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LAS SERGAS DE ESPLANDIÁN (Garci Rodríguez de Montalvo)

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3. Combate entre Amadís y Esplandián





Eya una pieça caminando, antes que llegassen a un gran río que la floresta atravessava, en el cual avía una gran puente, y una casa de monte del rey, donde algunas vezes se aposentava caçando y pescando, que se llamava la Bella Rosa, vieron cómo de la ribera salió un cavallero en un fermoso y gran cavallo armado de todas armas, su lança en la mano a guisa de querer justar, y como cerca d'él llegaron, el cavallero de la ribera dixo:

-Cavallero, no passéis más adelante, porque yo soy guardador d'esta puente, que assí conviene que lo haga por no fallecer de mi palabra, pero si por fuerça de armas la pasássedes, yo seré quito de mí promessa, y vos del trabajo de buscar otro passaje.

Esplandián le dixo:

-Si en el tiempo de mi padre, que las aventuras en esta tierra demandava, y de los otros famosos cavalleros que sobre tales causas como éstas combatían, acaesciérades, tentárades vuestra ventura como la fortuna os la diera, pero dígovos, cavallero señor, que su honra ni su fama no la querría, ni Dios por tal vía me la dé. Pues el passo nos quitáis, no nos quitaréis el campo, que assaz es ancho.

[...]. [Tras el combate primero a caballo con las lanzas y el después a pie con las espadas, el caballero desconocido reconoce su derrota]


Esplandián detuvo el golpe, y dixo:

-Pues dezid quién sois.

El cavallero le dixo:

-Venga el maestro Helisabad, que bien será menester.

Luego se le cayó la espada de la mano y sentóse en el campo, que no se pudo en los pies tener. Esplandián llamó al maestro, diziéndole que aquel cavallero le quería. El maestro llegó y, descavalgando de su palafrén, fue a él, que desacordado estava de la mucha sangre que se le fue y de los golpes grandes que recebido avía, y como le quitó el yelmo, conocióle que era Amadís, de que muy espantado fue. Cuando Esplandián le vio, echó la espada en el campo, y quitándose el yelmo començó de llorar muy agrámente y dezir:

-¡O captivo sin ventura, ¿ qué he fecho?

[...]

Así como ya avéis oído passó esta cruel y dura batalla entre Amadís y su hijo, por causa de la cual algunos dixeron que en ella Amadís de aquellas heridas muriera, y otros que del primer encuentro de la lança, que a las espaldas le passó. Sabido por Oriana, se despeñó de una finíestra. Mas no fue assí, que aquel gran maestro Helisabad le sanó de sus llagas. E a poco espacio de tiempo, el rey Lisuarte y la reina su muger les renunciaron sus reinos, quedando ellos retraídos, como adelante se os contará. E fueron reyes él y Oriana, muy prosperados, de la Gran Bretaña y de Gaula [...]. Pero la muerte que a Amadís le sobrevino no fue otra, sino que quedando en olvido sus grandes fechos casi como so la tierra, florecieron los del fijo con tanta fama, con tanta gloria, que a la altura de las nuves parescían tocar, (caps, xxviii-xxix)




Garci Rodríguez de Montalvo
(v libro amadisiano)
de Antología de Libros de caballerías castellanos
de Garci Rodríguez de Montalvo
(Edición de Juan Manuel Cacho Blecua)



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de libros de caballerías
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GARCI RODRÍGUEZ DE MONTALVO

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Amadís de Gaula
Las Sergas de Esplandián



TRABAJOS SOBRE LOS TEXTOS:

Amadis de Gaula, obra maestra de la literatura fantástica medieval
¿Un retrato de Garci Rodríguez de Montalvo?
Iconografía amadisiana:  las imágenes de Jorge Coci (Juan Manuel Cacho Blecua)
La historia de un ejemplar único: Amadis de Gaula: Jorge Coci, Zaragoza, 1508 (Jeofrey West)
Origen de la palabra "California" (Antonio Ponce Aguilar)




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GARCI RODRÍGUEZ DE MONTALVO, el Viejo (c. 1450 - c. 1505). Escritor español del renacimiento. Es muy poco lo que se conoce sobre este autor. Nació en el último tercio del reinado de Juan II. Fue seguramente de origen judeoconverso y regidor de Medina del Campo en la última década del siglo XV, pues así aparece en las actas del Ayuntamiento de Medina del Campo, con el nombre de Garci Rodríguez de Montalvo el Viejo para distinguirle de "el Mozo", que era su nieto.

Perteneció al distinguido linaje de los Pollino, uno de los siete que gobernaban la ciudad de realengo de Medina del Campo. Probablemente participó en la Guerra de Sucesión Castellana y acudió las campañas iniciales de las Guerras de Granada formando parte del regimiento militar de su ciudad. Fue aficionado a la caza de cetrería y compartió los ideales políticos de los Reyes Católicos.

Tuvo varios hijos, entre ellos Pedro Vaca, Juan Vaca Montalvo y Francisco Vaca. Según Pascual de Gayangos y Narciso Alonso Cortés, fue armado caballero por los Reyes Católicos en 1482 por haber intervenido en la defensa de Alhama con un grupo de otros "caballeros viejos de San Juan e Santiago". Alonso Cortés añade que su nombre figura en el Padrón de Alhama que es listado de caballeros oriundos de Medina del Campo.

