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LÓPEZ VELARDE: La mejor antología de su prosa



Sé poeta, aun en prosa, exigía Baudelaire como exigía ser sublime sin interrupción. Puede que ambos consejos signifiquen lo mismo. Lo cierto es que el poeta y ensayista mejicano Marco Antonio Campos, que nos recuerda el primero, dice que Ramón López Velarde (1888-1921), al igual que Borges o Neruda, lo cumplió de manera ejemplar y que 'El minutero' es uno de los libros clásicos mejicanos de poemas en prosa y prosas poéticas de nuestro siglo XX, añadiendo que ninguna obra de ningún poeta mejicano es más secreta que la de él, y que en sus mejores instantes, en prosa o en poesía, hay una luz que nos deslumbra y una sombra que no logramos aclarar o develar ("El tigre incendiado", 2005). 
Pero es tanto lo que se ha dicho sobre la obra de López Velarde y de plumas tan autorizadas, que resulta vano el intento de aportar algo nuevo. Así que nos limitaremos a transcribir otras dos breves pero eminentes alusiones. Octavio Paz tiene dicho que "la poesía moderna nace en Hispanoamérica antes que en España (con la única y gran excepción de Gómez de la Serna) y que uno de sus iniciadores es López Velarde. Con él empieza una visión de las cosas que todavía seduce a espíritus tan opuestos como Jorge Luis Borges y Pablo Neruda. La mirada que se mira, el saber que se sabe saber, es el atributo (la condenación, sería más justo decir) del poeta moderno". Y Pablo Neruda destacó "el líquido erotismo de su poesía que circula en toda su obra como soterrado, envuelto por el largo verano, por la castidad dirigida al pecado, por los letárgicos abandonos de alcobas de techo alto en que algún insecto sonoro interrumpe con sus élitros la siesta del soñador".
Aunque también son numerosas las ediciones de la exigua pero importante obra del consagrado poeta mejicano, abundan menos las referidas a su prosa. De hecho, la recopilación póstuma "El minutero" es el único volumen ―más que concebido, casi― insinuado como tal por el propio autor. El resto de su prosa anduvo dispersa por variadas publicaciones periódicas y fue "El don de febrero y otras prosas", edición a cargo de Elena Molina Ortega (Méjico, 1952), el trabajo que culminó una ingente investigación de anteriores estudiosos, marcando un hito editorial por la importante labor de recopilación de casi un centenar de textos y documentos. Admirable trabajo pero frágil, según la crítica, por el desorden y las importantes ausencias que, aún así, contenía.  Además, ulteriores investigaciones sacarían a la luz nuevas prosas olvidadas, destacando las recogidas en 1961 por Allen W. Phillips en su estudio "Reproducción y comentario de algunas prosas olvidadas de Ramón López Velarde" (Revista Iberoamericana, núm. 51, 1961).  En 1971, cincuen-tenario del fallecimiento de nuestro autor, José Luis Martínez publica la primera edición crítica, cuidada y ordenada, de toda su poesía y prosa bajo el genérico título "Obras", edición posteriormente aumentada y mejorada.  Ya en 1998, este mismo investigador publicará seguramente la más importante antología de López Velarde: "Obra poética", con quince prosas poéticas bajo el título "El don de febrero y otras crónicas".  Finalmente es de reseñar el portal que desde el año 2010, en internet, le dedica la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes bajo la dirección de Alfonso García Morales, encargado además de otra importante antología: "Prosas dispersas (selección)", en que se recogen treinta, entre ellas algunas de las quince de la selección de José Luis Martínez de 1998.
Lecturas hispánicas se complace, no obstante, en editar hoy la que creemos es la mejor y más completa antología impresa de la prosa poética de Ramón López Velarde, ya que publicamos aquí todas las prosas que conforman "El minutero"; las "Prosas dispersas (selección)", recopiladas por García Morales en 2010, incluidas las de "El don de febrero y otras crónicas" de José Luis Martínez no incluidas en aquella; y, además, otras diez de las reproducidas por W. Phillips en su ya mentada publicación de 1961. Un total, pues, de cuarenta textos entre los que ―junto con los veintiocho de "El minutero"―, se cuentan, sin duda, las mejores prosas poéticas de López Velarde.  El resto, la mayoría de crítica literaria, también hemos decidido incluirlos por la luz que pueden aportar sobre la visión crítica y la propia poética de nuestro autor. 
Tentados hemos estado de presentar esta antología separando las prosas poéticas de los demás textos, pero nos ha parecido mejor seguir el criterio cronológico, con menciones expresas a las fechas y los diarios en que fueron publicados, así como a los seudónimos ocasionalmente utilizados por López Velarde. Entendemos que se da así una visión más ordenada de la evolución del poeta que en absoluto obsta a la distinción, por lo demás evidente, de la naturaleza literaria del texto que no se le escapará ni al lector menos curtido, ya desde la primera línea de cada prosa cuando no desde el propio título que la encabeza.



