inicio

"LOS TRES" Y ELECTRA. LA CREACIÓN DE UN GRUPO GENERACIONAL BAJO EL MAGISTERIO DE GALDÓS (Lily Litvak)

-
-


Al grupo formado por Unamuno, Maeztu, Azorín y Baroja ha reducido Luis Granjel a la llamada generación del 98, estableciendo como límites de su existencia el período comprendido entre los años 1901 y 1904.
Es ya conocida la influencia que tuvieron sobre este grupo las campañas de Costa y su información sobre Oligarquía y caciquismo, y en general la ideología del regeneracionismo.


En efecto, a fines de 1901, en el mes de diciembre, Azorín, Baroja y Maeztu redactaron juntos un manifiesto de carácter estrictamente regeneracionista. Hay en estos momentos en España, dice el manifiesto, un gran número de jóvenes de ideas nuevas. Se subraya el hecho de que este grupo no tiene una orientación única, mas a pesar de esta disparidad de sentimientos y de ideas, hay entre todos los jóvenes, «los que defienden el principio democrático y los que lo atacan, entre los que sustentan soluciones socialistas y los que no creen sino en aquellas rabiosamente individualistas... un deseo altruista, común, de mejorar la vida de los miserables».

El manifiesto subraya que ese mejoramiento solo lo puede dar la ciencia, «única base inderruíble de la humanidad»:

Aplicar los conocimientos de la ciencia en general a todas las llagas sociales, unas comunes a todos los países, otras peculiares a España, es nuestro deseo. 

Poner al descubierto las miserias de la gente del campo, las dificultades y tristezas de la vida de millares de hambrientos, los horrores de la prostitución y el alcoholismo; señalar la necesidad de la enseñanza obligatoria, de la fundación de cajas de crédito agrícola, de la implantación del divorcio, como consecuencia de la ley del matrimonio civil.



Los redactores del manifiesto prometen propagar las soluciones encontradas, con todo entusiasmo defenderlas con la palabra y la pluma hasta producir un movimiento de opinión que pueda influir en las decisiones de los gobiernos.


Como se ve, en este documento se subrayaba una acción práctica y concreta con escaso compromiso teórico.
El regeneracionismo, efectivamente, ofrecía a los jóvenes muchas posibilidades de acercamiento por ser un movimiento que pretendía una serie de acciones prácticas concretas al margen de cualquier actividad o ideología estrictamente política. Era un movimiento que buscaba soluciones positivas y de carácter técnico y por lo tanto no representaba un compromiso ideológico serio, al mismo tiempo que ofrecía una vía de desahogo a los impulsos altruistas de aquellos jóvenes.

Es poco conocido, sin embargo, el período inmediatamente anterior a esta época regeneracionista del grupo del 98, y es interesante hacer notar que ya hacia 1900, Azorín, Baroja y Maeztu se habían asociado en un núcleo generacional con una viva conciencia del problema de España. Fue precisamente hacia 1900 cuando estos escritores formaron el grupo de «Los Tres», como acabarían por llamarse a sí mismos. Este grupo no acudió a Unamuno al parecer, ni como guía ni como compañero. Se caracterizaron por su virulencia anticlerical, y su guía la encontraron en Galdós.

La formación de «Los Tres» tuvo lugar tras el primer viaje de Pío Baroja a París, en 1899, cuando de regreso en España el escritor vasco escribió un importante texto aun no recogido por la crítica.
Es una segunda crónica sobre la literatura española publicada en la revista anarquista belga de A. Hamon, L'Humanité Nouvelle. Allí es donde por primera vez se expresa la primera manifestación de una conciencia de grupo, que habría así de fecharse a principios de 1900:


Hay ciertamente entre los jóvenes, trabajadores solitarios: tienen más ardor y fe que fortuna; pero sus obras caen en el vacío. Citemos entre otros a Miguel de Unamuno, profesor de la Universidad de Salamanca, uno de nuestros hombres más preclaros, que quiere inculcar en España el sentimiento religioso y la aversión al dogmatismo. Martínez Ruiz, trabajador infatigable y taciturno que tradujo Las Prisiones de Kropotkin y La Patria de A. Hamon. Ramiro de Maeztu, autor del libro Hacia otra España, niño terrible, adepto ardiente de Nietzsche y defensor de toda clase de paradojas.