Es posible que alguna aldea en la diócesis de Cuenca estuviese vinculada a Montalvo, pues parece conocer muy bien la Serranía de Cuenca al describir la cueva de Urganda la Desconocida. El 30 de junio de 1502 fue testigo en un matrimonio secreto celebrado en el Castillo de Coca entre María de Fonseca y el Marqués del Cenete, Rodrigo de Mendoza, hecho ilegal en la época. En 1497 hubo un pleito en la Chancillería de Valladolid contra un personaje con su mismo nombre (él o su nieto) y un tal Jerónimo de Virués, vecinos de Medina del Campo, por adulterio; fueron sentenciados a destierro de Valladolid por dos meses.

Pese a que se ha postulado como fechas de su muerte hacia 1505, recientes estudios de Ramos Nogales y Sales Dasí consideran que pudo sobrevivir a la primera publicación del Amadís de Gaula, aparecida en 1508.



AMADIS DE GAULA (Garcí Rodríguez de Montalvo)


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Capítulo 44



Cómo Amadís, con sus hermanos y Agrajes, su primo, se partieron adonde el rey Lisuarte estaba, y cómo les fue aventura de ir a la Ínsula Firme encantada a probar las aventuras y lo que allí les acaeció.
(...)

Como ya se dijo antes de esto, en la primera parte de esta grande historia, cómo siendo Oriana por las palabras que al enano oyó de las piezas de la espada a la ira y saña sojuzgada y puesta en tan gran alteración que muy poco fruto sacaron Mabilia ni la doncella de Dinamarca de los verdaderos consejos que por ella le fueron dados y ahora se os contará lo que sobre esto hizo ella, desde aquel día siempre dando lugar a que la su pasión suya creciese, mudada su acostumbrada condición que era estar en la compañía de aquéllas, apartándose con mucha esquiveza todo lo más del tiempo estaba sola pensando cómo podría en venganza de su saña dar la pena que mereciera aquél que la causara, y acordó que pues la presentía apartada era que en ausencia todo su pensamiento por escrito manifiesto le fuese, y hallándose sola en su cámara tomando de su cofre tinta y pergamino, una carta le escribió que decía así:



CARTA QUE LA SEÑORA ORIANA ENVIÓ A SU AMANTE AMADÍS

—Mi rabiosa queja acompañada de sobrada razón da lugar a que la flaca mano declare lo que el triste corazón encubrir no puede, contra vos, el falso y desleal caballero Amadís de Gaula, pues ya es conocida la deslealtad y poca firmeza que contra mí, la más desdichada y menguada de ventura sobre todas las del mundo, habéis mostrado, mudando vuestro querer de mí, que sobre todas las cosas os amaba, poniéndole en aquélla que según su edad para la amar ni conocer su discreción basta y pues otra venganza mi sojuzgado corazón tomar no puede, quiero, todo el sobrado y mal empleado amor que en vos tenía, apartarlo. Pues gran yerro sería querer a quien, a mí desmandado, todas las cosas desame por le querer y amar. ¡Oh, qué mal empleé y sojuzgué mi corazón, pues en pago de mis suspiros y pasiones burlada y desechada fui! Y pues que este engaño es ya manifiesto no parezcáis ante mí ni en parte donde yo sea. Porque sé cierto que el muy encendido amor que os había es tornado, por vuestro merecimiento, en muy rabiosa y cruel saña y con vuestra quebrantada fe y sabidos engaños id a engañar a otra cautiva mujer como yo, que así me vencí de vuestras engañosas palabras, de las cuales ninguna salva ni excusa serán recibidas, antes sin os ver plañiré con mis lágrimas mi desastrada ventura y con ellas daré fin a mi vida, acabando mi triste planto.

Acabada la carta, cerróla con sello que Amadís muy conocido, puso en el sobrescrito:

—Yo soy la doncella herida de punta de espada por el corazón, y vos sois el que me heristeis.

Y hablando en gran secreto con un doncel que Durín se llamaba, hermano de la doncella de Dinamarca, le mandó que no holgase hasta llegar al reino de Sobradisa, donde hallaría a Amadís, y aquella carta le diese y que mirase el leer de ella su semblante y que aquel día le aguardase, no tomando de él respuesta aunque dársela quisiese.



Capítulo 54

De cómo estando el rey Lisuarte sobre tabla entro un caballero extraño, armado de todas armas, y desafió al rey y a toda su corte, y de lo que Florestán pasó con él, de cómo Oriana fue consolada y Amadís hallado.

A su mesa estando el rey Lisuarte, y habiendo alzado los manteles y queriéndose de él despedir don Galaor y don Florestán y Agrajes para llevar a Corisanda, entró por la puerta del palacio un caballero extraño armado de todas armas, sino la cabeza y las manos, y dos escuderos con él. Y traía en la mano una carta de cinco sellos, e hincados los hinojos la dio al rey, y díjole:

—Haced leer esta carta y después diré a lo que vengo.

El rey la leyó, y viendo que de creencia era, le dijo:

—Ahora podéis decir lo que os placerá.

—Rey —dijo el caballero—, yo desafío a ti y a todos tus vasallos y amigos de parte de Famongomadán, el jayán del Lago Hirviente y de Cartadaque, su sobrino, el jayán de la montaña defendida, y de Mandansabul, su cuñado, el jayán de la Torre Bermeja, y por don Cuadragante, su hermano del rey Abies de Irlanda, y por Arcalaus, el Encantador. Y mándate decir que tienes en ellos muerte, así tú como todos aquéllos que tuyos se llamaren, y hácente saber que ellos con todos aquellos grandes amigos suyos serán contra tí en ayuda del rey Cildadán en la batalla que con él aplazada tienes, pero si tú quieres dar a tu hija Oriana a Madasima, la muy hermosa hija del dicho Famongomadán para que sea su doncella y la sirva, que no te desafiarán, ni te serán enemigos, antes casarán a Oriana con Bagasante, su hermano, cuando vieren que es tiempo, que es tal señor que bien será en él empleada tu tierra y la suya. Y ahora, rey, mira lo que mejor te vendrá: o la paz como la quieren, o la más cruda guerra que venirte podrá con hombres que tanto pueden.

