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PAPÁ (Javier Iribarren)



El día de su funeral cené con mamá en un mesón de los que se dicen jamoneros. Cuando concluyó la ceremonia buscamos un lugar para guarecernos de los mentideros creados en torno al pórtico de la parroquia. Amigos y conocidos de conocidos chismorreaban sin cuartel. Era su momento: “¡Cómo estaba la iglesia!”, “Muy bien este cura, eh”, “¡Solo nos vemos en funerales!”, “Que me voy ya, me alegro de verte”.
En el mesón estudié la carta con detenimiento: raciones, bocadillos fríos, los calientes, hamburguesas… Mamá, que tiene poca desenvoltura en los bares, me confió la iniciativa. Pedí dos bocadillos, el completo de jamón serrano, sin pimiento como lo prefirió ella, y el de cecina de Astorga con paté y aceite, que nos recomendó entusiasta el camarero. Los presentaron al cabo de cinco minutos, generosos y rotos en mitades, para facilitarnos el mordisco. Deliciosos los dos, vaya por delante, si convenimos a la hora de señalar el de cecina como excelente. Y así se lo hicimos saber al camarero, pues no dejaba de fisgar nuestros bocados en busca de una aprobación coral a su sugerencia. Bien a gusto me hubiera zampado otra mitad, y creo que mamá también, pero un conocido, otro más, se acercó a mostrar sus sentidos respetos a la viuda. Mamá ni siquiera se acordaba de su nombre, “el de la ferretería, sí, sí, claro”, pero verlo así de afectado, derramando la compostura entre sollozos, le causó algo de rubor.
Camino de casa retomamos el hilo del funeral. Mamá se atrevió a especular con cifras de asistentes y evocó con resignación socarrona las últimas voluntades de su marido, “Nada de misas ni sermones. Y tiráis mis cenizas al Ebro”.
Antes de retirarnos a dormir volvimos a coincidir en la cocina.
- ¿No te acuestas, hijo?
- Sí, ahora. Me he quedado con hambre. Voy a picar algo.
- Yo también tengo apetito, no te creas. ¿Queda algo de queso?
- En el “frigo” no. Lo terminé ayer.
- Hay en el balcón, creo.
- ¿Voy?
- Sí, por favor.
- Vale. Ahora vuelvo.
- ¡Luis!
- ¡Dime mamá!
- Coge también las nueces.



Javier Iribarren

UN PAR DE NOTAS CRÍTICAS SOBRE "INTERINO", LA PRIMERA NOVELA DE JAVIER IRIBARREN



Procuré retomar el ritmo de estudio, por enésima vez, aunque no fue sencillo. Tal vez convenga precisar aquí al lector que aunque no lo parezca el relato avanza, y hacia delante. Las correrías de un opositor no encierran asesinatos junto al lago, leyendas templarias ni secretos vaticanos. Es probable que no haya ni sexo. Auguro que no habrá película. (de "Interino". Javier Iribarren. Ediciones Eunate. Pamplona, 2014).
Pues no, no es cierto. Porque en "Interino" sí que hay película. Javier Iribarren nos presenta una apasionante novela de amor, humor y crítica social, que destapa los padecimientos y hasta los peores instintos humanos ante la lucha diaria por la supervivencia, y cómo esa lucha puede convertirse en una verdadera trampa. Su lectura suscita multitud de interrogantes, pero quizá el principal consista en cuestionar nuestras propias ambiciones: la naturaleza de las mismas y sus efectos, su legitimidad y, en todo caso, su verdadera conveniencia (su oportunidad). Buen punto de partida para una profunda reflexión sobre lo que la sociedad espera de nuestros jóvenes y ellos de la sociedad.
Estamos ante el crudo testimonio del suplicio padecido por esta juventud condenada al fracaso escolar o a discurrir por un eterno laberinto implacable y desesperanzado de estudio, disciplina y pobreza, difícilmente compatibles con la mínima estabilidad física y emocional que cualquier tipo de proyecto vital precisa. Panorama sólo roto por algún que otro escarceo casi siempre condenado al fracaso, bien sea por el extranjero (Londres, en este caso) para intentar buscar salidas y, de paso, aprender o perfeccionar otro idioma; bien por los bosques de una administración efímera, transitoria y provisional. Estudiante, opositor o interino, qué más da: la angustia es extrapolable a cualquier otra situación en que se hallan inmersos los jóvenes de hoy. Y este es el testimonio y esta la odisea: un relato verdaderamente dramático. ¿Cómo que no hay película?  
Y ya, en la perspectiva puramente formal o literaria, nos encontramos con una prosa exenta de experimentos lingüísticos o expresivos o de pretensiones líricas o poéticas, pero rigurosa y eficaz; de hecho, la narración mantiene un ritmo muy bueno con dosis, si no de un suspense hitchcockiano (inapropiado por lo demás para el género), sí de la necesaria tensión para atrapar la atención del lector, aderezada además con  pinceladas -ahí sí- de un lirismo nada pacato (y por tanto acorde con el tono narrativo) pero muy emotivo y salpicado de un humor muchas veces fino e inteligente. La trama está perfectamente estructurada y los personajes acertadamente definidos, lo que unido a ese logrado ritmo hacen de "Interino" una novela muy por encima de la mediocridad a la que  nos tiene acostumbrados el actual mercado literario .
Recomiendo, pues, su lectura: es interesante, emocionante, divertida y motivadora. Pero, además, lo dicho: contiene un vivo testimonio de nuestra época. Bueno, hoy, para la reflexión y, mañana, para el recuerdo aleccionador .