Como puede notarse, esta conciencia generacional, estaba basada esencialmente en la sensación de compartir unos mismos ideales inconcretos aun y un mismo deseo por algún tipo de actuación para mejorar una situación nacional que a los jóvenes intelectuales de la época les parecía totalmente insatisfactoria. La vaguedad de los programas que el nuevo grupo proponía y el rechazo que hacían de la mayor parte de los dogmas políticos, es más comprensible si se tiene presente que tanto Maeztu como Azorín habían ya actuado en política de manera entusiasta, y ambos habían sufrido una profunda desilusión.


En su búsqueda de un maestro y guía, el nuevo grupo descubrió a Galdós y adoptó una actitud furiosamente anticlericalista. El 29 de enero de 1901 se celebró el ensayo general de la Electra de Galdós, estrenado al día siguiente. A aquel estreno acudió la vanguardia de la juventud literaria y, como veremos, este acontecimiento se convirtió en la bandera política de la nueva generación.

No entraremos aquí en una descripción detallada de los hechos provocados por el estreno de Electra pues ya han sido descritos suficientemente.


Nos reduciremos a citar y comentar algunos textos olvidados que tienen bastante interés histórico y a reproducir fragmentos de artículos de los jóvenes del 98 imprescindibles para comprender su postura política.


La importancia que tuvo Electra es fundamental. Es una editorial que con motivo de la reposición del drama en Madrid apareció en el periódico El País, se juzga el significado y la trascendencia del anticlericalismo del drama. Antes de 1901, dice El País, el anticlericalismo, la frailofobia y la irreligiosidad eran consideradas como cosa de mal gusto, propias de El Motín y de las dominicales, como «ideologías de Salmerón y rarezas de D. Francisco Pi Margall», únicas personas que con El País mantenían en el orden religioso la tradición revolucionaria. El malestar nacional provocado por el clericalismo no inquietaba a los políticos españoles. Fue preciso que en París «brillara» Waldec-Rousseau, para que las clases directoras se espantaran de la realidad.
Fue entonces, concluye El País

cuando Romero Robledo abominó de lo que llamó invasión frailuna, y entonces fue cuando el inmenso novelista se dejó de Misericordias, para coger de la espetera la pluma gloriosa con que escribiera Gloria, Doña Perfecta y La familia de León Roch, y entonces fue cuando Romero Robledo, Sagasta y Canalejas combatieron la boda de la princesa de Asturias... y el pueblo mezclando lo teatral, Electra, con la realidad del proceso de la Srita. Ubao y la boda —91→ de la princesa, se lanzó a la calle y derribó al Gobierno de Azcárraga... ¡Qué triunfo! Galdós fue aclamado con frenesí. Como tardara en salir a la escena, Ramiro de Maeztu saltó de las butacas al escenario, anheloso de abrazarlo y de mostrarle a la enloquecida multitud.
 

Electra centró el entusiasmo de la joven generación. El número del 31 de enero de El País estuvo en su mayor parte dedicado a los comentarios que sobre Electra escribió la juventud literaria. Colaboraron con interesantes textos de contenido bastante aproximado Camilo Barliega, Ovejero, Verdes Montenegro, Manuel Bueno, Jacinto Benavente, Picón, Palomero, Adolfo Luna, Luis Bello y Gregorio Martínez Sierra. Es interesante el que Valle Inclán participara plenamente en este entusiasmo, compatible con su acercamiento al carlismo.

