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NOLI ME TANGERE (Narciso de Alfonso)




A María Clara hay que situarla en sus islas y en su destino de mestiza tagala, cuando entonces, cuando la independencia de Filipinas: cómo arde el mar –dijo el poeta. Es una mujer hacia salvaje que no titubea porque no necesita organizar sus prioridades: sabe que todo debe colocarse en un orden fulminante. 
Lleva todo el universo metido, quizá a las malas, dentro de su piel, que es del color castigado y puro de la intemperie de la noche, después de una cacería a caballo: con el pelo negro de la melena negra hacia atrás, peinado por la velocidad del viento o por el viento de la velocidad.
Tiene los ojos rasgados, de mirada dura y con un punto de crueldad, que tal vez provenga de su condición de princesa india, con el corazón entrecruzado de amor y de odio, y ella sonríe sin sonreír, o parece que sonríe sin sonreír: quizá solamente con la intención de la mirada.
María Clara es una real hembra que ama de cerca y en actualidad, con un querer animal y posesivo, insobornable, sin reflexiones técnicas: oscuramente y aparte, como saciando una sed que nunca se sacia. 
‘Chocaría con su alma, sobándole el destino con la mano y me quedaría mirando a su materia’ –dijo el poeta, que no calla. 
Se ha dado cuenta de que la felicidad no siempre es la mejor manera de ser feliz, así que, oscura de sienes, con la cabellera tremenda y feroz y un olor a pólvora y nardo, ha tomado el duro rumbo de la contrafelicidad, de la cosmética extrema: se dejará crecer los ojos, las doce pieles suavísimas y la tiniebla bonita debajo de los tejadillos.
Es el tiempo, que marcha descalzo de la muerte hacia la muerte.

Narciso de Alfonso
Merodeos


LECTURAS HISPÁNICAS PUBLICA EL PRIMER LIBRO DE POEMAS DE ÁNGEL FERRER



La magia de estos poemas de Ángel Ferrer está en que, como nos pide en uno de sus versos, nos dejan escuchar el metrónomo cósmico. Su prodigio va todavía un poco más lejos: nos hacen escuchar el metrónomo cósmico.
Ángel tiene sus temas poéticos, o sus temas poéticos lo tienen a él, quién sabe: lo que ahora nos importa es que, cuando se encuentran, puede pasar casi cualquier cosa: por ejemplo, que quieran mover su centro pretendiendo hacer sinapsis o que rebusquen en su memoria al vagabundo que estaba seriamente enfadado con los teléfonos.
De algunos de estos encuentros de Ángel con sus asuntos poéticos, que a veces parecen, más que encuentros, colisiones o apretados besos de tornillo, salen, saltan chispas: fenómeno que, afortunadamente, los poemas retienen, de manera que, cuando pasamos una página o releemos alguno de estos preciosos poemas, podemos encontrarnos, de pronto, en una nube de chispas bonitas, como si estuviéramos en casa del herrero o debajo de una lluvia de estrellas. 
Así que la única salida que nos queda es ser una olla exprés —tolerante— o adquirir el ángulo visual de un pez –como los ríos en su segundo viaje-. Y es que uno sospecha, cada vez con menos sospecha y con más certeza, que Ángel es un cronopio, emparentado con Louis (Armstrong), enormísimo cronopio, también amante de la música y, como él, según los describe Julio Cortázar —que los conocía de cerca—, criatura ingenua, idealista, desordenada, sensible y poco convencional, en claro contraste con los famas, que son seres rígidos, organizados y sentenciosos, o las esperanzas: simples, indolentes, ignorantes y aburridas.
Uno sólo sabe acercarse a Ángel —y a sus poemas— a través de un larguísimo merodeo: me adelantaré para ser acariciado por los míos, diría —dice— él en sus versos, porque la caricia, las caricias, son una de sus actividades preferidas, de ida y vuelta, con las que consigue sincronizarse –asunto que siempre he entendido como un enhebrarse como parte de un todo por un instante-.
Quizá sus mejores momentos —por decirlo de algún modo— sean cuando está activo, muy activo, como un niño ocioso que atrapa su lengua entre los labios: cuando consigue reunir ese ocio ocioso, muy suyo, con alguna actividad muy activa, cosa también muy suya: lo que espero que se entienda porque no sé explicarlo de otra manera.
De pronto —porque esa es otra: a Ángel casi todo le pasa de pronto— puede comenzar a distinguir a sus verdaderos compañeros entre los centauros o a sentirse de repente —y sin contradicciones que valgan—, sujeto a la vida por la verdad y los hechos, en un brusco ataque de realismo realista.
No he encontrado tampoco una manera de llamar a esos actos, muy propios de Ángel, que llegan con su reincidencia ya puesta: realismo realista, ocio ocioso, actividad muy activa: viene a ser que, en un solo acto, pone la acción y la insistencia, el gesto y el regesto, la intención y la segunda intención intencionada.
En súmula: es para mí un privilegio prologar este sin-gular —y con frecuencia insólito— libro de poemas. De manera premeditada no he querido referirme por separado a las viñetas de poesía gráfica, que considero muy valiosas dentro de la valiosa aportación de Ángel: creo que son otra forma de su misma poesía, de su mismo sentido o de su mismo instinto poético: tanto con las palabras como con los dibujos nos deja, de pronto, a la intemperie, como si apartara la lona de la carpa del circo en el que estamos y nos mostrara el horror, pero también la maravilla, a los que estamos siempre expuestos, y que posiblemente nunca veríamos si Ángel —y los de su estirpe— no nos señalaran una y otra vez, con la entrañable insistencia de los cronopios. 



