivir. Igualmente se interesó por hacer navegable el río Llobregat en Barcelona y así dar impulso a la zona, siguiendo los buenos resultados obtenidos en Francia con el canal del Midi y el canal del Languedoc.

Su carrera se vio alterada por la enemistad con importantes personajes políticos. Cuestionado por sus ideas y por un supuesto fraude, fue encarcelado en 1790. Dos años más tarde, cuando recobró la libertad, volvió a ocupar altos cargos durante los reinados de Carlos IV y José I Bonaparte.Desde agosto de 1808 ejerció como Superintendente General de la Real Hacienda. En 1809 José Bonaparte lo nombró Caballero Gran Banda de la Orden Real de España, máximo rango de la máxima condecoración que podía lucir un afrancesado.

Murió en Sevilla en 1810 siendo ministro de Finanzas con José I Bonaparte. Fue enterrado en la Capilla de la Concepción de la catedral de Sevilla, en panteón próximo al del Conde de Floridablanca. En 1814, acabada la Guerra de la Independencia, su cadáver fue exhumado y precipitados sus huesos en la fosa común del Patio de los Naranjos, donde se enterraba a los reos de pena capital. Según otras versiones, sus huesos fueron arrojados al Guadalquivir. (Wikipedia)




LAS PROPUESTAS DE CABARRÚS EN MATERIA DE SALUD (Gerard Jori)