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"YO FUI WALT WHITMAN" (CAMDEN, J. L. BORGES, 1892)





El olor del café y de los periódicos.
El domingo y su tedio. La mañana
y en la entrevista página esa vana
publicación de versos alegóricos

de un colega feliz. El hombre viejo
está postrado y blanco en su decente
habitación de pobre. Ociosamente
mira su cara en el cansado espejo.

Piensa, ya sin asombro, que esa cara
es él. La distraída mano toca
la turbia barba y la saqueada boca.

No está lejos el fin. Su voz declara:
casi no soy, pero mis versos ritman
la vida y su esplendor. Yo fui Walt Whitman.



J. L. Borges
1892






EN LA TUMBA DE MI HIJO (Diógenes Antonio ARRIETA)


                                                              VOLVER A DIÓGENES A. ARRIETA


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¡Espejismos del alma dolorida!...
¡Hermosas esperanzas de la vida
Que disipa la muerte con crueldad!
Para engañar las penas nos forjamos
Imágenes de dicha, y luego damos
Á la Ilusión el nombre de Verdad.

Aquí te llamo y nadie me responde:
Sorda y cruel, la tierra que te esconde
Ni el eco de mi voz devolverá.
Así la Eternidad: sombría y muda,
El odio ni el amor, la fe y la duda
En sus abismos nada alcanzarán.

Otros alienten la creencia vana
De que es posible á la esperanza humana
De la muerte sacar vida y amor.
Si es cruel la verdad, yo la prefiero...
¡Me duele el corazón, pero no quiero
Consolar con mentiras mi dolor!

¡Hijo querido, la esperanza mía!
Animaste mi hogar tan sólo un día,
No volvemos á vernos ya los dos...
Pues que la ley se cumpla del destino:
Tomo mi cruz y sigo mi camino...

¡Luz de mi hogar y mi esperanza, adiós!



Diógenes Antonio ARRIETA

 (1848-1897)



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NOCTURNO a Rosario de la Peña (Manuel Acuña Narro)


Rosario de la Peña y Llerena

I
¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II
Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

III
De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

V
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Qué quieres tu que yo haga
con este corazón?

VI
Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

VII
¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

VIII
¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no mas por ti.

IX
¡Bien sabe Dios que ese era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!


Manuel Acuña


APUNTE CALLEJERO (Oliverio Girondo)


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En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana. 
Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda... 
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.


Oliverio Girondo
Veinte poemas para ser leídos en el tranvía
1922

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VEINTE POEMAS PARA SER LEÍDOS EN EL TRANVÍA (Oliverio Girondo)


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¡Qué quieren ustedes!... A veces los nervios se destemplan... Se pierde el coraje de continuar sin hacer nada... ¡Cansancio de nunca estar cansado! Y se encuentran ritmos al bajar la escalera, poemas tirados en medio de la calle, poemas que uno recoge como quien junta puchos en la vereda. 