(del prólogo a


"SERAFITA" LA NOVELA MÍSTICA DE BALZAC, EN LA VERSIÓN DE NARCISO DE ALFONSO


Lecturas hispánicas edita la novela mística de Balzac en una traducción exclusiva de Narciso de Alfonso, en versión digital y en libro de bolsillo (tapa blanda).





De las noventa y cinco obras que componen la monumental "Comedia humana" de Balzac (1799-1850),  Serafita (1835),  encuadrada en el apartado  de los "Estudios filosóficos", constituye sin lugar a dudas la novela mística por antonomasia.

Precisamente Honoré de Balzac que, con su magna obra se proponía, entre otras cosas, retratar la Francia de la Restauración borbónica creando así un mundo paralelo al real (todo un registro civil que reflejara exhaustivamente los tipos, clases, costumbres y paisajes de la época), fue tildado por ello de excesivamente realista, cuando no incluso de sensualista.  En el fondo de todas sus narraciones, sin embargo, late una espiritualidad que alcanza el misticismo con la obra que aquí presentamos.

Pero nadie mejor que el propio autor para defenderse —si es que por ello habría de hacerlo— de semejante suerte de acusación —si es que de acusación se trata— en un párrafo de la breve introducción que él mismo hace a su "Comedia humana":

Al referir tal cantidad de hechos y pintarlos tal y como son, con la pasión por elemento, muchos han pensado, erróneamente, que pertenecía yo a la escuela sensual o materialista, dos caras de un mismo fenómeno: el panteísmo.  Pero andan muy equivocados. No comparto la creencia en el progreso ilimitado de la Sociedad.  Creo en el progreso del hombre. Y se equivocan por tanto quienes ven en mí la intención de tratar al ser humano como a una criatura finita.   Serafita, la doctrina de Buda en versión cristiana, me parece la respuesta más acertada a esta acusación, tan superficialmente difundida.

Es Serafita el poema de la transformación que todo ser humano con ansias de plenitud es capaz de alcanzar hasta convertirse en un verdadero ser celestial de aquellos que con tanta naturalidad describió Swedenborg, quien por cierto, según la propia novela, se manifestó en Jarvis el día que nació Serafita...  O Serafitus, según el género gramatical que le otorguemos, porque en definitiva se trata de un ser inmortal y, por tanto, asexuado; es decir: carente de la necesidad de reproducirse para salvar —al menos— su especie.