Debemos subrayar que los comentarios más interesantes se debieron a Maeztu, Azorín y Baroja. Maeztu describe el entusiasmo de los jóvenes en el estreno: «Aparece en escena el jesuita y estallan nuestros odios comprimidos... ¡Santo ateísmo de la raza!» Conjura después a todos los jóvenes de Madrid, de Barcelona, de América y de Europa para que se agrupen en torno del escritor «que todo lo tenía y todo lo ha arriesgado por una idea... el hombre de la ciencia, del cálculo y la exactitud, la inteligencia fría e impasible»,
de Galdós.

Azorín cree ver en «la divina Electra» al símbolo de la España rediviva y moderna. Encuentra en el drama una señal del rejuvenecimiento de España, una prueba de que «la vieja patria retorna de su ensueño místico y va abriéndose a las grandes iniciativas del trabajo y la ciencia», de que va «del convento a la fábrica y del altar al yunque». En Electra Azorín saluda a una nueva religión cuyo profeta es Galdós, «el estruendo de los talleres sus himnos; las llamaradas de las forjas sus luminarias».


El comentario más extenso y también el más importante para nosotros es el de Baroja, aparecido como fondo editorial. «Galdós ha saltado de las cimas de Dickens a las infinitas alturas de Shakespeare.» Según él, es Galdós quien ha auscultado el mal de España y ha iniciado su remedio, remarcando la falta de ortodoxia del plan de acción a seguir: «y no porque sea éste un plan ni un dogma ni una fórmula, sino porque es entusiasmo, rebeldía, amor, fe...» Baroja constata que hay en su generación ideales vagos, sin plan determinado: «una ansia inconcreta, un ideal sin forma, algo vago, indeterminado, que solicita nuestra voluntad sin rumbo fijo». Habla de la falta de un plan de acción:


Estos jóvenes, sabemos que debemos hacer algo y no sabemos qué, sabemos que hay una luz, pero no sabemos dónde; tenemos la aspiración de concretar nuestros ideales para encontrar el elemento común que nos une a todos los rebeldes y no lo encontramos; sentimos la necesidad de que nuestros anhelos tomen carne espiritual, se hagan conciencia 
Subrayando a continuación la forma en que Galdós y Electra han dado forma a estos vagos anhelos:

y por una extraña paradoja, los alientos de juventud, las vibraciones de nuestro espíritu, van a formar un nido en el alma del novelista que tiene fama de indiferente, de pío, de hombre que clasifica las almas como un botánico clasifica las flores.

Hoy en Galdós nuestras afirmaciones han tomado conciencia, mañana quizá adquieran en otro voluntad... En Electra, el rebelde vence al creyente, pero no lo aniquila, no lo mata; sabe que en el cerebro de su contrario hay una idea grande también, y que esa idea no puede —92→ morir por la violencia. La obra de Galdós, en un país como el nuestro, que no es más que un feudo del Papa... es una esperanza de purificación, es la visión vaga de la Jerusalem nueva que aparece envuelta en nubes.

El Galdós de hoy, el Galdós vidente adquiere ante nosotros, ante la juventud que busca un ideal y no lo encuentra, un compromiso grave, una terrible responsabilidad, no impunemente se puede ser la conciencia de una multitud.
 
Este comentario de Baroja es el más consciente de la problemática generacional. Debemos aceptar el hecho de que este escritor, uno de los que más han negado la existencia del grupo del 98, fuera precisamente en este momento casi un portavoz de la juventud, y, como hemos visto, el primero que en 1900 describió el nacimiento de esta conciencia y reunió los nombres de Maeztu, Azorín y Unamuno.

No nos debe extrañar, por ello, el hecho de que fuese precisamente Baroja quien formuló un programa publicado a los pocos días del estreno de Electra en una revista totalmente desconocida hasta ahora, Nueva Vida, de la que solo conocemos un número,
que probablemente quiso inaugurar una segunda época de Vida Nueva. Bajo una dedicatoria a J. Martínez Ruiz, el programa hablaba en los siguientes términos:

No aspiramos a ser hombres de acción, sino hombres de representación. ¿Qué os daremos? Una ansia dolorosa, un anhelo inconcreto por un Ideal también inconcreto, un deseo de algo grande.