El rey le respondió riendo como aquél que en poco su desafío tenía, y díjole:

—Caballero, mejor es la guerra peligrosa que la paz deshonrosa, que mala cuenta podría yo dar a aquel Señor que en tal alteza me puso, si por falta de corazón con tanta mengua y tanto abiltamiento la bajase, y ahora os podéis ir, y decidles que antes querría la guerra todos los días de mi vida con ellos y al cabo en ella morir, que otorgar la paz que me demandan, y decidme dónde los hallará un mi caballero, porque por él sepan esta mi respuesta que a vos se da.

—En el Lago Ferviente —dijo el caballero— los hallará quien los buscare, que es en la Ínsula que llaman Monganza, así a ellos como a los que consigo han de meter en la batalla.

—Yo no sé —dijo el rey—, según la condición de los gigantes, si mi caballero podrá ir y venir seguro.

—De eso no pongáis duda —dijo él—, que donde está don Cuadragante no se puede cosa contra razón hacer y yo lo tomo a mi cargo.

—En el nombre de Dios —dijo el rey— ahora me decid cómo habéis nombre.

—Señor —dijo él—, he nombre Landín, y soy sobrino de don Cuadragante, hijo de su hermana, y somos venidos a esta tierra por vengar la muerte del rey Abies de Irlanda, y nos pesa que no podemos hallar aquél que lo mató, ni sabemos si es muerto o vivo.

—Bien puede ser —dijo el rey—, mas ahora pluguiese a Dios que supieseis ser él vivo y sano, que después todo se haría bien.

—Yo entiendo —dijo Landín— por qué lo decís, porque creéis ser aquél el mejor caballero de los que habéis visto; mas cualquier que yo sea hallarme habéis en la batalla vuestra y del rey Cildadán, y allí os serán manifestadas mis obras buenas o contrarias en el más daño vuestro que yo pudiere.

—Mucho me pesa —dijo el rey—, que más os querría para mi servicio, mas bien creo que ende no faltará con quien .os combatáis.

—Ni a ellos —dijo el caballero—quien se lo resista hasta la muerte.

Cuando esto oyó don Florestán ensañóse ya cuanto por aquél osase, decir que buscaba a su hermano Amadís, y díjole:

—Caballero, yo no soy de esta tierra ni vasallo del rey, así que entre vos y mí no atañe ninguna cosa de esto que a él habéis dicho, ni yo en razón de ello no digo nada, porque en su casa hay otros muchos mejores para decir y hacer, pero porque vos decís que andáis a Amadís buscando y no lo halláis, en lo cual creo yo no ser vuestro daño, y si conmigo, que soy don Florestán, su hermano, os place combatir a condición que si vencido fuereis os quitéis de esta demanda, y si yo muerto fuere algo de vuestro enojo y mengua se satisface, yo lo haré porque aquel sentimiento que vos tenéis por el rey Abies, aquél y mucho más crecido tendrá Amadís por la mi muerte.

—Don Florestán —dijo Landín—, bien veo que habéis sabor de la batalla, mas yo la dudo a más no poder, porque tengo de ir con la respuesta de esta embajada a señalado día, y también porque aquellos señores me tomaron fianza que en otra cosa de afrenta no me entremetiese, pero si de allí yo saliere vivo haberla he con vos a día señalado.

—Landín —dijo don Florestán—, vos lo decís como buen caballero y honrado, porque los que con semejantes mensajes vienen han de negar su voluntad propia por seguir la de aquéllos cuyo mandado traen, porque de otra guisa, aunque a vuestra honra satisfacer pudieseis, la suya, por vuestra tardanza, se podría menoscabar, siendo todo a cargo vuestro, y por eso tengo por bien que sea como lo decís.

Y tendiendo las lúas en señal de gajes, las dio al rey, y Landín la halda del arnés, así que a consentimiento de ambos quedó la batalla treinta días después que la de los reyes pasase.

Entonces mandó el rey a un caballero, su criado, que Filispinel había nombre, que en compañía de Landín fuese a desafiar aquéllos que a él desafiaron. Pues partidos estos dos caballeros, como oís, el rey quedó hablando con don Galaor y Florestán y Agrajes y otros muchos que en el palacio estaban, y díjoles:

—Quiero que veáis una casa en que habréis placer.

Entonces mandó llamar a Leonoreta, su hija, con todas sus doncellas pequeñas que viniesen a danzar así como solían, lo que nunca había mandado después que las nuevas de ser perdido Amadís le dijeran, y el rey le dijo:

—Hija, decid la canción que por vuestro amor Amadís hizo siendo vuestro caballero.

La niña, con las otras sus doncellas, la comenzaron a cantar, la cual decía así:

Leonoreta sin roseta
blanca sobre toda flor
sin roseta no me meta
en tal cuita vuestro amor.
Sin ventura yo en locura
me metí;
en vos amar es locura
que me dura
sin me poder apartar,
oh, hermosa sin par,
que me da pena y dulzor
sin roseta no me meta
en tal cuita vuestro amor.
De todas las que yo veo
no deseo
servir otra sino a vos,
bien veo que mi deseo
es devaneo
do no me puedo partir,
pues que no puedo huir
de ser vuestro servidor,
no me meta sin roseta
en tal cuita vuestro amor.
Aunque mi queja parece
referirse a vos, señora,
otra es la vencedora
otra es la matadora
que mi vida desfallece;
aquesta tiene el poder
de me hacer toda guerra;
aquesta puede hacer
sin yo se lo merecer
que muerto Viva so tierra.