Lo que sucede entonces es siniestro. El pasatiempo se transforma en oficio. Sentimos pudores de preñez. Nos ruborizamos si alguien nos mira la cabeza. Y lo que es más terrible aún, sin que nos demos cuenta, el oficio termina por interesarnos y es inútil que nos digamos: "Yo no quiero optar, porque optar es osificarse. Yo no quiero tener una actitud, porque todas las actitudes son estúpidas... hasta aquella de no tener ninguna"... 

Irremediablemente terminamos por escribir: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. 

¿Voluptuosidad de humillarnos ante nuestros propios ojos? ¿Encariñamiento con lo que despreciamos? No lo sé. El hecho es que en lugar de decidir su cremación, condescendemos en enterrar el manuscrito en un cajón de nuestro escritorio, hasta que un buen día, cuando menos podíamos preverlo, comienzan a salir interrogantes por el ojo de la cerradura.  

¿Un éxito eventual sería capaz de convencernos de nuestra mediocridad? ¿No tendremos una dosis suficiente de estupidez, como para ser admirados?... Hasta que uno contesta a la insinuación de algún amigo: "¿Para qué publicar? Ustedes no lo necesitan para estimarme, los demás...", pero como el amigo resulta ser apocalíptico e inexorable, nos replica: "Porque es necesario declararle como tú le has declarado la guerra a la levita, que en nuestro país lleva a todas partes; a la levita con que se escribe en España, cuando no se escribe de golilla, de sotana o en mangas de camisa. Porque es imprescindible tener fe, como tú tienes fe, en nuestra fonética, desde que fuimos nosotros, los americanos, quienes hemos oxigenado el castellano, haciéndolo un idioma respirable, un idioma que puede usarse cotidianamente y escribirse de americana», con la «americana» nuestra de todos los días..." Y yo me ruborizo un poco al pensar que acaso tenga fe en nuestra fonética y que nuestra fonética acaso sea tan mal educada como para tener siempre razón... y me quedo pensado en nuestra patria que tiene la imparcialidad de un cuarto de hotel, y me ruborizo un poco al constatar lo difícil que es apegarse a los cuartos de hotel. 

¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1.071% veces más de lo que debieran publicar?... Yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua. Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que me babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. ¡Prueba de existencia! 

Lo cotidiano, sin embargo, ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? Y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura? ¿Por qué no ser pueriles, ya que sentimos el cansancio de repetir los gestos de los que hace 70 siglos están bajo la tierra? Y ¿cuál sería la razón de no admitir cualquier probabilidad de rejuvenecimiento? ¿No podríamos atribuirle, por ejemplo, todas las responsabilidades a un fetiche perfecto y omnisciente, y tener fe en la plegaria o en la blasfemia, en el albur de un aburrimiento paradisíaco o en la voluptuosidad de condenarnos? ¿Qué nos impediría usar de las virtudes y de los vicios como si fueran ropa limpia, convenir en que el amor no es un narcótico para el uso exclusivo de los imbéciles y ser capaces de pasar junto a la felicidad haciéndonos los distraídos? 

Yo, al menos, en mi simpatía por lo contradictorio -sinónimo de vida- no renuncio ni a mi derecho de renunciar, y tiro mis Veinte poemas, como una piedra, sonriendo ante la inutilidad de mi gesto. 


Oliverio Girondo
Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, 
París, diciembre de 1922





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CANCIONES DE LOS INDIOS NORTEAMERICANOS (Versión de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal)





CANCIÓN SIOUX
Vete a la guerra;

cuando hayas triunfado
me casaré contigo.

CANCIÓN CHINOOK
Ninguna cosa ahora turbará mi alma.
No me hables. 
Ojalá estuviera muerta con mi hermana.

CANCIÓN CHINOOK
No me importa
si tú me dejas.
Muchos muchachos bellos 
hay en el pueblo.
Pronto tendré a otro.
No es difícil para mí.