Lecturas hispánicas



LA NOVELA "INTERINO", DE JAVIER IRIBARREN, SE PRESENTA EN ZARAGOZA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES, DÍA 12


La novela de nuestro amigo Javier Iribarren, editada por Ediciones Eunate, será presentada en Zaragoza el próximo día 12 a las 19,30 en el Sala Cultural de Lilbrería Central (Corona de Aragón, 40). 


Interino es sinónimo de provisional, transitorio, fugaz. ¿Puede una persona llevar una existencia interina? Eduardo Iturralde es un joven universitario con nombre de árbitro y dificultades para pronunciar la erre. La timidez, parece, le viene de serie. Los proyectos que emprende, sean laborales o personales, no terminan de cuajar. “No acabas nada, hijo. Hay que ser más paciente en la vida”, le recuerda su madre.
Javier Iribarren
No parecen las mejores credenciales para estudiar una oposición, desde luego. Pero Iturralde es obstinado y la propia inercia de la vida le ha llevado por ese camino. Convertirse en alto funcionario de la Administración Foral de Navarra se convertirá a partir de entonces en su aspiración.
Un reto intelectual mayúsculo que el protagonista tratará de compaginar con su relación de pareja y con diversos empleos temporales al servicio de la Administración Pública. ¿Lo conseguirá? 
Una historia de superación que nace en el periodo de bonanza y profundiza en lo más profundo de la crisis actual. El testimonio (crudo testimonio) de lo que la sociedad actual depara a nuestros jóvenes. 
Javier Iribarren nace en Logroño en 1980. Es licenciado en Derecho y funcionario de la Administración de la Comunidad Autónoma de La Rioja. “Interino” es su primera novela.




INTERINO (Javier Iribarren)