Contiene esta novela un lirismo tan elevado que sólo un buen poeta, y Narciso de Alfonso lo es, es capaz de trasladarla a nuestro idioma con toda su fuerza y frescura, de forma que podamos disfrutarla en su enorme magnitud.


Lecturas hispánicas













SERAFITA



"La infancia de esta criatura predestinada siempre estuvo acompañada de extraños fenómenos en nuestro clima. Durante nueve años, nuestros inviernos fueron más suaves y nuestros veranos más largos que de costumbre. Este fenómeno provocó muchas discusiones entre los sabios; pero si sus explicaciones bastaron a los académicos, hicieron sonreír al barón cuando se las comuniqué.

"A Serafita nunca se la vio desnuda como están a veces los niños; nunca fue tocada ni por un hombre ni por una mujer; vivió virgen en el seno de su madre y nunca gritó. El viejo David os lo puede confirmar si le preguntáis por su señora, por la que, además, sentía una adoración similar a la que tenía por el Arca de la Alianza el rey cuyo nombre lleva.

"Desde los nueve años, la niña comenzó a introducirse en estado de oración: la oración es su vida; la habéis visto en nuestra iglesia, en Navidad, único día en que ella viene; está separada de otros cristianos por un espacio considerable. Si este espacio entre ella y los hombres no existe, sufre. Por eso se queda la mayor parte del tiempo en el castillo.

"Los acontecimientos de su vida, por otra parte, son desconocidos ya que apenas se deja ver...


Honoré de Balza



HAY COSAS PEORES QUE ESTAR SOLO (Bukowski en la versión de Narciso de Alfonso)





Aún recuerdo los caballos
bajo la luna
Aún recuerdo dar a los caballos
azúcar
blancos rectángulos de azúcar
como el hielo,
Tenían cabezas
Como de águila
Peladas cabezas que podían morder
Y no lo hacían.
Los caballos eran más reales
Que mi padre
Más reales que dios
Y podían haberme pisado
Pero no lo hicieron
Podían haberme hecho cualquier cosa horrible
Pero no lo hicieron.
Yo tenía casi 5 años
Pero no lo he olvidado;
Dios mío qué fuertes y buenas
Aquellas lenguas rojas que babeaban
Desde sus almas.
Hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde



Bukowski
En la versión de
Narciso de Alfonso


DESNUDA FRENTE AL ESPEJO (Narciso de Alfonso y Servando Gotor)






De madrugada Paxton andaba por el hotel desorientado y perdido como el guacamayo azul de Juslibol y fue Murdoc quien me abrió los ojos diciéndome si no me había dado cuenta de que a Delgadina no se la había visto en toda la noche pero qué cosas tiene usted Murdoc si todo el mundo sabe que Delgadina se ha ido con el Damián a la suite royal sí sí claro me decía Murdoc claro que han tenido lío pero eso ha sido a mitad de la tarde porque luego usted misma ha podido ver con esos preciosos ojos que el Damián estaba en la cena ¿en la cena? es verdad claro en la cena andaba el Damián comiendo camarones y bebiendo pink champagne on ice como un descosido raro en él que es de Logroño y le priva el Rioja un montón pero como andaba despendolado por el rollo que acababa de tener con Delgadina pasó de sus preferencias es verdad Murdoc dónde se ha podido meter Paxton le pregunté preocupada porque sería demasiado pensar que Delgadina pues eso que hala que después del Damián se liará también con Paxton que no Catalina me decía Murdoc que los tiros no van por ahí que la cosa es mucho peor ¿mucho peor? sí mucho peor que Delgadina anda buscando por todo Blue Bayou a Devy ¿a la niña? si Catalina a la niña que desde que se ha puesto el sol nadie la ha visto cómo que nadie la ha visto Murdoc qué le ha pasado qué le ha podido pasar a la pobre Devy hay que hacer algo tenemos que hacer algo y Murdoc que no que todo sería en vano que su madre ya la habría debido encontrar y que era tarde para cambiar las cosas que this could be heaven or this could be hell y entonces perdí el conocimiento y Murdoc me llevó a su habitación y me tendió en su cama y cuando desperté y me ví allí fue cuando di el grito aquel que se oyó por todo Blue Bayou tranquilícese Catalina me dijo Murdoc tranquilícese que no es lo que usted piensa y lo decía de verdad o yo creí que lo decía de verdad que sus intenciones eran limpias pero mi grito no fue porque estuviera allí Murdoc sino por lo que me había dicho por lo que me había contado de Devy y entonces caí en sus brazos en los brazos de Murdoc aferrándome a él como si fuera el único hombre que hubiera en el mundo como si fuera el primer hombre de mi vida como si todo el dolor que arrastraba desde niña hubiera encontrado por fin aquellos hombros fuertes que siempre anhelé ay Murdoc le dije qué pasa qué está pasando aquí y qué hacemos nosotros que no estamos con Delgadina buscando a Devy y entonces Murdoc me lo contó todo todo me lo contó y sin darme cuenta mis labios ensangrentados de lágrimas se hundieron en los de Murdoc y todo mi cuerpo tembló y vibró encharcado como nunca había temblado ni vibrado anidando en todo él tal asco tal odio hacia Paxton que nunca más volví a hacer el amor encerrándome desde entonces con mis pinturas con esas naturalezas muertas que es lo único que sé hacer para combatir mi asco pero sobre todo mi silencio este silencio que me consume y me devora porque me hace partícipe y cómplice del crimen. 