El conde de Cabarrús, financiero de origen francés naturalizado español, es normalmente recordado por su idea de emitir valores reales para hacer frente a los gastos de la guerra contra Inglaterra y, sobre todo, por haber planteado el proyecto de creación del Banco de San Carlos, primer banco nacional que existió en España. Hacia 1793 y 1794, durante el periodo de prisión de cinco años al que estuvo sometido, Cabarrús redactó el grueso de unas Cartas sobre los obstáculos que la naturaleza, la opiníon (sic) y las leyes oponen a la felicidad pública, que no serían publicadas hasta 1808. Aunque esta obra de estilo epistolar constituya un extenso comentario a uno de los primeros borradores del Informe de la Ley Agraria de Jovellanos, en ella aparece perfectamente reflejado el pensamiento político, económico y social del financiero ilustrado, quien además anticipó, de forma casi visionaria, algunas situaciones que el futuro había de confirmar, tales como la existencia de un sistema monetario universal. En este apartado aludiremos brevemente a las consideraciones introducidas por el autor en relación a la asistencia social y el resguardo de la salud colectiva.
En la Carta I del libro, Cabarrús manifestó una honda preocupación por el gran número de pobres que había en España, sugiriendo como solución al problema un plan de centralización y racionalización de la acción asistencial. En esencia, el autor propuso que se empleara a los pobres hábiles en la construcción de las infraestructuras que el país necesitaba, tales como caminos, canales y puertos. La base de dicho plan consistía en la creación de un “fondo de socorros” que canalizase a través del Estado todos los recursos dedicados a la beneficencia, y mediante el cual se sufragasen los gastos de construcción de las obras públicas. Además, el financiero ilustrado sugirió que se creara en cada localidad una junta de caridad compuesta por el alcalde, el cura y un mínimo de tres vecinos para atender a las necesidades asistenciales de la población incapacitada para el trabajo.
Seguidamente, Cabarrús formuló una serie de propuestas para mejorar la situación de los expósitos, enfermos y desempleados forzosos. En cuanto a los primeros, el autor censuró la secular costumbre de estigmatizar a las madres que alumbraban hijos ilegítimos, pues, según él, ello alentaba el abandono de los mismos, y propuso que los niños desamparados fueran dados en adopción en vez de ser recogidos en instituciones asistenciales. Por lo que respecta a los enfermos, Cabarrús criticó abiertamente la situación de los hospitales españoles, donde, en su opinión, “lejos de distraer al enfermo, concurren como a porfía todos los objetos capaces de atormentar su imaginación”. Consecuentemente, se mostró partidario de que la asistencia médica fuera proporcionada en los domicilios particulares de los enfermos por facultativos municipales. “Arreglado así –añadió el financiero–, quedarían sólo para los hospitales, o aquellos hombres destituidos de toda conexión y parentesco, o aquellas enfermedades contagiosas, o aquéllas que piden operaciones extraordinarias”. Del mismo modo, el ilustrado desaprobó el recogimiento de las mujeres y niñas impedidas, sugiriendo como alternativa que este colectivo se dedicara a hilar tejidos de lana, cáñamo, lino y algodón en sus respectivas casas, para lo cual habría que proporcionarles las materias primeras necesarias.
En la quinta de las Cartas redactadas por Cabarrús, titulada “Sobre la sanidad pública”, el ilustrado formuló diferentes medidas para reducir la incidencia de algunas de las afecciones más mortíferas de la época. El autor dedicó una gran atención a la viruela, que recomendó combatir mediante el internamiento en lazaretos de los infectados por la temida enfermedad, de forma idéntica a como se hacía con la peste. Cabarrús detalló algunas de las características que habrían de tener los establecimientos cuarentenarios, cuya edificación se sufragaría con el fondo de socorros que había ideado. Además, señaló que, de llevarse a cabo su propuesta, se resolvería rápidamente la polémica en torno a la inoculación de la viruela, pues “se quitaría a sus adversarios el solo argumento razonable con que la contradicen, mirándola como un nuevo medio de propagar tan terrible enfermedad de nuestras poblaciones”.
Otro de los temas sanitarios abordados por Cabarrús es el de la prevención de la sífilis. Como era habitual en la época, el ilustrado relacionó la difusión de esta enfermedad con “el asqueroso libertinaje y la infame prostitución”. No obstante, al profundizar en las causas que explicaban la perversión de las buenas costumbres, el autor convirtió su escrito en un auténtico alegato en favor del divorcio, pues desde su punto de vista la secularización del matrimonio y la posibilidad de disolver esta unión contribuirían a reducir el número de adulterios, la demanda de prostitutas y, por ende, la propagación de las enfermedades venéreas. Cabarrús también sugirió un sistema de control del trabajo sexual con el fin de frenar el avance del mal gálico. Su propuesta radicaba en la apertura de mancebías en las principales poblaciones de España, donde las prostitutas podrían ejercer su actividad bajo determinadas condiciones: el burdel debería quedar bajo la autoridad de un regidor municipal y ser custodiado por un piquete de tropa; las mujeres adscritas a cada mancebía tendrían que ser visitadas diariamente por un médico y portar un distintivo durante sus salidas fuera del establecimiento; cualquier denuncia de contagio debería ser admitida a trámite sin comprobar su veracidad; las prostitutas enfermas serían obligadas a guardar cuarentena en un lazareto, y al tercer contagio serían deportadas a las colonias; etc.
Cabarrús también se ocupó de la prevención de las tercianas. Desde su punto de vista, era evidente que la aparición de esta enfermedad estaba relacionada con la presencia de aguas estancadas. Sin embargo, la constatación de que la dolencia también afectaba a los lugares secos le llevó a vincular su incidencia con la persistencia de determinadas situaciones de pobreza y marginalidad: “estas observaciones me harían discurrir que los malos alimentos, el rocío de las noches para el pobre que prefiere la inclemencia al ambiente abrasador de su reducida y mal abrigada choza, en fin, la falta de ropa para mudar la que se halla demasiado humedecida, todo esto contribuye a las tercianas; y si así fuese, el origen de éstas sería la miseria, y las providencias que disminuyesen ésta, disminuirían también aquella epidemia”. De ahí que el autor sugiriera un sistema de lucha contra las tercianas basado en la ayuda económica a los más necesitados a través de cajas de socorros públicos.
El ilustrado de origen francés abordó someramente otros temas relacionados con el quehacer sanitario. Por ejemplo, criticó la excesiva burocratización del máximo órgano político-administrativo de la sanidad española, la Junta Suprema de Sanidad, a la que además reprochó que “sólo se aviva cuando oye hablar de peste”. Por el contrario, abogó por organizar una política sanitaria centralizada y de conjunto dedicada a combatir de forma permanente las enfermedades de mayor incidencia social, proponiendo para ello que un cuerpo de facultativos fuera revestido de la autoridad necesaria para ocuparse adecuadamente del resguardo de la salud pública.

Gerard Jori
La política de salud en 
el pensamiento ilustrado español.
Principales aportaciones teóricas.
Revista electrónica de Geografía y Ciencias Sociales
Barcelona, 2012


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y debidamente anotado






LAS "CARTAS" DE CABARRÚS (1808) Y LA TRADICIÓN REGLAMENTISTA EUROPEA EN MATERIA DE PROSTITUCIÓN (Juan Jiménez Salcedo)

En lo que respecta al vínculo entre la prostitución y la ley, éste no era nuevo en el siglo XVIII. Desde la Edad Media hasta el endurecimiento de la ley bajo Luis XIV, la prostitución en Europa conoció periodos de represión salpicados de momentos d tolerancia más o menos largos durante los cuales ciertos ayuntamientos favorecieron la prostitución como único medio de mantener el orden social establecido (Harsin 1985: 66). Es el caso de la prostitución en la ciudad de Florencia durante el siglo XV: en 1403 el gobierno de la ciudad establecía un "Oficio de la Honestidad" que tenía como deber el vigilar la moralidad de los ciudadanos de la ciudad, y sobre todo de alejarlos de las prácticas de sodomía que se habían expandido por la misma. Para ello, el Oficio instituyó una especie de burdel público en el que trabajaban numerosas meretrices extranjeras. Florencia favorecía de esa manera la prostitución en beneficio de la erradicación de la homosexualidad masculina y de un aumento de la tasa de natalidad (Trexler 1981: 984).