CANCIÓN YAQUI
Muchas flores bellas, rojas, azules, y amarillas
Decimos a las muchachas: “Vamos a pasear entre lasflores.
”El viento viene y mece las flores.
Las muchachas son como ellas cuando danzan.
Unas son flores grandes y abiertas,
otras son florcitas pequeñas.
Los pájaros aman al sol y las estrellas.
El olor de las flores es muy dulce.
Las muchachas son más dulces que las flores.

CANCIÓN YAQUI
En verano vienen las lluvias y nace la hierba

Es la época en que el ciervo tiene cuernos nuevos.

CANCIÓN DE LOS INDIOS PAPAGO
Mientras corría me encontré un mexicano que me dijo“
¿Cómo está usted?”
Mientras corría me encontré un mexicano barbudo queme dijo“
¿Cómo está usted?”

CANCIÓN DE LOS INDIOS PAPAGO
Me levanté temprano
en la mañana azul;
mi amor se había levantado antes que yo,
vino corriendo hacia mí desde las puertas del alba.
En la Montaña Papago
la presa moribunda
me miraba con los ojos de mi amor.

CANCIÓN APACHE
En el sur
donde están los arrecifes de conchas blancas,
donde todas las frutas están maduras,
nos encontraremos los dos.

Allá donde están los arrecifes de corales,
nos encontraremos los dos.
Donde las frutas maduras están fragantes,
nos encontraremos los dos.

SORTILEGIO DE LOS INDIOS PAPAGO
¿Cómo empezaré mis cantos
en la noche azul que está llegando?

En la gran noche mi corazón saldrá afuera,
las sombras vienen hacia mí sonando.
En la gran noche mi corazón saldrá afuera.


SORTILEGIO DE LOS INDIOS YUMA
La lechuza silbó y habló de la estrella de la mañana.
Silbó otra vez y habló de la aurora.


SORTILEGIO DE LOS INDIOS YUMA
El chinche de agua atrae hacia sí las sombras de la tarde
sobre el agua.


CANCIÓN DE LOS INDIOS NAVAJOS
¡La urraca! ¡La urraca! Debajo
en lo blanco de sus alas están los rastros de la mañana.
¡La aurora! ¡La aurora!


CANCIÓN DE LOS INDIOS NAVAJOS
La ardilla con su camisa está allá de pie.
La ardilla con su camisa está allá de pie.
Esbelta, está allá de pie; rayada, está allá de pie.


CANCIÓN DE LOS INDIOS HAIDA
Hermosa es ella, esta mujer,
como flor de montaña;
pero fría, fría, es ella,
como los ventisqueros
donde crece.


CANCIÓN DE LOS INDIOS ZUÑI
La cigarra, la cigarra tocando la flauta,
la cigarra, la cigarra tocando la flauta.
Allá arriba en la rama de pino,
pegada allí,
tocando la flauta,
tocando la flauta.


CANCIÓN DE LOS INDIOS PAWNEES
Mira cómo suben, cómo suben
sobre la línea donde el cielo se junta con la tierra:
¡Las Pléyades!
¡Ah! Ascendiendo, vienen para guiarnos,
para irnos cuidando, que seamos uno;
Pléyades,
Enseñadnos a estar, como vosotras, unidos.


CANCIÓN SIOUX DE LOS ANIMALES
Sobre la tierra
canto por ellos, 
una nación de caballos,
canto por ellos.
Sobre la tierra
canto por ellos,
los animales,
canto por ellos.


DANZA DEL ESPÍRITU DE LOS INDIOS SIOUX
Todo el mundo viene.
Una nación viene, una nación viene,
el Águila trajo el mensaje a la tribu.
El padre lo dijo, el padre lo dijo.
Por toda la tierra vienen.
Los búfalos vienen, los búfalos vienen,
el Cuervo trajo el mensaje a la tribu.
El padre lo dijo, el padre lo dijo.