Y Caty traza sobre el lienzo la curva de su cadera.



Narciso de Alfonso
Servando Gotor

BUKOWSKI EN LECTURAS HISPÁNICAS






En Lh estamos interesados en la lengua española, por lo que incluímos entre nuestros intereses preferentes la traducción al castellano de obras en otras lenguas, y así lo hemos venido haciendo con grandes autores (valga por todos el ejemplo de James Joyce). 

Siguiendo este criterio, estamos preparando una grata sorpresa ya que sólo por estar suscrito vamos a facilitar un acceso gratuito y personalizado (limitado en el tiempo) a un nuevo blog en español de Charles Bukowski, con numerosos poemas hasta hoy inéditos en castellano y traducidos específicamente para dicho blog, así como una nueva versión específica para dicho blog de los que ya estaban traducidos con anterioridad. 

Este nuevo blog sobre Bukowski incluye, además, de poemas, citas y prosas, fotografías y grabaciones en vídeo y en audio con la lectura del propio autor. 

Se trata de una página cerrada al público y a la que sólo tendrán acceso, durante un tiempo determinado, las personas puntualmente registradas. 

Esperamos que vosotros valoréis como lo hacemos nosotros la importancia del esfuerzo que han puesto en dicho blog sus autores y la nuestra por ofrecerte esta genial novedad relacionada por uno de los escritores más polémicos de la Historia de la Literatura, quien cuenta con muchos detractores pero, sin duda, con muchos más defensores que leen su obra con enorme adicción. 

Te mantendremos informados sobre esta impresionante iniciativa cultural de primer orden que, desde hace años, sabemos la esperan numerosos lectores de Charles Bukowski.

No desaproveches la oportunidad, regístrate pinchando aquí ya y recibe además en el acto la edición de El Greco, de Manuel B. Cossío.  Recuerda que esta oferta que te hacemos ahora está sometida a un plazo limitado de tiempo, cuyo final también lo avisaremos oportunamente. 

Saludos cordiales.


Lecturas hispánicas


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EL VIEJO MANDRIL (Narciso de Alfonso y Servando Gotor)

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Diez de la mañana en El Viejo Mandril, a mitad de Conde Aranda. Cuando el gato siamés empieza a exhibir el comienzo de su hermoso culo allá en las alturas, Orrios Víamonte atiende las mesas como puede. Aunque en la cocina dice siempre que está harto de las conversaciones de los clientes, nunca desconecta el oido. ‘Anda, que menudo rollo se llevan los de la cinco’, le dice a Gertrudis, que está en la barra haciendo cafés.