Juan Jiménez Salcedo
Las "Cartas" de Cabarrús (1808) y la
tradición reglamentista eurpea en
materia de prostitución.
Anales de Filología Francesa, n.º 16, 2008


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PARA LEER EL "INFORME DE LEY AGRARIA" DE JOVELLANOS (Vicent Llombart y Joaquín Ocampo)



Cinco años antes de concluir el siglo XVIII, a punto de extinguirse el Siglo de las Luces y de las Tinieblas, la imprenta madrileña de Antonio de Sancha publicó la edición príncipe del Informe de Ley Agraria de Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón 1744 - Puerto de Vega 1811) a instancias de la Sociedad Económica Matritense de Amigos  del País. Presentaremos ahora y trataremos de glosar una obra que sin duda merece ser leída hoy en día, a pesar del tiempo transcurrido desde su aparición en 1795. En efecto, la lectura pausada del texto puede constituir una experiencia placentera y fructífera por el análisis económico contenido, por su claridad sistemática, por el brillante estilo literario y por la relevancia en la historia española. Es el escrito que ha proporcionado mayor reconocimiento a Jovellanos y constituye además una obra sobresaliente en el pensamiento económico y político español.
Sin duda, no han faltado lecturas publicadas en los más de doscientos años recorridos desde su publicación inicial. Lecturas numerosas y diversas, meritorias y penetrantes, unas, y livianas o redundantes, otras, que han ido formando en su conjunto una amplia serie de interpretaciones, a veces contrapuestas, y que han evolucionado a lo largo del tiempo. Es como si, tras el fallecimiento del autor en 1811, la obra –acompañando a su autor– hubiera trascendido a su propia época, y al resurgir en manos de lectores e intérpretes sucesivos fuera acomodada a las pasiones, intereses y conocimientos de las distintas épocas. La frecuencia de tales usos en la historia de las ideas impide alarmarnos en demasía y quizá sea un estímulo adicional para realizar en la actualidad una nueva lectura ecuánime que pretendemos propiciar con este ensayo de síntesis.
Hablar de la cuestión agraria en el siglo XVIII significa hacer referencia al conjunto de la economía y de la sociedad. El peso de la agricultura en la producción, en la ocupación, en la industria y el comercio era muy elevado, y lo era también en la mentalidad y en los movimientos sociales de protesta. Si la agricultura estornudaba, la economía se constipaba y la sociedad enfermaba. La cuestión agraria incluye no sólo un aspecto descriptivo de la situación, de las crisis y de la evolución del principal sector económico, sino también un aspecto prescriptivo, como respuesta a los problemas señalados o denunciados, y que se plasma en la proposición de medidas a tomar de reforma agraria. Esa cuestión agraria, en el mejor de los casos, podría evolucionar hacia un desenlace positivo para el propio sector y para el resto de la economía si se lograban neutralizar los diversos obstáculos al desarrollo agrario y las trabas al bienestar social. En esa línea se inserta el Informe de Jovellanos, un dictamen descriptivo y prescriptivo sobre la cuestión agraria en España en la época de la Ilustración.


Vicent Llombart
Joaquín Ocampo Suárez-Valdés
Para leer el Informe de Ley Agraria de Jovellanos
Revista Asturiana de Economía. RAE núm. 45, 2012



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CAMINAR EN COCHE ES CIERTAMENTE UNA COSA MUY REGALADA... (Jovellanos)


Caminar en coche es ciertamente una cosa muy regalada, pero no muy a propósito para conocer un país. Además de que la celeridad de las marchas ofrece los objetos a la vista en una sucesión demasiado rápida para poderlos examinar, el horizonte que se descubre es muy ceñido, muy indeterminado, variado de momento en momento, nunca bien expuesto a la observación analítica. Por otra parte, la conversación de cuatro personas embanastadas en un forlón, y jamás bien unidas en la idea de observar, ni en el modo y objetos de la observación; el ruido fastidioso de las campanillas y el continuo clamoreo de mayorales y zagales, con banderola, su capitana y su tordilla, son otras tantas distracciones que disipan el ánimo y no le permiten aplicar su atención a los objetos que se le presentan. Agregue a esto la naturaleza del país que acabamos de atravesar, compuesto de inmensas llanuras, de horizontes interminables, sin montes ni colinas, sin pueblos ni alquerías, sin árboles ni matas, sin un objeto siquiera que señale y divida sus espacios, y fije los aledaños de la observación, y verá que es incapaz de ser observador de carrera, y que se resiste sin arbitrio al estudio y meditación del caminante. 