DANZA DEL ESPÍRITU DE LOS INDIOS ARAPAJOS
Mi padre no me reconoció,
mi padre no me reconoció,
cuando me vio de nuevo,
cuando me vio de nuevo,
me dijo: “Tú eres el hijo de un grajo.
”Me dijo: “Tú eres el hijo de un grajo.”



CANCIÓN DE LOS INDIOS KIOWA
Los haraganes y los cobardes están ahora en sus casas,
pueden ver a los suyos siempre que quieren.
Oh, los haraganes y los cobardes están ahora en sus casas.
Pero el mancebo que yo amo se fue a la guerra, lejos de aquí.
Cansado, solitario, está pensando en mí.


CANCIÓN DE LOS INDIOS MENOMINEE
Llegará un día en que pensarás en mí y llorarás,
amor mío.


CANCIÓN CHIPPEWA
En vano deseas que te busque a ti;
vengo a ver a tu hermana menor.


CANCIÓN CHIPPEWA
Voy a entrar en la morada de alguien.
En la morada de alguien voy a entrar.

A tu morada, mi amada,
una noche voy a entrar, voy a entrar.
Una noche en invierno, mi amada,
a tu morada voy a entrar, voy a entrar.
Esta misma noche, mi amada,
a tu morada voy a entrar, voy a entrar.

CANCIÓN CHIPPEWA
Yo creí que era un pato,
pero era el remo de mi amado en el agua.
Él se ha ido a Sault Ste. Marie,
mi amado se fue delante de mí,
nunca lo volveré a ver.
Yo creí que era un pato,
pero era el remo de mi amado en el agua.


CANCIÓN CHIPPEWA
Aunque él lo dijo
todavía 
me enternezco
cuando pienso en él.


CANCIÓN CHIPPEWA
Mientras mis ojos recorren la pradera
siento el verano en la primavera.


CANCIÓN MIDÉ
DE LOS INDIOS CHIPPEWAS
En verdad,
el cielo se aclara
cuando mi tambor Midé
resuena para mí.
En verdad,
las aguas se calman
cuando mi tambor Midé
resuena
para mí.

CANCIÓN MIDÉ
DE LOS INDIOS CHIPPEWAS
El sonido se apaga.
Es de cinco sonidos.
Libertad.
El sonido se apaga.
Es de cinco sonidos.



José Coronesl Urtecho
Ernesto Cardenal
Antología de la poesía norteamericana
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HUBO UN NIÑO QUE IBA POR DELANTE, TODOS LOS DÍAS (Walt Whitman, en la versión de Ángel Ferrer)






Hubo un niño que iba por delante, todos los días,
Y la primera cosa que miraba y aceptaba con asombro o piedad o amor o temor
en ella se convertía,
Y la cosa se convertía en parte de él durante el día, o más ciertamente,
durante parte del día,
y no por muchos años o largos ciclos de años

Las primeras lilas, eran parte de este niño... y la hierba... y las blancas y rojas enredaderas en flor,
y el blanco y rojo trébol y el canto del mosquero,

Y los corderos nacidos en marzo... y el tenue rosa de la marrana ensuciada... y el potro de la yegua y el ternero de la vaca... y los ruidosos polluelos del corral o junto al fango del estanque... y los peces suspendiéndose curiosamente a continuación...
y el hermoso y curioso líquido elemento... y las plantas acuáticas, con sus gráciles y exactas cabezas, todo se convertía en parte de él

Y los campos de coles de abril y mayo se convertían en parte de él...
y los brotes de coles de Bruselas y los de luz amarilla del maíz y los de las raíces comestibles del jardín... y los manzanos en flor y su fruto más tarde... y las bayas que cubren su madera...
y las frecuentes malas hierbas que cubren los caminos;

Y el viejo borracho haciendo eses hacia su casa desde el retrete de la taberna, de donde acaba de levantarse...y el profesor que se cruzaba en su camino hacia la escuela...y el acogedor ambiente de los muchachos que pasan...y los pendencieros chicos...y las aseadas e insolentes muchachas
y el muchacho y la muchacha negros, con los pies descalzos;
Y todos los cambios de la ciudad y el campo, dondequiera que se dirigiese