- A ver, Gertru, tres cortados, dos expres y cuatro con leche, para la diez.  

- ¿Con churros?

- Si no te digo nada es que es sin churros, Gertru, que pareces nueva.

- Oído, oído.

- Pues arreando, que el trabajo se acumula.


Y Orrios Viamonte, al que muchos, y especialmente Murdoc, identifican con el Viejo Mandril por su aspecto de chimpancé, espera en la zona reservada de la barra intentando quitarse con la punta de la lengua un trocito de jamón incrustado en la muela careada. De vez en cuando succiona con chirriante destreza. La culpa, de la croqueta de jamón que se ha comido a escondidas a las nueve. Todas las mañanas, la primera croqueta es para él, calentita, recién hecha. Y todas las mañanas, hasta las once, se hurga con la lengua esa maldita muela careada, hasta que al final tiene que recurrir a un palillo tapándose media cara con la mano izquierda, para que los clientes no adviertan lo que él supone una grosera maniobra. Vano intento, porque después de llevar una hora y media con la lengua dale que te pego, desfigurándose constantemente la carita de macaco, a ningúno de los clientes le han pasado desapercibidas las groseras maniobras bucales de Orrios para deshacerse del trocito de jamón encajado en la muela careada. 

- A ver, para la seis, las de los leones esos: un cortado descafeinado, un con leche doble y un curasán, Gertru.

- Marchando.

- Ah, y el con leche doble y con tres de azucar.

- Oído.


Para las anónimas multitudes que pueblan la isla, a veces la vida es hermosa, pero vacía y frígida como una puta estirada y cara; otras veces es horrible, terrible, insoportable, pero cachonda y cálida como una puta napolitana. Otras veces, las más, ni fú ni fá, es como una puta cualquiera, que folla por cumplir mientras piensa en poner una peluquería. Y ahí está la pareja de la cinco, a quien Orrios Viamonte no le quita oreja.

- Esmeralda, eres más fea que la ostia. Eres tan fea que pareces imposible, irreal.

- ¿Ya empezamos, Oriol?

- Perdona, ya sabes que casi nunca pienso en eso, pero si de pronto caigo en la cuenta de lo feísima que eres, no me lo acabo de creer, por más que te mire y te remire no puedo convencerme de que seas realmente tan fea, cielo mío. 

- Pues no soy tan tan fea, Oriol. Ya sabes lo que se dice: no hay mujer fea, sino de una belleza extraña. 

- Ya, Esme, pero es que tú eres fea de cojones. Tu belleza es tan tan extraña que se parece demasiado a la fealdad, a la pura y descarnada fealdad. Y sabes que te quiero, prenda, que una cosa no quita la otra.

- Pues en mi pueblo fui la tercera dama de honor para las fiestas de San Celemín, a los quince años.

- No nos engañemos, Esme, cariño, en tu pueblo sólo había cuatro muchachas: la reina y tres damas, me temo que no podían elegir. Y no quiero ser cruel contigo, cari, pero no saliste en ninguna foto, ni en la del programa de fiestas, que en eso fueron unos groseros, hay que admitirlo. Si hasta la comisión de fiestas propuso que ese año sólo hubiera dos damas de honor, para reducir gastos, dijeron. 

- Seré fea, pero muchos hombres me han dicho que tengo un extraño atractivo, una inexplicable magia.

- Esme, no me hagas reincidir. Tu padre es un roschill, y eso siempre es un atractivo. Nada extraño, pero un buen atractivo. Y para ser justo, también tienes un precioso par de tetas, que no me canso de repetírtelo: tienes las tetas más bonitas que he visto en mi vida. Ya sabes que igual que te digo una cosa te digo la otra: eres fea de cojones, pero tienes unas tetas sin igual, sin par, qué tetas tienes, amor. 

Ay, la vida, la vida, piensa Orrios Víamonte. A veces, la vida está llena de amor, de amores, más o menos intensos, más o menos duraderos, más o menos memorables, más o menos posibles o imposibles. Otras veces no, otras veces el amor es escaso y moribundo, poco y pobre, pequeño y aburrido.