Gaspar Melchor de Jovellanos
Cartas, Inconvenientes de viajar en coche (1799)


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LA PROPIEDAD DE LA TIERRA EN MANOS MUERTAS ("AMORTIZACIÓN"), CAUSA DE LA DECADENCIA DE CASTILLA (Denuncia de Jovellanos ante el Rey)


No son éstas, Señor, exageraciones del celo; son ciertas aunque tristes inducciones, que Vuestra Alteza conocerá con solo tender la vista por el estado de nuestras provincias. ¿Cuál es aquella en que la mayor y mejor porción de la propiedad territorial no está amortizada? ¿Cuál aquella en que el precio de las tierras no sea tan enorme que su rendimiento apenas llega al uno y medio por ciento? ¿Cuál aquella en que no hayan subido escandalosamente las rentas? ¿Cuál aquella en que las heredades no estén abiertas, sin población, sin árboles, sin riegos ni mejoras? ¿Cuál aquella en que la agricultura no esté abandonada a pobres é ignorantes colonos? ¿Cuál, en fin, aquella en que el dinero, huyendo de los campos, no busque su empleo en otras profesiones y granjerías? 

Ciertamente que se pueden citar algunas provincias en que la feracidad del suelo, la bondad del clima, la proporción del riego o la laboriosidad de sus moradores hayan sostenido el cultivo contra tan funesto y poderoso influjo; pero estas mismas provincias presentarán a Vuestra Alteza la prueba más concluyente de los tristes efectos de la amortización. Tomemos , por ejemplo, la de Castilla , que conserva todavía, y con razón, el nombre de granero de España. 

Hubo un tiempo en que esta provincia fue centro de la circulación y riqueza de España. Cuando los moros de Granada turbaban la navegación y el comercio de las costas de Andalucía, y los aragoneses poseían separadamente las de Levante, la navegación de los castellanos, derramada por los puertos septentrionales que corren desde Portugal a Francia, dirigía toda la actividad y todas las relaciones del comercio a lo interior de Castilla, y sus ciudades empezaban a ser otros tantos emporios. La conquista de Granada, la reunión de las dos coronas y el descubrimiento de las Indias, dando al comercio de España la extensión más prodigiosa, atrajeron a ella la felicidad y la riqueza; y el dinero, reconcentrado en los mercados de Castilla, esparció en derredor la abundancia y la prosperidad. Todo creció entonces sino la agricultura, o por lo menos no creció proporcionalmente. Las artes, la industria, el comercio, la navegación recibieron el mayor impulso; pero mientras la población y la opulencia de las ciudades subía como la espuma, la deserción de los campos y su débil cultivo descubrían el frágil y deleznable cimiento de tanta gloria. 