Sus propios padres, le habían impelido la cosa paterna por la noche... y fue engendrado y ella le concibió en su útero y le hizo nacer... le dieron a este niño, más de lo que ellos eran,
le dieron más tarde, todos los días... ellos, se convirtieron en parte de él,

La madre en casa, tranquilamente poniendo los platos en la mesa,
la madre de dulces palabras... limpiando su gorro y su túnica... un sano olor descendiendo de su persona y su ropa, mientras camina por:

El padre, fuerte, autónomo, varonil, poco caritativo, disgustado, injusto...
El golpe repentino, la rápida y estridente palabra, el hermético pacto, la artificiosa persuasión...
las tradiciones familiares, el lenguaje, la compañía, el mobiliario...el ilusionado y henchido corazón,

El afecto que no era necesario ganar...la sensación de lo que es real... la idea de que si después de todo, lo que debería ser resulta irreal,

Las dudas durante el día y durante la noche... el escudriñador, si...  y el cómo... si lo que parece ser es así... o ¿todo son flashes y manchas?

Hombres y mujeres desplazándose rápidamente por las calles... si ellos no son flashes y manchas, ¿qué son?

Las mismas calles y las fachadas de las casas.... las mercancías en los escaparates... carruajes trabajando en equipo... los muelles por niveles y el gran cruce de los transbordadores...
la aldea bajo la montaña vista de lejos en la puesta de sol... en río en medio,

Sombras, aura y niebla... la luz cayendo por los tejados y los aleros de blanco o marrón, tres millas por encima... la cercana goleta emergiendo cuando baja la marea... el pequeño bote holgadamente remolcado marcha atrás,
las olas dando tumbos aprisa y rápidos saltos... y abofeteando; ...los estratos de coloreadas nubes....
El largo horizonte de tintes granate, solitario de por sí... la extensión de pureza en la que flota inmóvil, su filo... el cuervo marino volando....la fragancia de la salina y el cieno de la playa:
Todo esto se convirtió en parte de este niño, que iba aventurado cada día y que ahora lo hace y lo hará cotidianamente... y estas cosas se convertían en parte de aquel o aquella que las lee ahora con detalle.



Walt Whitman
Hojas de hierba
(Traducción: Ángel Ferrer)


ORACIÓN A LA VIDA: Un poema de Lou Andreas-Salomé con música de Nietzsche



Montaje de vídeo: Lh



Igual que cada amigo ama a su amigo,
así te amo yo a ti, vida enigmática.
Tanto si me haces gritar de gozo que llorar,
tanto si me das penas o placeres.
Yo te amo en la aflicción y en la alegría.
Y si alguna vez quieres acabar conmigo,
me arrancaré de tus brazos con dolor
como se arranca el amigo del pecho de su amigo


Con todas mis fuerzas yo te abrazo.
Deja que en tu llama arda mi espíritu.
Y que en el fragor de la lucha
encuentre yo la clave al enigma de tu ser.
Quién tuviera siglos para existir, para pensarte.
Abrázame con fuerza entre tus brazos.
Si no te queda ya felicidad que darme,
de acuerdo, dame ese sufrimiento que aún te queda.



Lou Andreas-Salomé



La traducción es de Antonio Pau y la hemos sacado de su conferencia en la Fundación Juan March sobre Lour Andreas-Salomé, mujer de enorme influjo en hombres de tanta talla intelectual y sensible como Nietzsche (quien en una faceta menos conocida de su vida puso músic a este poema) o Rainer María Rilke.

Una interesante semblanza sobre esta mujer puede escucharse en la referida conferencia de Antonio Pau

Antonio Pau, sí, viejo conocido nuestro puesto que en una de las páginas de nuestro blog  "desde mi barricada" hacemos referencia, precisamente, a otra de sus conferencias en la Fundación Juan March sobre Rilke (pinchar aquí).