Quiero que sepáis por cuál razón Amadís hizo este villancico por esta infanta Leonoreta. Estando en un día hablando con la reina Brisena, Oriana y Mabilia y Olinda, dijo a Leonoreta que dijese a Amadís que fuese su caballero, y la sirviese muy bien no mirando por otra ninguna. Ella fue a él y díjole como ellas lo mandaron. Amadís y la reina, que se lo oyeron, rieron mucho, y tomándola Amadís en sus brazos la sentó en el estrado, y díjole:

—Pues vos queréis que yo sea vuestro caballero, dadme alguna joya en conocimiento que me tenga por vuestro.

Ella quitó de su cabeza un prendedero de oro con unas piedras muy ricas y dióselo. Todas comenzaron a reír de ver cómo la niña tomaba tan de verdad lo que en burla le habían aconsejado, y quedando Amadís por su caballero hizo por ella el villancico que ya oísteis. Y cuando ella y sus doncellas lo decían estaban todas con guirnaldas en sus cabezas y vestidas de ricos paños de la manera que Leonoreta los traía, y era asaz hermosa, pero no como Oriana, que con ésta no había par ninguna en el mundo, y fue a tiempo, como adelante se dirá, emperatriz de Roma, y las doncellitas suyas eran doce, todas hijas de duques y de condes y otros grandes señores, y decían tan bien y tan apuesto aquel villancico, que el rey y todos los caballeros habían muy gran placer de lo oír.

Y desde que hubieron una pieza cantado, hincando los hinojos ante el rey, fuéronse donde la reina estaba. Don Galaor y don Florestán y Agrajes dijeron al rey que querían ir con Corisanda, que les diese licencia y él los sacó a una parte del palacio, y díjoles:

—Amigos, en el mundo no hay otros tres en quien yo tan gran esfuerzo tenga como en vos, y el plazo de la mi batalla se llega, que ha de ser en la primera semana de agosto, y ya habéis oído la gente que contra mi han de ser, y éstos traerán otros muy bravos y muy fuertes en armas, así como aquéllos que son de natura y sangre de gigantes, porque mucho os ruego que hasta aquel plazo no os encarguéis de otras afrentas ni demandas que os hayan de estorbar de ser conmigo en la batalla, que tengo mortales y capitales enemigos, y haríaisme muy gran mengua y sin razón, que yo fío en Dios que con la vuestra gran bondad y de todos los otros que me han de servir no será la valencia ni fuerza de nuestros enemigos tan sobrada que al cabo por nosotros no sean vencidos y destrozados y menguados.

—Señor —dijeron ellos—, para tal cosa tan señalada y nombrada en todas partes como ésta será, no es menester vuestro mandado, y ruego que puesto que el deseo y buena voluntad que de serviros tenemos faltase, no faltaría el buen deseo de ser en tan grande afrenta, donde nuestros corazones y buenas voluntades hayan aquello que por muchas tierras y partes extrañas del mundo andan buscando, que es hallarse en las cosas de mayor peligro, porque venciendo alcanzan la gloria que desean y vencidos cumplen aquel fin para que nacidos fueron, así que nuestra tornada será luego, y entretanto animad y esforzad vuestros caballeros porque a aquéllos que con gran amor y afición sirven la flaca fuerza fuerte se torna.

Y partiéndose del rey armados en sus caballos, tomando consigo a Corisanda partieron de Londres y fueron su camino. Gandalín, que allí estaba y viera todo aquello, partióse luego para Miraflores y contólo a Oriana y a Mabilia, y que aquellos tres compañeros se lo mandaban mucho encomendar. Oriana dijo:

—Ahora es Corisanda en todo placer, pues en su compañía lleva a don Florestán que ella tanto amaba, y Dios se lo dé siempre, que mucho es buena dueña —y comenzó a suspirar, así que las lágrimas le vinieron a los ojos, y dijo—: ¡Oh, señor Dios!, ¿por qué no queréis que yo vea a Amadís, siquiera un día Sólo? ¡Oh, Señor!, queredlo por vuestra bondad y me quitad de este mundo y no me dejéis vivir en tal cuita y dolor.

Gandalín hubo de ella gran duelo, pero hizo el semblante de sañudo, y dijo:

—Señora, hacéisme que no parezca ante vos porque estamos atendiendo buenas nuevas que Dios nos enviará, y queréisnos meter en desesperanza.

Oriana limpió los ojos de las lágrimas y díjole:

—¡Ay, Gandalín!, por Dios no te quejes, que si yo algo hacer pudiese, de grado lo haría, que, aunque buen semblante muestro, nunca jamás mi corazón de llorar queda, y si no fuese esta esperanza que tengo de las palabras que me dices, cree que no tendría tanto esfuerzo que de un lugar levantarme pudiese, mas ahora me di: ¿qué será del rey, mi padre, pues que no puede haber a Amadís para esta batalla?.

—Señora —dijo él—, no puede mi señor tan escondido ni apartado estar, que una cosa tan señalada como ésta no venga a su noticia, pues, ¿quién duda que sabiendo lo que a vos toca, siendo vuestro padre vencido, no quiera él venir a poner sus fuerzas en vuestro servicio? Que aunque por el defendimiento que le pusisteis no ose aparecer ante vos, parecería allí donde viere que puede servir y alcanzar perdón del yerro que no hizo ni pensó de hacer.

—Así plega a Dios —dijo Oriana— que sea como tú piensas.

Y estando hablando en esto entró una niña corriendo y dijo:

—Señora, veis aquí la doncella de Dinamarca, que muy ricos dones os trae.