Si se busca la causa de este raro fenómeno, se hallará en la amortización. La mayor parte de la propiedad territorial de Castilla pertenecía ya entonces a iglesias y monasterios, cuyas dotaciones, aunque moderadas en su origen, llegaron con el tiempo a ser inmensas. Castilla contenía también los más antiguos y pingües mayorazgos, erigidos en los estados de sus ricos hombres. De Castilla había salido la mayor parte de las gracias enriqueñas, mayorazgadas por las mismas leyes que quisieron circunscribirlas. En Castilla fueron por aquel tiempo más comunes e inmensas las fundaciones de nuevos vínculos, porque la fácil dispensación de facultades para fundarlos en perjuicio de los hijos, y la cruel ley de Toro que autorizó las de mejora, debieron hacer más estrago donde era mayor la opulencia. Esta misma opulencia abrió en Castilla otras puertas anchísimas a la amortización en las nuevas fundaciones de conventos, colegios, hospitales, cofradías, patronatos, capellanías, memorias y aniversarios, que son los desahogos de la riqueza agonizante, siempre generosa, ora la muevan los estímulos de la piedad, ora los consejos de la superstición, ora, en fin, los remordimientos de la avaricia. ¿Qué es, pues, lo que quedaría en Castilla de la propiedad territorial para empleo de la riqueza industriosa? ¿Ni cómo se pudo convertir en beneficio y fomento de la agricultura una riqueza que corría por tantos canales a sepultar la propiedad en manos perezosas? 
La gloria de esta provincia pasó como un relámpago. El comercio, derramado primero por los puertos de Levante y Mediodía y estancado después en Sevilla, donde lo fijaron las flotas, llevó en pos de sí la riqueza de Castilla, arruinó sus fábricas, despobló sus villas[1] y consumó la miseria y desolación de sus campos. Si Castilla en su prosperidad hubiese establecido un rico y floreciente cultivo, la agricultura habría conservado la abundancia, la abundancia habría alimentado la industria, la industria habría sostenido el comercio, y a pesar de la distancia de sus puntos la riqueza habría corrido, a lo menos por mucho tiempo, en sus antiguos canales. Pero sin agricultura todo cayó en Castilla con los frágiles cimientos de su precaria felicidad. ¿Qué es lo que ha quedado de aquella antigua gloria, sino los esqueletos de sus ciudades, antes populosas y llenas de fábricas y talleres, de almacenes y tiendas, y hoy solo pobladas de iglesias, conventos y hospitales, que sobreviven a la miseria que han causado? 
Si el comercio y la industria de otras provincias ganó en esta revolución lo que perdía Castilla, su agricultura, sujeta a los mismos males, corrió en ellas la misma suerte. Baste citar aquellos territorios de Andalucía que han sido por espacio de más de dos siglos centro del comercio de América. ¿Hay por ventura en ellos un solo establecimiento rústico que pruebe la dirección de su riqueza hacia la agricultura? ¿Hay un solo desmonte, un canal de riego, una acequia, una máquina, una mejora, un solo monumento que acredite los esfuerzos de su poder en favor del cultivo? Tales obras se hacen solamente donde las propiedades circulan, donde ofrecen utilidad, donde pasan continuamente de manos pobres y desidiosas a manos ricas y especuladoras, y no donde se estancan en familias perpetuas siempre devoradas por el lujo, ó en cuerpos permanentes alejados por su mismo carácter de toda actividad y buena industria.
No se quiera atribuir a los climas el presente estado de la agricultura de nuestras provincias. La Bética tuvo un cultivo muy floreciente bajo los romanos, como atestigua Columela, originario de ella y el primero de los escritores geopónicos, y lo tuvo también bajo los árabes, aunque gobernada por leyes despóticas, porque ni unos ni otros conocieron la amortización ni los demás estorbos que encadenan entre nosotros la propiedad y la libertad del cultivo. Desde la conquista de estas provincias nada se adelantó en ellas, antes han decaído las cosechas de aceite y granos y se han perdido casi del todo las de higo y seda, de que los moros hacían tan gran comercio. Pero, ¿qué más? Los riegos de Granada, de Murcia y de Valencia, casi los únicos que ahora tenemos, ¿no se deben también a la industria africana?
Cortemos, pues, de una vez los lazos que tan vergonzosamente encadenan nuestra agricultura. La Sociedad conoce muy bien los justos miramientos con que debe proponer su dictamen sobre este punto. La amortización, así eclesiástica como civil, está enlazada con causas y razones muy venerables a sus ojos, y no es capaz de perderlas de vista. Pero, Señor, llamada por Vuestra Alteza a proponer los medios de restablecer la agricultura, ¿no sería indigna de su confianza si, detenida por absurdas preocupaciones, dejase de aplicar a ella sus principios? 



Gaspar Melchor de Jovellanos
Informe sobre la Ley Agraria (1795)





[1] Se puede formar alguna idea del progreso de esta despoblación por lo que dice el ilustrísimo Manrique (citado por el señor Campomanes), á saber: que en los últimos cincuenta años se habian tresdoblado los conventos, habían emigrado muchas familias, crecido los sacerdotes, multiplicándose las capellanías y los conventos y aumentado el número de sus moradores. Calcula la mengua del vecindario en siete décimas partes, y señaladamente dice que Búrgos bajó de 7.000 vecinos á 900, León de 5.000 á 500, y que muchos pueblos pequeños se despoblaron del todo. Añade que sólo se sostenia Valladolid por su chancillería, Salamanca por sus escuelas y Segovia por sus telares; pero esto se escribia en 1624, y desde entonces hasta fin del siglo la despoblacion fué siempre en aumento.



JOVELLANOS Y LA MANO INVISIBLE


Un nuevo ramo de comercio fomenta un nuevo ramo de cultivo, porque la utilidad que ofrece, una vez conocida, lleva a los agentes de la agricultura en pos de sí. Cuando las carnes se encarecen todo el mundo quiere tener ganados, y no pudiendo sustentarlos sin pastos todo labrador diligente convierte en prados una porción de su suerte. Donde el consumo interior o la exportación sostienen los precios del vino y del aceite, todo el mundo se da a plantar viñas y olivares, y todo el mundo se da a desceparlos cuando se ve bajar el precio de estos caldos y subir el de los granos. La legislación, lejos de detener, debe animar este flujo y reflujo del interés, sin el cual no puede crecer ni subsistir la agricultura. 
Si fuesen necesarios ejemplos para confirmar esta doctrina, ¿cuántos no presentará la Historia antigua y moderna de todos los pueblos? La introducción del lujo en Roma después de la conquista de Asia cambió enteramente el cultivo de Italia. Basta leer a los geopónicos antiguos para reconocer que en las cercanías de aquella gran capital las frutas, las hortalizas y señaladamente la cría de aves y animales arrebataron la primera atención de los labradores. Era inmensa la utilidad que daban los palomares, torderas, piscinas y otras granjerías semejantes. ¿Por qué? Porque de una parte las leyes facilitaban la libertad de estas granjerías, y por otra nada bastaba para llenar las mesas públicas en los convites solemnes de fiestas y triunfos, ni aun para saciar el lujo particular de los Lúculos de aquel tiempo. 
Una curiosa observación ofrece la misma Historia en prueba de este raciocinio. Advierte Salustio que el soldado romano, antes frugal y virtuoso, se dio por la primera vez al vino y los placeres, relajada por Sila la disciplina de los ejércitos. La consecuencia fue crecer en tanto grado la utilidad del cultivo de las viñas, que en opinión de los geopónicos latinos era el más lucroso de cuantos abrazaba su agricultura, y de ahí es que ninguno recomiendan tanto en sus obras.