‘Tú que eres mi amiga, Atropina, o por lo menos así lo parece, tienes que saber que odio la vida, pero odio todavía con más intensidad la muerte’, le dice Certeza a su amiga Atropina Jackson en la seis, mientras ahoga su cruasán en el con leche doble y tres sobres de azucar. ‘La mariposa lleva de viaje a su gusano’, continuó Certeza, ‘la muerte está frente a mí, tentadora como el deseo de la casa propia para quien ha estado preso muchos años’. ‘Mira, chica’, respondió Atropina,’nunca he entendido para qué tenemos tantos huesos. Yo, el asunto del esqueleto lo hubiera resuelto mucho mejor. Estoy convencida de que sin huesos seríamos mucho más felices.’

Atropina Jackson era la domadora de tigres del Circo Sustanzzia, antes trabajó en el Spacial Cirkus, pero los tigres devoraron a los caballos, los osos devoraron a los tigres y a los leones y los cocodrilos devoraron a los osos, devorándose después entre sí. Sólo quedó un elefante, que murió de pulmonía al poco tiempo. Atropina amaba su trabajo y amaba todavía más a Desmond Potter, la bala humana, que tenía que hacer también de payaso y de funambulista. Atropina era egipcia, vegetariana y coleccionista de azulejos. ‘Los murciélagos fuman a escondidas’, pensó Certeza, ‘si las tortugas comieran queso, al final los ratones tendrían caparazón’. Atropina, como buena egipcia, era tremendamente celosa, y quería ser enterrada en una pirámide, ‘pero en una pirámide de verdad, en bueno, como la de Keops. Una pirámide pirámide, no como la del Fariseo, ese de la chaqueta amarillo chevalier, que tiene la sensibilidad en el culo. Y no sólo por lo horrendo de su proyecto, sino, sobre todo, por el trato que da a sus pobres hijas, las treinta hijas del Faraón idiota, que tanto está tensando la cuerda, tanto, tanto, que algún día se romperá. Ya me lo tiene dicho Solanillas, que las hijas del Fariseo están a punto de armarla, que se lo quieren comer en pedacitos. Pero no seré yo quien le avise, que al que a su gusto duerme en el suelo no hay que tenerle duelo’. 

‘Las ranas son los animales más indecisos’, se dijo Certeza al oído, sin hacer caso a Atropina y sintiendo la visceral necesidad de bajar a la mina para lamer los líquenes azules que crecen sobre las piedras húmedas y que tienen el exacto sabor de la luna; para revolcarse desnuda en el lodo; para respirar el aire envenenado de grisú; para morder los pedazos de carbón todavía incrustados en la roca; para perderse en las galerías abandonadas donde el agua sulfurosa gotea y se pudre en la oscuridad; para sentirse debajo, dentro de la tierra, posiblemente muerta. ‘El que sabe dormir es el que se entremete la almohada entre el hombro y la mandíbula como si fuese un violín’, se dijo Certeza al oído, de espaldas a la realidad, indiferente, sintiendo que el estómago le pedía más. ‘Atropina, esta mañana sólo me apetecen los cruasanes’. ‘Sea’, contestó la domadora, repartiendo unas buenas gominolas entre sus tigres.

Atropina Jackson descansa en la chaise longue Le Corbusier de cuero ecológico, lánguida y voluptuosa como una cleopatra. Sus tigres la miran miran, sus tigres la están mirando. Le gusta que sus cinco tigres la acompañen cuando descansa, cuando come, cuando se baña, cuando escucha música bantú, cuando toca los bongos de su abuelo. Le gusta que sus cinco tigres la acompañen siempre, siempre, cuando hace gimnasia, cuando riega las plantas, cuando se pinta las uñas de los pies, cuando se prueba un nuevo traje de domadora. Atropina hace maravillas con sus tigres en el circo. Solanillas, el más joven y listo de los cinco, suele provocar la improvisación, la novedad, la sorpresa. Pérez Turbante es el de más edad, le sigue Sabadell, que es tuerto del ojo izquierdo, después va American Beauty, un tigre albino, y, por fin, Muller Muller. ‘Los dioses crearon al gato para que los hombres tuvieran el placer de acariciar un tigre’, suele decir la soberbia domadora.