Como tantos otros jóvenes del país padecíamos un ni­vel de inglés que, siendo amables, podíamos calificar de dis­creto. Alba no tanto, porque practicaba en la escuela de idiomas y de adolescente también había recalado un par de veranos en el seno de una familia irlandesa, pero yo chapu­rreaba el inglés al estilo de los indios ame­ricanos, sin orden ni concierto.
La iniciativa se gestó en la cabeza de Alba, claro. Una prima segunda suya llevaba medio año en Dublín, traba­jando en un hotel, y había alcanzado una fluidez con el idioma espectacular, siempre según Alba, que luchaba por venderme la moto. Lo que no me detalló es que su prima libraba un domingo cada quince días, que limpiaba las trein­ta y dos habitaciones de su planta cada mañana y que se había sumido en una depresión de caballo. Yo acaté la propuesta sin rechistar. Hasta me emocioné. En mi vida me hubiera planteado emigrar por motivos labora­les. De hecho, no estaba del todo disconforme con mi nivel de inglés. Sabía de mi déficit de comunicación, pero aún retenía un notable repertorio de vocabulario. Y los verbos irregulares, ¿cómo iba a olvidarme así por así del “forget, forgot, forgotten” o del “awake, awoke, awoken”?
Accedí, cómo no, porque era ella y era con ella. La hubiera seguido a Sudán, a Haití o a Nicaragua, a hacer po­zos, hospitales o blanqueo de capitales, me era indiferente. Alba quería que la acompañara y a mí se me saltaban las lágrimas.
Su idea pasaba por conseguir unos trabajos no excesi­vamente indignos, al estilo de unos grandes almacenes, un McDonald´s o un hotel, desde donde comenzar a resolver nuestras carencias idiomáticas. Según Alba, estas experien­cias estaban a la orden del día y una vez allí no tardaríamos en encontrar empleo, aunque mal remunerado, dada la natu­raleza de los sectores que barajábamos y nuestra experiencia acumulada en los mismos.
La duración de la estancia se revelaba incierta, pero un mínimo de ocho o diez meses se presumía como necesario para retornar con un nivel aseado. Además, quién sabe, tam­poco podíamos descartar de plano la opción de labrarnos una carrera profesional en la City, que para eso éramos li­cenciados en Derecho, juristas.
La exposición de la aventura causó sensación. Nuestras familias suponían que sus respectivos hijos estaban conge­niando con alguien, pero no conocían a ciencia cierta la identidad de las medias naranjas. La reacción de mis padres fue la prevista; mi madre se quedó pasmada y se dejó caer lentamente en el sofá; mi padre, menos preocupado, se des­cojonó. Fue un espejismo. A los tres segundos mamá se le­vantó encolerizada y rompió a gritar: que a ver qué me había creído yo, con veintidós años; que estaba atontado, que ni hablar; que qué era eso de irme a Inglaterra, y a vivir con una chica que ni les había presentado; y encima recién acabada la carrera, con nota, sin probar a buscar tra­bajo en ningún despacho o asesoría. De ninguna de las ma­neras. Tanteé con la mirada a mi padre, en su auxilio, pero este, que aún conservaba en sus labios el poso de la sonrisa, ya se había enfrascado en la búsqueda de las siete diferencias del pasatiempo del periódico. Lo dejé estar. Ya habría tiem­po de defender y maquillar los flecos. Y mi madre ten­dría que serenarse.
Los padres de ella respondieron con más temple. Alba era más independiente y había pasado por anteriores rela­ciones de pareja, así que no les alarmó mi presencia en el equipaje. Además a Carmen, su madre, le caí en gracia el día... 


Javier Iribarren
Interino
Ediciones Enate. Pamplona, 2014




LA NOVELA "INTERINO", DE JAVIER IRIBARREN, SERÁ PRESENTADA EN LOGROÑO EL PRÓXIMO MARTES, DÍA 22

La novela de nuestro amigo Javier Iribarren, editada por Ediciones Eunate, será presentada el próximo día 22 a las 19,30 en el Espacio Santos Ochoa (Doctores Castroviejo, 19, de Logroño). 


Interino es sinónimo de provisional, transitorio, fugaz. ¿Puede una persona llevar una existencia interina? Eduardo Iturralde es un joven universitario con nombre de árbitro y dificultades para pronunciar la erre. La timidez, parece, le viene de serie. Los proyectos que emprende, sean laborales o personales, no terminan de cuajar. “No acabas nada, hijo. Hay que ser más paciente en la vida”, le recuerda su madre.
Javier Iribarren
No parecen las mejores credenciales para estudiar una oposición, desde luego. Pero Iturralde es obstinado y la propia inercia de la vida le ha llevado por ese camino. Convertirse en alto funcionario de la Administración Foral de Navarra se convertirá a partir de entonces en su aspiración.
Un reto intelectual mayúsculo que el protagonista tratará de compaginar con su relación de pareja y con diversos empleos temporales al servicio de la Administración Pública. ¿Lo conseguirá? 
Una historia de superación que nace en el periodo de bonanza y profundiza en lo más profundo de la crisis actual. El testimonio (crudo testimonio) de lo que la sociedad actual depara a nuestros jóvenes. 
Javier Iribarren nace en Logroño en 1980. Es licenciado en Derecho y funcionario de la Administración de la Comunidad Autónoma de La Rioja. “Interino” es su primera novela.



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