Gaspar Melchor de Jovellanos




CAMPOMANES, DOS CONCEPTOS CLAVES: MANOS MUERTAS Y AMORTIZACIÓN (Justo García Sánchez)



El objeto de su análisis es la "amortización", si bien este instituto no puede ilustrarse más que a partir de otro previo que es la "mano muerta".  
Con esta última expresión, proveniente de las fuentes jurídicas longobardas, se designaba en derecho germánico al individuo jurídicamente incapaz, o al menos con capacidad restringida, en cuanto estaba indisolublemente ligado a la tierra, no podía enejenar sus bienes ni disponer de los mismos por testamento más que dentro de ciertos límites, así como tampoco podría suceder en la herencia intestada en línea colateral.
A partir de entonces se denominaron hombres de mano muerta aquellos individuos que formaban las corporaciones y comunidades, especialmente religiosas, en cuanto, al entrar a formar parte de una congregación o de un colegio, se despojaban de sus derechos y se convertían personalmente en incapaces.  Las corporaciones religiosas comenzaron a llamarse posteriormente con este nombre, dado que se componían de aquéllos, y puesto que estas comunidades no morían, sino sólo los individuos que las integraban, dicha denominación se extendió por analogía a los entes e instituciones que sobrevivían a la muerte de sus miembros, como eran los hospitales, los colegios, etc.
Si tenemos presente que el patrimonio constituía la parte sustancial del ente, ya que gracias al mismo la institución adquiría perpetuidad, la expresión "mano muerta" pasó a significar no sólo la corporación religiosa y al ente moral, sino también el patrimonio que pervivía y constituía su base, no obstante el cambio de las personas que los integraban, aunque en el lenguaje jurídico-científico moderno prevalece el significado real sobre el personal.
Esto explica que en el siglo XVIII, como ocurre con la obra de Campomanes, la expresión mano muerta aluda a la persona moral, considerando al ente tanto desde el punto de vista del elemento personal, como desde el patrimonial, al entender por la misma aquella propiedad fundiaria sustraída al libre comercio y de la cual el erario no obtenía ingreso alguno por impuestos, permaneciendo viva a pesar de la muerte de sus individuos.
Aunque vulgarmente mano muerta y amortización se confundan, hay una gran diferencia entre ambas, puesto que la primera identifica los bienes que, encontrándose en determinadas condiciones, permanecen sustraídos a la libre circulación comercial, mientras que la segunda designa uno de los supuestos específicos que sirvió de base para la formación de la mano muerta.  La palabra latina amortisatio, en sentido estricto, tiene un significado concreto y sirve para indicar exclusivamente el acto de adquisición por parte de las iglesias y entes religiosos, en cuanto los bienes, una vez que entran en sus manos, quedan como muertos al comercio, no pudiendo ya salir de los mismos a no ser con ciertos requisitos y solemnidades. Esto explica que el concepto de amortización entre dentro de la expresión mano muerta, pero no se identifique con la misma, ya que ésta es más amplia y comprende bienes de naturaleza no eclesiástica, además de representar el resultado de la amortización y de otros hechos determinantes de la formación de grandes propiedades vinculadas.



Justo García Sánchez
El Tratado de la Regalía de amortización
en Campomanes en su II centenario 
(Coordinador: Gonzalo Anes Álvarez, 
Real Academia de la Historia, 2002)



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JOVELLANOS CONTRA LOS PRIVILEGIOS DE LA MESTA: LANA POR POBREZA


Lo primero de todo: ¿Qué es la Mesta?



