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UNA ESCALERA QUE NO CONDUCE A NINGÚN SITIO (Antonio Buero Vallejo)



FERNANDO.—No es eso, Urbano. ¡Es que le tengo miedo al tiempo! Es lo que más me hace sufrir. Ver cómo pasan los días, y los años..., sin que nada cambie. Ayer mismo éramos tú y yo dos críos que veníamos a fumar aquí, a escondidas, los primeros pitillos... ¡Y hace ya diez años! Hemos crecido sin darnos cuenta, subiendo y bajando la escalera, rodeados siempre de los padres, que no nos entienden; de vecinos que murmuran de nosotros y de quienes murmuramos... Buscando mil recursos y soportando humillaciones para poder pagar la casa, la luz... y las patatas. (Pausa.) Y mañana, o dentro de diez años que pueden pasar como un día, como han pasado estos últimos..., ¡sería terrible seguir así! Subiendo y bajando la escalera, una escalera que no conduce a ningún sitio; haciendo trampas en el contador, aborreciendo el trabajo,.., perdiendo día tras día... (Pausa.) Por eso es preciso cortar por lo sano.

URBANO.—¿Y qué vas a hacer?

FERNANDO.-No lo sé. Pero ya haré algo.

URBANO.—¿Y quieres hacerlo solo?

FERNANDO.—Solo.

URBANO.—¿Completamente?

(Pausa.)

FERNANDO.-Claro.

URBANO.—Pues te voy a dar un consejo. Aunque no lo creas, siemprenecesitamos de los demás. No podrás luchar solo sin cansarte.

FERNANDO.-¿Me vas a volver a hablar del sindicato?

URBANO.-No. Quiero decirte que, si verdaderamente vas a luchar, para evitar el desaliento necesitarás...

(Se detiene.)

FERNANDO.—¿Qué?

URBANO.-Una mujer.



Antonio Buero Vallejo
Historia de una escalera



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