A ella se le estremeció el corazón y paróse tal, que no pudo hablar y fue toda turbada, como quien por su venida esperaba la vida o la muerte, según el recaudo que trajese, y Mabilia, que así la vio, dijo a la niña:

—Ve y di a la doncella que entre acá sola, porque la querría ver apartadamente.

Y esto hizo porque ninguno viese la gran cuita o grande alegría de Oriana, según las nuevas fuesen, y la niña se salió y díjole lo que le mandaron, pero de Mabilia y de Gandalín os digo que estaban desmayados, no sabiendo ni pensando lo que la doncella traía, y la doncella entró alegre y de buen continente, e hincando de hinojos ante Oriana diole una carta que traía, y díjole:

—Señora, veis aquí nuevas de todo vuestro placer, y sabed, señora, que yo he recaudado todo aquello porque me enviasteis, así como lo deseáis, y leed esa carta y veréis si la hizo con su mano Amadís.

Ella tomó la carta, mas así le tremían las manos con la grande alegría, que la carta se le cayó, y desde que el corazón se le fue más sosegado, abrió la carta y halló el anillo que ella con Gandalín a Amadís enviara, cuando con Dardán se combatió en Vindilisora, el cual bien conoció y besóle muchas veces, y dijo:

—Bendita sea la hora en que fuiste hecho, que con tanto gozo y placer de una mano a otra te ,has mudado.

Y metióle en su dedo, y cuando vio las palabras tan humildes que en la carta venían y el mucho agradecimiento de se ella haber membrado de él y de cómo de la muerte a la vida era tornado holgóle el corazón, y alzando sus manos dijo:

—¡Oh, Señor del mundo, reparador de todas las cosas, bendito seáis vos que a tal sazón me acorristeis y me librasteis de la muerte que tan cerca tenía! —e hizo sentar la doncella ante sí y díjole—: Amiga, ahora me contad cómo lo hallasteis y los días que con él estuvisteis y dónde lo dejáis.

Ella le dijo cómo lo había buscado y que viniendo muy triste, sin ningún recaudo, la gran tormenta que en la mar le sobrevino la hiciera arribar a la Peña Pobre, donde lo halló, y contóle cuanto allí con él le aconteciera y el placer tan grande que su carta le dio, y asimismo le dijo dónde lo dejaba y cómo esperaba su mandado. Mas cuando vino a decir cómo era llegado a la muerte y tan desemejado que no lo podía conocer sino por la herida que en el rostro tenía, y cómo había mudado su nombre y cómo Durín estuvo tres días que no lo conoció, gran duelo y piedad había Oriana de él. Y desde que todo se lo hubo contado dijo Oriana:

—Por Dios, amiga, menester' es que luego haya vuestro mandado, y decidme de qué manera se haga.

—Yo os lo diré —dijo ella—. Allá dejé a sabiendas dos joyas de las que traía, porque con achaque de volver a Durín por ellas le llevase vuestro mandado.

—Muy bien hicisteis —dijo ella—, y ahora dadme los dones que traéis delante de estos que aquí están, y decid que os olvidaron los de Mabilia así como lo habéis dicho.

Entonces dijeron a la doncella cómo Corisanda había dicho de él y se llamaba Beltenebros, pero no le conoció ni supo quién era.

—Verdad es que así se llama —dijo la doncella—, y dice que no se quitará aquel nombre hasta que os vea y le mandéis lo que haga.

Y también le dijeron cómo tenían las llaves de los postigos de la huerta, y llamaron a Durín y mostráronle a la parte donde había de traer a Beltenebros cuando viniese, y mandáronle que luego fuese a lo traer, mas no hubieron de trabajar mucho en ello. Porque aun estando él muy cuitado de la nueva sinventura que le llevara, por donde a la muerte lo había llegado, creyendo que con la que ahora iba se enmendaba y reparaba todo, con mucha, alegría de su corazón lo otorgó y besó las manos a Oriana, porque se lo mandaba, y allí fue acordado que Mabilia se lo rogase ante todos, que le fuese por aquellos dones y que él mostrase en ello mal continente como que mucho le pesaba porque no sospechasen de su ida alguna cosa. Y así se hizo, que cuando se lo rogaron mostró de ello pesar y dijo sañudamente a Mabilia:

—Dígoos, señora, que por ser vuestras iré yo allá, que si de la reina de Oriana fuesen no lo haría, que mucho afán ha llevado de trabajo en este camino.

—Mi amigo Durín comoquiera que bien sirváis, no queráis zaherir el servicio que hicisteis en tal guisa que os no lo agradezcan.

—Así lo haré a vos —dijo él— cuando me lo mandareis que os sirva, que bien creo que tan poco vale vuestro grado como mi servicio.

Todas rieron mucho de la saña que Durín mostraba y de cómo había respondido, y dijo a Mabilia:

—Señora, pues que a vos place que yo vaya, luego de mañana me quiero ir.

Y despidiéndose de ellas se fue con Gandalín a dormir a la villa, el cual le rogó que le encomendase mucho a Enil, su primo, y que de su parte le rogase que le viniese a ver si hacerlo pudiese, porque tenía de le hablar algunas cosas y que te rogaba mucho que en tanto que con aquel caballero anduviese preguntase por nuevas de Amadís. Esto le enviaba a decir porque Amadís anduviese más encubierto y porque si de él se quisiera partir que con achaque de le ver a él lo pudiese hacer. En esto hablando llegaron a Londres, y otro día de mañana cabalgó Durín en su palafrén y fuese su vía camino donde a Beltenebros había dejado, pero antes se quiso bien avisar de todas las nuevas de la corte porque se las supiese contar.