Conforme avanzaba la reconquista hacia el sur, el ganado invernaba en pastizales adecuados, para lo cual se congregaban y asociaban pastores de distintas zonas con el fin de regular la transhumancia. De tal variedad deriva la denominación "mesta" ("mixta") con que se las conoció. La relevancia de la lana del ovino propició que, ya Alfonso X en 1273, reuniera a todas las mestas en una sola asociación que pasó a denominarse Honrado Concejo de la Mesta, otorgando importantes beneficios a sus asociados y pasando a ser uno de los gremios más importantes de Europa durante la Edad Media. Dichos privilegios iban frecuentemente en detrimento y menoscabo de la agricultura, poco valorada en general, pues en palabras de C. Sánchez Albornoz:, ni los vínculos amorosos hacia el agro ni la devoción telúrica facilitó que la tierra, en sentido estricto, tuviera el mismo aprecio durante los primeros siglos de la Edad Media que su hermana la ganadería. (España, un enigma histórico). 


Con la llegada de los borbones, a principios del siglo XVIII esta institución entra en crisis por obsoleta y privilegiada, generándose una verdadera leyenda negra, que de alguna manera intentó paliarse con la recopilación legal contenida en el denominado Cuaderno de Leyes de Mesta, de 1731, en cuyo preámbulo además de manifestarse cierto pesar por la persecución padecida por la transhumancia y ponderar la ganadería durante la Antigüedad, calificada por Columela como la más sólida riqueza natural, se especificaba el triple objetivo de este cuerpo normativo: conservar y desarrollar la Cabaña Real, facilitar el conocimiento de las leyes en las diferentes instancias y argumentar a derecho los procesos. 

Definitivamente, en 1836, es decir, unos cuarenta años después de la fecha en que Jovellanos escribiera su Informe sobre la Ley Agraria, el Honrado Consejo de la Mesta sería abolido y suplido por una Asociación Nacional de Ganaderos, despojada ya la mayor parte de aquellos privilegios.


EN CUANTO A LA CABAÑA REAL: 

El propio DRAE, sigue definiendo a la "cabaña real" como el conjunto de ganado trashumante propio de los ganaderos que componían el Concejo de la Mesta. En todo caso, "la voz cabaña hacía referencia genérica a la casa móvil o morada pastoriega o por extensión al conjunto de reses de un dueño; sin embargo, como expresión de la universalidad del Concejo aparece con Alfonso XI el vocablo Cabaña Real, tenido por sinónimo a partir de ese momento, en declaración de compromiso de real protección al conjunto" (Fermín Marín Barriguete: Fuentes y metodología sobre la Mesta: los privilegios del Cuaderno de Leyes de Mesta de 1731, Universidad Complutense de Madrid, 2011). N. del E.



El Informe sobre la Ley Agraria

Es verdad que esta granjería solo nos presenta un ramo de comercio de frutos, mientras los extranjeros tratan de mejorar sus lanas para fomentar su industria. Es verdad que vienen a comprar nuestras lanas con más ansia que nosotros a venderlas, para traerlas después manufacturadas y llevarnos con el valor de nuestra misma granjería el precio total de su industria. Es verdad que el valor de esta industria supera en el cuatro tanto el valor de la materia que les damos, según los cálculos de Don Jerónimo Uztáriz, y he aquí el grande argumento de los enemigos de la ganadería. 

Pero la Sociedad no se dejará deslumbrar con tan especioso raciocinio. ¡Pues qué! Mientras no podamos, no sepamos o no queramos ser industriosos, ¿será para nosotros un mal pagar con el valor de nuestras lanas una parte de la industria extranjera, cuyo consumo haga forzoso nuestra pobreza, nuestra ignorancia o nuestra desidia? ¡Pues qué! Cuando podamos, sepamos y queramos ser industriosos, ¿será para nosotros un mal tener en abundancia y a precios cómodos la más preciosa materia para fomentar nuestra industria? ¡Pues qué! Si lo fuéremos algún día, ¿la abundancia y excelencia de esta materia no nos asegurará una preferencia infalible, y no hará hasta cierto punto precaria y dependiente de nosotros la industria extranjera? ¿Tanto nos ha de alucinar el deseo del bien, que tengamos el bien por mal?

Mas si es de admirar que estas razones no hayan bastado a persuadir que la granjería de las lanas es muy acreedora a la protección de las leyes, mucho más se admirará que se haya querido cohonestar con ellas los injustos y exorbitantes privilegios de la Mesta. Nada es tan peligroso, así en moral como en política, como tocar en los extremos. Proteger con privilegios y exclusivas un ramo de industria es dañar y desalentar positivamente a los demás, porque basta violentar la acción del interés hacia un objeto para alejarlo de los otros. Sea, pues, rica y preciosa la granjería de las lanas, pero, ¿no lo será mucho más el cultivo de los granos, en que libra su conservación y aumento el poder del Estado? Y cuando la ganadería pudiese merecer privilegios, ¿no serian más dignos de ello los ganados estantes, que sobre ser apoyo del cultivo representan una masa de riqueza infinitamente mayor y más enlazada con la felicidad pública? 