Además de los números clásicos, imprescindibles para no defraudar al público, Atropina y sus tigres inventan algo nuevo en cada sesión. Todos pasan por el aro en llamas, suben por las más peligrosas y estrechas escaleras, saltan de una plataforma a otra, corren en círculo y simulan volverse contra la domadora. Solanillas, siempre buscando sorprender a Atropina, se escapa de la jaula, da saltos mortales, finge un ataque de epilepsia o imita a Maurice Chevalier, aceptando incluso que la domadora le ponga una chaqueta amarilla y un canutier mientras el tigre juega con el bastón. 

Atropina ama su trabajo y ama todavía más a Desmond Potter, su novio y la bala humana del circo, que hace también de payaso y de funambulista, pero su amor verdadero, completo, definitivo y total es, sin duda, Solanillas, el más joven y listo de sus tigres, que distingue los colores, sabe contar hasta mil y, en privado, en la intimidad, le habla a su dueña al oído, ‘no pienso pero existo’, le suele decir con ironía. Atropina ama a Desmond Potter, sí, pero eso no quita... Quien sabe, a lo mejor. Lo ama, sí, aunque... En fin, prefiere no darle vueltas a la cabeza y seguir avanzando hacia su particular nirvana. De hecho, en ese camino de perfección, lee a Rainer María Rilke en alemán, El libro de las horas, mientras sus tigres la rodean; lee a Fernando Pessoa en portugués, El libro del desasosiego. Sus tigres parecen aburridos. A Desmond no le gustan los tigres ni ningún otro animal, salvo las gallinas enanas de Madagascar. A Desmond le gustan las cosas que miden poco y los amaneceres de la isla, pero siempre está durmiendo cuando amanece. Se justifica diciendo que también le gustan los mediodías, y las tardes, y las mañanas, y las noches, pero sabe que no es lo mismo, cómo va a ser lo mismo, le dice Atropina, que es una mujer insobornable y egipcia. 

Los cinco tigres parecen cansados, aburridos, con sueño y hastío, indiferentes, impasibles, amodorrados, quizá tontos, sí, en ocasiones parece que a los cinco tigres de Atropina les falta un riego, un hervor, un algo, no acaban de enterarse de la fiesta, parecen estar en otra cosa, estorbados o hartos, pensando en las avutardas. Cuando va a tomar el sol y a bañarse en la playa de Los diecisiete silencios, siempre desierta por el temor a los tiburones, Atropina se lleva a sus cinco tigres para que disfruten del agua del mar y de la espuma de las olas, de la arena negra y de los galápagos, frotándose la piel contra las palmeras y jugando a ser feroces y malos. Si no tontos, los cinco tigres parecen niñatos, quizá porque Atropina los mima demasiado. Alguna vez se comen a algún turista perdido, pero Atropina se dice que viene a ser como si lo hubieran devorado los tiburones, así que no hace caso y les da menos cena, para que no engorden. 

- ¿Otro cruasán?

- Sí, hija, qué quieres, cuando me sale la mañana tonta...

- Y yo, ¿qué me tomaría yo ahora?

- No sé, un pincho tortilla, por ejemplo.

- Bueno, haré de tripas corazón.

- ¿Decían las señoras…?

- Señoritas.

- Perdón, ¿decían las señoritas?

- Para mi amiga otro doble con leche y otro cruasán. Y para mí un somontano y un pincho tortilla.

- Muy bien.

- Mi con leche con tres de azúcar, por favor.

- Perfecto, con tres de azúcar.

- ¿De qué te ríes ahora?

- Nada, de la cara que ha puesto el camarero a tus tigres. No se acostumbra.