Seguramente, no tenemos fórmulas nuevas para resolver el problema social, no conocemos la receta para llevar la felicidad a los hombres ni el secreto para intensificar el arte. Si podemos, queremos turbar las conciencias, remover los espíritus, sacudir con flagelaciones la voluntad. Que las almas queden abiertas, para que germine y fructifique el Ideal nuevo.
 

Este programa nos ayuda a comprender porqué Baroja se convirtió precisamente en portavoz de este momento. Tanto Maeztu como Azorín habían ya participado en política con un ideario concreto antes de 1900. Baroja era el único que nunca había llegado a comprometerse a ninguna ideología y era por lo tanto la persona más adecuada para poder exponer ese impulso vago hacia algo nuevo nacido de sentimientos generosos carcomidos de escepticismo. Maeztu y Azorín habían llegado solo tras su paso por el activismo a una postura muy similar a la de su común amigo, que por ello adquiría a sus ojos un nuevo valor simbólico.

La adhesión de Azorín a Galdós fue menos firme que la de los otros dos escritores. Así, el 9 de febrero de 1901, publicó en Madrid Cómico el artículo «Ciencia y fe», dedicado a Clarín,
donde se vuelve a plantear el problema de la inanidad de todo lo existente y de la futilidad de toda acción.

Este artículo provocó una violentísima crítica de Maeztu, aparecida en el mismo periódico
con el título de «Electra y Martínez Ruiz», donde acusa a Azorín de jesuita. Para Maeztu el artículo de Azorín no era sino «una repetición de esos tópicos vulgares... y de esas estúpidas palabras huecas; eternidad, infinito, saber absoluto, fe, etc., etc., con que la metafísica escolástica conturba las inteligencias infantiles o cansadas».


La admiración de la juventud por Galdós tomó finalmente forma en la creación de la revista Electra cuyo primer número es el del 16 de marzo de 1901 y de la que llegaron a aparecer un mínimo de siete números, siendo el último el del 27 de abril del mismo año. En el número inaugural, Galdós publicó una carta a la juventud animándola en su tarea.
En esta revista, los principales colaboradores fueron Baroja, Azorín y Maeztu, aunque también se publicaron textos de Unamuno, Benavente, Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán, Corominas, Antonio Machado, Timoteo Orbe, Gabriel Alomar y otros escritores del momento. Se trata sin duda de uno de los órganos más importantes de la juventud literaria y su carácter ideológico le señala un lugar importante en las publicaciones que definen a la generación del 98. Señala el momento en que esta generación existió bajo el total patrocinio y guía de Galdós.

El tono de la mayor parte de las colaboraciones era de virulenta denuncia. Maeztu escribió allí textos brasfemos como «Cuatro frescas»;
Martínez Ruiz contestaba a las acusaciones de que había sido objeto en artículos tan antirreligiosos como «La España católica», y atacaba duramente a la Compañía en «Los jesuitas», donde mostraba lo injusto que había sido Maeztu en sus acusaciones. Baroja se mostraba anticlerical y arbitrista en artículos como «Política experimental», y en varias críticas de carácter estético.

Tras Electra, que fue de poca duración, quedó constituido el grupo de «Los Tres», si bien parece que más tarde se desilusionaron con Galdós porque este escritor no mantuvo una actividad política constante. A fines de 1901, en el mes de diciembre redactaron juntos el manifiesto que hemos citado al principio de este artículo, cuyo programa pertenece ya a un período diferente. A una segunda época de la generación del 98 determinada por la ideología del regeneracionismo.



Lily Litvak

(Universidad de Texas en Austin)
Anales Galdosianos, Año VIII (1973)
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Entradas relacionadas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...