(...)

La Sociedad, Señor, jamás podrá conciliarlos con sus principios. La misma existencia de este concejo pastoril a cuyo nombre se poseen es a sus ojos una ofensa de la razón y de las leyes, y el privilegio que lo autoriza, el más dañoso de todos. Sin esta hermandad, que reúne el poder y la riqueza de pocos contra el desamparo y la necesidad de muchos, que sostiene un cuerpo capaz de hacer frente a los representantes de las provincias y aun a los de todo el reino, que por espacio de dos siglos ha frustrado los esfuerzos de su celo, en vano dirigidos contra la opresión de la agricultura y del ganado estante, ¿cómo se hubieran sostenido unos privilegios tan exorbitantes y odiosos? ¿Cómo se hubiera reducido a juicio formal y solemne, a un juicio tan injurioso a la autoridad de Vuestra Alteza como funesto al bien público, el derecho de derogarlos y remediar de una vez la lastimosa despoblación de una provincia fronteriza, la disminución de los ganados estantes, el desaliento del cultivo en las más fértiles del reino, y lo que es más, las ofensas hechas al sagrado derecho de la propiedad pública y privada?

Gaspar Melchor de Jovellanos




JOVELLANOS: A propósito de la intervención del Estado en los precios de las rentas.


Ni es menos dañosa al cultivo esta intervención cuando para favorecer a los colonos oprime a los propietarios, limitando el uso de sus derechos, regulando sus contratos y destruyendo las combinaciones de su interés. ¿Cuántas de esta especie no se proponen a Vuestra Alteza en el expediente de Ley Agraria? Si se diese oído a tales ilusiones, ni el tiempo, ni el precio, ni la forma de los contratos serian libres; todo sería necesario y regulado por la ley entre propietarios y colonos; y en semejante esclavitud, ¿qué sería de la propiedad, qué del cultivo? 

Entre otras, se ha propuesto a Vuestra Alteza la de limitar y arreglar por tasación la renta de las tierras en favor de los colonos; pero esta ley, reclamada con alguna apariencia de equidad, como otras de su especie, sería igualmente injusta. Se pretende que la subida de las tierras no tiene otro origen que la codicia de los propietarios, pero, ¿no lo tendrá también en la de los colonos? Si la concurrencia de estos, si sus pujas y competencias no animasen a aquéllos a levantar el precio de los arriendos, ¿es dudable que los arriendos serian más estables y equitativos? Jamás sube de precio una tierra sin que se combinen estos dos intereses, así como nunca baja sin esta misma combinación, porque si la competencia de los primeros anima a los propietarios a subir las rentas, su ausencia o desvío los obligan a bajarlas, no teniendo otro origen el establecimiento de los precios en los comercios y contratos.

Es verdad que esta subida en algunas partes ha sido grande, y si se quiere, excesiva; pero, sea lo que fuere, siempre estará justificada en su principio y causas. Ningún precio se puede decir injusto siempre que se fije por una avenencia libre de las partes y se establezca sobre aquellos elementos naturales que lo regulan en el comercio. Es natural que donde superabunda la población rústica y hay más arrendadores que tierras arrendables el propietario dé la ley al colono, así como lo es que la reciba donde superabunden las tierras arrendables y haya pocos labradores para muchas tierras. En el primer caso el propietario, aspirando a sacar de su fondo la mayor renta posible, sube cuanto puede subir, y entonces el colono tiene que contentarse con la menor ganancia posible; pero en el segundo, aspirando el colono a la suma ganancia, el propietario tendrá que contentarse con la mínima renta. Si, pues, en este caso fuere injusta una ley que subiese la renta en favor del propietario, ¿por qué no lo será en el contrario la que la baje y reduzca en favor del colono?

... Se ha propuesto a Vuestra Alteza que prolongase, por punto general, los términos de todos los arriendos en favor del cultivo; pero la Sociedad cree que semejante ley tampoco sería provechosa ni justa. Confiesa que los arriendos largos son en general favorables al cultivo, pero no lo son siempre a la propiedad, y la justicia se debe a todos. Donde el valor de las rentas mengua, y aun donde es estable, los propietarios se inclinan naturalmente y sin intervención de las leyes a prolongar sus arriendos; pero donde sube, arriendan por poco tiempo para alzar las rentas en su renovación. Por este medio los propietarios de cortijos del término de Sevilla han doblado sus rentas en el corto período que corrió desde 1770 a 1780. Fuera por lo mismo contraria a la justicia una ley que prolongase y fijase el tiempo de los arriendos, porque defraudaría a los propietarios de esta justa utilidad. 


Gaspar Melchor de Jovellanos





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