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AMADÍS DE GAULA, OBRA MAESTRA DE LA LITERATURA MEDIEVAL FANTÁSTICA

Castillo de Chambord


"... El 30 de octubre de 1508 se terminaron de imprimir en Zaragoza, en la imprenta de Jorge Coci, Los quatro libros del famoso cavallero Amadís de Gaula: complidos, refundidos por Garci Rodríguez de Montalvo. Se trata de uno de los libros más influyentes de los Siglos de Oro, y su éxito fue tal que dio comienzo al género literario y editorial más celebrado de su época: el de los libros de caballerías. Poco sabemos de su autor, Garci Rodríguez de Montalvo, quien posiblemente fue de origen judeoconverso. Partidario de Isabel la Católica, llegó a ser Regidor de Medina del Campo. Con toda seguridad, terminó de reescribir su Amadís entre 1495 y 1497, a partir de un texto caballeresco que había gozado de un enorme éxito desde principios del siglo XIV: el anónimo Amadís de Gaula medieval, introduciendo un cuarto libro y una continuación: Las Sergas de Esplandián. El Amadís de Montalvo debió publicarse a finales del siglo XV, pero de esta primera edición no hemos conservado ningún ejemplar; por su parte, el único que se conserva de la edición de 1508 se custodia en el British Museum de Londres.

El Amadís de Gaula es una obra maestra de la literatura medieval fantástica en castellano y el más famoso de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo siglo XVI en la Península Ibérica. Escrita en castellano por un autor desconocido probablemente a finales del siglo XIII, relata las aventuras del héroe legendario cuyo nombre da título al libro. La primera versión que se conserva fue publicada en Zaragoza en 1508 , en cuatro libros, a los que seguiría un quinto, Las sergas de Esplandián (hijo de Amadís y Oriana), publicado dos años después, que es obra del regidor de Medina del Campo, Garci Rodríguez de Montalvo, a quien se le ha venido atribuyendo la autoría del original pese a haber quedado acreditado el anonimato de la obra. Estamos ante una de las obras cumbres de la literatura universal, cuyo máximo valor no reside tanto en su factura sino en el poder de atracción que ha venido ejerciendo durante siglos, siendo al decir de los críticos la obra más imitada de la historia de la literatura. Amadís, al igual que otros personajes (históricos o de ficción), y moviendose precisamente entre la historia y la leyenda, fue arrojado a un río al nacer y recogido por Gandales de Escocia. Se educó con él y, tras crearse fama de buen luchador y caballero, se enamoró de Oriana, con quien casó en secreto y a cuyo amor se mantiene fiel. Comienza a correr las aventuras propias de un caballero. Las luchas con Galaor, su desconocido hermano, y contra el pérfido Endriago; sus tribulaciones en la Insula Firme. Nos enconrtramos con su retiro al ostracismo. Retiro de ida y vuelta continuando con su pasión por Oriana. El libro cuarto, elaboración de Montalvo, narra la lucha entre el rey Lisuarte (padre de Oriana) y sus aliados, contra Amadís, los caballeros de la Insula Firme y sus amigos. Amor y aventuras mezcladas en una trama de trazos medievales y épicos. Sugerente novela capaz de levantar pasiones en otros tiempos, despertar al menos, curiosidad en los actuales, y siempre admiración. Cervantes privó de las llamas al Amadís en el escrutinio de la librería de don Quijote, por ser libro «único en su arte» y, a juicio del apasionado lector don Alonso Quijano, «el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros a quienes debemos imitar todos aquellos que debajo de la bandera del amor y de la caballería militamos».

Ningún héroe novelesco, concluye Menéndez Pelayo (1943, I: 373) «se ha impuesto a la admiración de las gentes con tanta brillantez y pujanza como se impuso el Amadís a la sociedad del siglo XVI. Hay que llegar a las novelas de Walter Scott para encontrar un éxito semejante, a la vez literario y mundano, para el cual no hubo fronteras en Europa». Si nos atenemos a la fecha de su publicación, «Amadís de Gaula» es una novela de caballerías tardía. No hay duda de la existencia de una versión anterior del siglo XIV en tres tomos, de la que se conservan algunos fragmentos copiados a comienzos del siglo XV. El Amadís es una prolongación del ciclo artúrico, que hacía más de un siglo que estaba triunfando en Francia con un profuso material novelístico. Las novelas de caballerías fueron los best sellers de los siglos XIV, XV y XVI, y especialmente el Amadís, que de entre todos los libros de caballería era el más estimado y valorado. Son numerosos los personajes importantes que confiesan la pasión que este libro despierta en ellos: Juan de Valdés, Carlos V, Hernán Cortés, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola. Incluso Cervantes, en el auto de fe que hicieron el barbero y el cura en la biblioteca de don Quijote, salvó el Amadís, diciendo que es el mejor de todos. Después de Amadís vino toda una caterva de continuadores: Esplandián, Florisando, Lisuarte de Grecia, Amadís de Grecia, Florisel de Niquea, etc. A medida que nos vamos alejando del original las aventuras se van volviendo más hiperbólicas, fantásticas y desmedidas; lo cual desagradaba en gran medida a los censores de la época, que entendían que los lectores podrían interpretar los hechos de esas historias como verdaderos, como ocurre con don Quijote. Amadís de Gaula es, sin embargo, la culminación del género. Las aventuras que encontramos en el Amadís son más mesuradas. Las fuerzas del mal se suelen representar en la figura de humanos, o como mucho gigantes; apareciendo un monstruo, el endriago, en una sola ocasión, aunque la magia y los encantamientos están presentes a lo largo de toda la obra, además de las profecías. Las novelas de caballerías ayudaron a crear la visión idealizada de la edad media y del código caballeresco que más tarde se explotará en el romanticismo. Los personajes se mueven en un maniqueísmo simplificador. Es por eso que el Quijote ha pasado a la historia de la literatura castellana como el mejor de los libros que se haya podido escribir, mientras que el Amadís de Gaula ha quedado simplemente como una de las fuentes que utiliza el Quijote a modo de parodia. Es una pena que Amadís no pudiera conocer a don Quijote de la Mancha, el mejor caballero andante de su siglo, del que podría haber aprendido la mesura más discreta y el honor caballeresco más alto que pudo alcanzar un hombre. Desde 1508, año de la primera edición conocida, hasta la época de Cervantes el Amadís gozó de un éxito imparable, expandiéndose a través de casi dos docenas de ediciones en España e Italia, una de ellas realizada por Francisco Delicado (Venecia, Juan Antonio de Sabia, 1533), a las que se sumaron traducciones al francés, inglés, alemán, holandés y una parcial al hebreo. El Amadís es una de esas novelas que hicieron soñar a un rey. Francisco I de Francia, prisionero en Madrid después de la batalla de Pavía, leyó en la cárcel la obra compendiada de García Montalvo. Fascinado por la novela el rey la mandó traducir al francés y su influencia llegó a concretarse en el famoso palacio real de Chambord proyectado en 1519, y drásticamente recompuesto en 1526. El castillo de Chambord es una maravilla de cuento de hadas; o, según preferirían juzgarlo sus contemporáneos, un portento de caballeros andantes y princesas encantadas. De hecho, una variante del palacio sirvió como ilustración del Amadís de Gaula de 1543 (véase Pérouse de Montclos, Histoire de l'architecture française, II)...."