Lecturas hispánicas






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Ir a la conferencia
de Antonio Pau sobre Lou Andreas-Salomé,
que concluye con la lectura/traducción
de este poema,
pinchando aquí

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

Foto: Katia Feltrin






De padres cubanos —él republicano del Partido Reformista, ella de la familia del vizconde de Bonald—, estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y naútica y astronomía en Cádiz. En estos mismos años comenzó a relacionarse con los cordobeses de la revista Cántico, como Pablo García Baena.



Publicó su primer poemario, Las adivinaciones, en 1952, tras haber obtenido con él un accésit del Premio Adonáis. Dos años antes había ganado el Platero de poesía.


Su carrera continuó en Iberoamérica donde fue profesor universitario en Bogotá. En la capital colombiana escribió su primera novela —Dos días de septiembre, galardonada en 1961 con el Premio Biblioteca Breve y publicada al año siguiente— y tuvo a su primer hijo.

Colaboró con Camilo José Cela y con el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además, tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de Cela, Rosario Conde.

En 1986 se inauguró un instituto con su nombre, y en 1998 se constituyó la Fundación Caballero Bonald.

En abril de 2009 publica La noche no tiene paredes, compuesto por 103 poemas, donde hace una reivindicación de la incertidumbre, porque, en sus propias palabras, «el que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil.»

Tras la publicación de Entreguerras (2012), libro formado por un solo poema de casi 3.000 versos, declaró: "ya no voy a escribir nada".

Ha reconocido que escribir poesía le ayuda a mantenerse joven. "El permanecer en la brecha te rejuvenece. El que no se queda callado, el que iguala el pensamiento con la vida, tiene ya mucho ganado para rejuvenecer", declaró al cumplir 80 años.

El 29 de noviembre de 2012 fue galardonado con el Premio Cervantes.





CELEBRACIÓN DEL ARTE: Caballero Bonald en la Fundación Juan March

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para escuchar el poema 
en la voz de su autor)




La vida de repente revalida 
su parte de verdad. Una apetencia 
dulce, como una luz que está encendiéndose, 
una emoción vibrante que recuerda 
la plenitud, todo lo que remite 
a un nuevo ritual de la experiencia, 
viene a encontrar a sus destinatarios, 
los ennoblece así y los recompensa. 
El arte es una puerta que se abre. 
¿Cuántos esperan fuera de esa puerta? 
¿Quién ha venido a abrirla de improviso 
y le ha dado al silencio una respuesta, 
mientras se rompe un sello y se inaugura 
otra demarcación de la belleza? 
Allí pugna la vida y se resarce 
de sus banalidades y carencias. 
Una ya inmarchitable flor se yergue 
al borde de la fe, define y fundamenta 
la realidad creada. Y el artista 
forja así su ficción más verdadera, 
incorpora a la historia el sedimento 
que pervive en su fondo de leyenda, 
enriquece a los otros y a sí mismo 
se nutre del caudal de esa riqueza. 
En el centro del sueño comparece 
la tutelar estirpe de una ciencia 
que abarca a las demás, porque procede 
de lo no visto y fluye y se reinventa 
desde ese alumbramiento en que se juntan 
un corto azar y una larga paciencia. 
Y allí pugna la vida y se resarce 
de sus banalidades y carencias. 
Pinturas, libros, músicas compiten 
en buscarle a la luz una luz nueva, 
otro modelo de conocimiento, 
un rango superior de convivencia. 
Es un pacto armonioso que propone 
mucho más de lo mucho que aparenta, 
una iluminación donde palpita 
cuanto palpita en la naturaleza. 
Belleza y libertad al fin comparten 
la seducción y algo que se asemeja 
a un condimento nuevo del placer 
ocupa el vasto mundo y lo interpreta. 
¿Quién negará que en ese mismo instante 
un júbilo, un hechizo se genera 
y allí pugna la vida y se resarce 
de sus banalidades y carencias? 


Octubre 2005


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