- No, ni se acostumbrará ya.

- Yo creo que le gusta.

- El qué.

- Hacerse el nuevo. Y no sólo por tus tigres, sino por lo de ‘señoras’.

- Para mí que lo hace para joderme. Como me ve más mayor.

- Qué cosas tienes, Atropina, chica, cualquiera diría.

Atropina, como buena egipcia, tiene un estilo divino, faraónico y cruel de valorar las cosas, y la vida de los hombres no es importante para ella. Desnuda en la playa de Los diecisiete silencios, acompañada por sus cinco tigres, tumbada, tomando el sol o mirando el horizonte, Atropina se siente viva y saborea toda la extensión del universo.
A veces la vida no es lo que parece, a veces parece lo contrario de lo que es. Otras veces, sin embargo, apariencia y realidad coinciden plena y completamente, sin la menor duda ni fisura; son las menos, pero algunas veces apariencia y realidad coinciden, sí. 

- Josele, tienes más veneno que un escorpión negro, pero es que a mí siempre me ha fascinado la maldad, qué le voy a hacer.

- Aquí la que tiene más mala leche que un cuclillo eres tú, Rosario, tienes más mala uva que un estibador manco, cariño. 

- Pues mira, siempre había pensado y creído que el malo eras tú, Josele, maligno hasta la perversidad, malo malo, vamos. 

- Mujer, piensa en la vida que hemos llevado cada uno y tú misma.

- En eso pensaba precisamente, Josele. Tres veces en la cárcel por delitos de sangre; cinco violaciones que me hayas contado, que igual son más, aunque no te hayan trincado por eso; tu madre, cuando vas a verla, no suelta el cuchillo ni para pintarse las uñas; tu hermana Paqui lo primero que hace cuando te ve es amartillar el revólver, que no sé yo dónde va una mujer a todas partes con la pistola, pero eso es otra historia; no sé, cielo, yo creo que el malo eres tú. 

- Las apariencias casi siempre engañan, Charo, ya lo sabes. Yo en el fondo soy bueno, pero la gente se cree que, de bueno, tonto, y ahí es dónde empiezan los desacuerdos. 

- No, si yo te entiendo, Jose, te entiendo y estoy de tu parte, pero aunque en el fondo seas bueno, aquí el que parece el malo eres tú, corazón. 

- Mujer, si nos dejáramos llevar por las apariencias yo aún estaría en la cárcel. Lo que importa son los hechos que se pueden probar, demostrar, lo que importa es la verdad. Y la verdad es que, en el fondo, yo soy bueno. Bueno pero no tonto, eh.

- Vale, bien, pero aunque yo sea más mala que un regimiento de víboras, aquí el que parece el malo eres tú, amor mío, que te quiero más que al dinero, que ya es decir.

A veces la vida no es lo que parece, a veces parece lo contrario de lo que es. Otras veces, sin en cambio, apariencia y realidad coinciden plena y completamente, sin la menor duda ni fisura; son las menos, pero algunas veces apariencia y realidad coinciden, sí.

Orrios cree llegado el momento de recurrir al palillo. La mirada frente a la luna, lirdnaM ojeiV lE. En la acera de enfrente, el escaparate de la óptica. Tras él, la invariable dependienta con su jefe, bata blanca los dos, aburridos de tanto hablar y hablar. Ella es rubia, el pelo liso y recogido en la nuca, blanca de tez y los labios muy pintados. A saber lo que se dirán en tantas horas, días, ¡años!, de continuo parloteo, piensa Orrios, aplastando entre las palas el trocito de jamón ya desencajado. No sé, no puedo entender de qué viven algunos, cómo consiguen mantener abierto un negocio eternamente vacío, se dice Orrios centrándose de nuevo en la faena, agradecido de que El Viejo Mandril funcione.  

- Anda, Gertru, doble con leche, curasán, somontano y pincho tortilla.

- Para dónde.

- Para la seis, para las se-ño-ri-tas esas, las de los leones.



Narciso de Alfonso
Servando Gotor
El guacamayo azul







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