Es extracto y compendio de otras reseñas:





¿UN RETRATO DE GARCÍ RODRÍGUEZ DE MONTALVO?

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El Museo del Prado guarda entre sus fondos un cuadro procedente de un retablo de Medina del Campo, del que se dice:


Cristo muerto es bajado de la Cruz por José de Arimatea y Nicodemo. En el suelo, María Magdalena tiende los brazos hacia él mientras la Virgen llora desconsolada. Los personajes habituales se ven completados por la presencia de un soldado con armadura renacentista y dos niños, uno de ellos con un pañuelo atado en la cabeza, detalles realistas que dan un especial carácter a la escena de Machuca.  (web Museo del Prado)

Esta obra muestra el eclecticismo de la pintura de Machuca, que incluye elementos que recuerdan a Miguel Ángel, Rafael, Leonardo, o Rosso Fiorentino, aunque otros elementos responden a una concesión a un naturalismo muy estimado por la clientela española. El pintor emplea numerosos escorzos y contrastes de luz, que provocan una cierta violencia visual, evidente también en los brillantes tonos de las figuras que destacan sobre el fondo negro. El marco, conserva una cartela confirmando el origen del retablo para la Iglesia de San Juan de Azogue en Medina del Campo: “Este retablo mandó hacer Doña Inés del Castillo / Muger de García Rodríguez de Montalvo, Regidor de esta villa.  Acabóse año 1547”.

Se subraya la presencia de una figura extraña, atípica: “Los personajes habituales se ven completados por la presencia de un soldado con armadura renacentista”.



Photoshop: SGS

No ha faltado quien haya dicho que el representado en primer término es el propio García Rodríguez de Montalvo, autor del Amadís. Es un cuadro extraño en el que, entre el primero y el segundo caballero, que ostenta sobre un yelmo con una figura fantástica de ave, asomo ale que parece ser un albanés con su capelete. Los figurantes que actuaban de albaneses los llevaban en las comedias y danzas representadas en Valladolid en 1545 (véase mi Fiestas y comedias en Valladolid, pag. 59). Campea sobre el grupo un estandarte carmesí con una gran ‘S’ dorada.

Inés del Castillo era la abuela de otro García Rodríguez de Montalvo que dictó testamento el 31 de Enero de 1593, en la propia Medina del Campo. La ficha del Museo del Prado declara que el cuadro de Pedro Machuca procede de la iglesia medinense de San Juan del Azogue, pero García, al hablar del lugar de enterramiento, pide que su cuerpo sea depositado “en la iglesia de señor santo tomé donde yo soy parroquiano en el arco y enterramiento que allí tengo de que soy patron que dotó y fundó doña ynés del castillo mi abuela”.

El testamento de este otro García Rodríguez de Montalvo dice:

Yn dey nomine amen. Sepan quantos esta carta de testamento y hultima voluntad vieren como garçi rodriguez de montalvo vecino y regidor de la villa de medina del canpo estando enfermo de dolenzia y con mi juiçio [...]

Primeramente encomiendo mi anima a dios nuestro señor como cosa suya y mando el cuerpo a la tierra de que fue formado el qual sea sepultado en la yglesia de señor santo tome donde soy parroquiano en el arco y enterramiento que alli tengo de que soy patron que doto y fundo doña ynes del castillo mi abuela, o en la bobeda del altar mayor que fundo y doto doña maria de bracamonte mi muger primera por la qual mando dar a la fabrica de la dicha yglesia çient ducados en una de las dos partes comp paresçiere a mys testamentarios

Y por quanto de los dichos çient ducados no esta fecha escritura ni conzedida la daçion de la dicha bobeda ruego y pido por merçed a los feligreses de la dicha yglesia que haziendose en su favor seguridad de los dichos çient ducados tengan por bien de me dar la dicha bobeda en propiedad para mi y mis desçendientes y de la dicha doña maría de bracamonte haçiendo las escrituras que conbengan para seguridad de anbas partes

Yten mando aconpañen mi cuerpo las hordenes y religiosos desta villa que acordaren mis teatamentarios y el cabildo mayor con sus cruzes y la cofradia de la santa bera cruzy la cofradia del santisimo sacramento de la yglesia mayor desta villa a quien pido que como a encomendado aconpañen mi cuerpo con su çera segun y de la manera que lo an hecho con otros que no son cofrades y se les den ocho ducados como los llevaron en el entierro de doña maria de bracamonte mi muger = y asimismo de aconpañen los diños de la dotrinacristiana y doze pobres que lleven doze achas y se les pague a cada uno medio real de limosna

Yten mando que si mi entierro fuere a ora de missa digan en la dicha iglesia misa cantada [...]

Yten mando que con toda brebedad despues que yo fallezca se digan por mi anima en la dicha yglesia de santo tome zien misas [...]

Yten mando que en las demas cosas tocantes a mi entierro y ofrendas del y de las honras y cabo de año se haga como lo hordenaren y acordaren doña ynes de briçianos mi muger y doña ynes de montalvo mi hermana con quienes tengo comunicado y se lo remito

Yten declaro que yo bendi a alexo de medina difunto ochoçientos maravedis y dos pares de gallinas de çenso perpetuo sobre las casas de calisto rodriguez herrero en la herreria desta villa = los quales heran para la memoria del tesorero garci rodriguez mi anteçesor que esta enterrado en san salbador = mando se conpre otro tanto çenso que este en parte segura suljeto a la dicha capellaniay lo que costare se pague de mis bienes = y mas se paguen a los clerigos de san salbador de servicio de la dicha memoria dos mil maravedís que yo les devo del corrido y les encargo la conçienzia si no an dicho las misas que las digan

Yten declaro que doña maria noguerol [posiblemente familia de Francisco Noguerol de Ulloa, conquistador del Perú] mi segunda muger me dexo por heredero de sus bienes y por su testamento mando que se conprasen despues de mis dias diez mil maravedis de renta cada un año los quales fuesen para una memoria de dos anyversarios cada un año que an de deçir por su anima y la mia en la iglesia de santo tome [...]

Yten declaro que entre mi y martin lozano [sastre, marido de Catalina de Aranda] ay dares y romares y yo le tengo por tan buen amigo y cristiano que no dira mas de lo que yo le devo [...]

Yten declaro que yo tenya quenta con andres de sant miguel regidor [casado con María Vázquez de San Martín] que fue de esta villa ya difunto

Y asimismo luis de sant miguel su hixo y regidor desta villa me presto quarenta escudos de oro
Y para la quenta de lo uno y de lo otro el año pasado di al dicho luis de sant miguel honze cargas de trigo a çinquenta reales cada una [...]

Yten mando se de a doña luzia de najara beata en la visitaçion un abito que la mando la dicha doña maria noguerol = y porque asimismo mando otro abito a santo domingo beata y por ser difunta no se le puede dar mando que lo que valiere este abito se diga de misas por su anima [...]

Yten mando se den y paguen a doña francisca de montalvo mi sobrina hija de la dicha doña ynes mi hermana çiento ducados que la dicha doña maria noguerol la mando [...]

Yten mando se bea el testamento dela dicha doña maria noguerol y se cumpla todo [...]

Yten declaro quel ofiçio de regidor desta villa que yo tengo y sirbo le tengo renunziado en don gutierre de montalvo mi hijo que le a de aber por mil y çien ducados como pareze por escritura que en su favor tengo hecha [...]

Yten digo y declaro que yo he rezebido en dote con doña ynes de brizianos mi muger tres mil ducados los dos mil y seisçientos y tantos en dineros de contado los mil y quinientos ducados por mano de andres de san miguel de que di carta de pago que su hijo tiene en su poder = y otros quinientos ducados que me dio mi señora doña maria gonzalez mi suegra [...] y seisçientos y tantos ducados que me pagaron don miguel de briçianos abad desta villa y don alvaro briçianos su hermano hermanos de la dicha doña ynes de briçianos mi mujer [...]

Yten mando se paguen a la dicha doña ynes de briçianos mi mujer mil ducados que yo la prometi en arras [...]

Yten mando se paguen a antonio juarez de la concha marido que fue de mi querida hija doña francisca de bracamonte difunta duçientos ducados que le devo de lo que cupo a la dicha doña francisca mi hija de la legitima de doña maria de bracamonte su madre [...]

Yten mando se pague a los clérigos de santo tome todo lo que paresçiere que yo les devo del serbicio de las memorias la una de mi señora doña francisca perez de mercado mi madre = y otra de diego rodriguez de montalvo = y otra de doña ynes de castillo mi abuela [...]

Yten mando se pague a diego alderete y su mujer lo que yo les deviere de reditos de un zenso [...]

 Y para cumplir y pagar este mi testamento mandas y legatos del dexo por mis testamentarios a fernando de frias çeballos regidor desta villa y rodriguez ordoñez clerigo beneficiado en santa maria del castillo y a doña ynes de montalvo mi hermana y doña ynes de briçianos mi muger [...] dexo por mis universales herederos a don gutierre de montalvo mi hijo y a sebastian y antonio suarez mis nietos hijos del dicho antonio suarez y de francisca de montalvo mi hija y al dicho don gutierre de montalvo le declaro por legitimo por legitimo subcesor de los bienes y patronazgos que yo tengo de mis pasados padres y abuelos y parientes y de diego rodriguez de montalvo mi tio [...]

A.H.P.V. protocolos, leg. 7.922, fo. 34.



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