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FELIPE GUAMÁN POMA DE AYALA

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Nueva crónica y buen gobierno, fue escrita por el cronista peruano Felipe Guaman Poma de Ayala, descendiente de una noble familia inca de Huánuco. Es uno de los libros más originales de la historiografía mundial. En esta obra, de 1.200 páginas y 400 dibujos, que se terminó en 1615, poco antes de la muerte de su autor, se da la visión indígena del mundo andino y permite reconstruir con todo detalle aspectos de la sociedad peruana después de la conquista, a la vez que ilustra sobre la historia y genealogía de los incas. La obra, dedicada a Felipe III y enviada a España, se extravió.Tres siglos después, en 1908, el investigador alemán Richard Pietschmann encontró el original en la Biblioteca Real de Copenhague. (Scribde)









TEXTOS ESCOGIDOS:








ESTUDIOS Y ENLACES:














Felipe Guamán Poma de Ayala , (n. ¿1534/1556? - m. ¿1615/1644?), ocasionalmente escrito también como Felipe Huamán Poma de Ayala, fue un cronista indígena del Perú durante el Virreinato del Perú.

Nació probablemente en San Cristóbal de Sandondo, actual provincia de Lucanas, Ayacucho, Perú alrededor de 1534, aunque algunas fuentes recientes afirman que fue en 1556 en Andamarca, barrio de la antigua Guamanga, actual Ayacucho, y era descendiente, según él afirma en su manuscrito, de una noble familia yarovilca de Huánuco. Su nombre, Guamán Poma, proviene de las palabras quechuas waman y puma, águila puma', nombres totémicos en quechua, asociados a los dioses tutelares de la tierra y del cielo). Fue hijo presumiblemente de Martín Guaman Mallqui y Juana Chuquitanta llamada Cusi Ocllo, noble descendiente de Túpac Yupanqui.

Se crio con los españoles, por lo que se consideraba de origen latino. Desterrado dos veces, una por el corregidor de Huamanga en 1600 y otra segunda vez por el corregidor de Lucanas hacia el año 1606 (o 1618), se dedicó a recorrer durante varios años todo el país y a escribir su Nueva Crónica y Buen Gobierno, uno de los libros más originales de la historiografía mundial.
En esta obra, de 1180 páginas y 397 dibujos, que presuntamente terminó de escribir en 1615, da la visión indígena del mundo andino y permite reconstruir con todo detalle aspectos de la sociedad peruana después de la conquista, a la vez que ilustra sobre la historia y genealogía de los incas con textos en el castellano del siglo XVI y en el quechua general. La obra, dedicada al rey Felipe III y enviada a España, se extravió. Hoy se conserva en la Biblioteca Real de Copenhague y se puede consultar en línea. Wikipedia


LA UTILIDAD DE ESTA CRÓNICA (Felipe Guamán Puma de Ayala)





PRIMER [→] / CORÓNICA1 / foja 12

PRIMER nueua corónica y buen gobierno deste rreyno. El dicho libro conpuesto y entitulado por don Phelipe Guaman Poma de Ayala.

La dicha corónica es muy útil y prouechoso y es bueno para emienda de uida para los cristianos y enfieles y para confesarse los dichos yndios y emienda de sus uidas y herronía, ydúlatras y para sauer confesarlos a los dichos yndios los dichos saserdotes3 y para la emienda de los dichos comenderos de yndios y corregidores y padres y curas de las dichas dotrinas y de los dichos mineros y de los dichos caciques prencipales y demás yndios mandoncillos, yndios comunes y de otros españoles y personas.

Y es bueno para las dichas rrecidencias y becita generales de los dichos yndios tributarios y de la becita general de la santa madre yglecia y para sauer otras cosas y para enfrenar sus ánimas y consencias los dichos cristianos, como Dios nos amenaza por la deuina escritura de Dios por boca de los sanctos profretas [sic] Heremías a que entremos a penitencia y mudar la uida como cristianos, como el profeta rrey Dauid nos dize en el pezalmo, “Domine Deus salutis meae,” donde nos pone grandes miedos y desanparos de Dios y grandes castigos que nos a de enbiar cada día, como el precursor San Ju[an]4 Bautista traxo los amenazos, azotes y castigos de Dios para que fuésemos en[frena]dos y emendados en este mundo5.


 
1 “Corónica” en la primera línea es un agregado posterior a la redacción de la página. Debe servir como encabezamiento, y forma parte del sistema complejo de encabezamientos que Guaman Poma introdujo a lo largo de su obra.
2A pesar de escribir “foja 1”, Guaman Poma utilizó el sistema moderno de paginación, no el antiguo de foliación, y numeró las paginas de su manuscrito empezando de forma no conventional al asignar el número uno al verso del frontispicio. “Foja 1” es un agregado posterior a la redacción de la página, y en esto es consistente con la paginación de toda la obra, agregada luego de que el manuscrito fuera cosido. Véase en este sitio Adorno, 2002     
3 Al describir el propósito de su obra de esta manera Guaman Poma se habrá inspirado en las obras de instrucción religiosa como el Tercero catecismo y exposición de la doctrina christiana por sermones [1585] del padre José de Acosta y el Sýmbolo cathólico indiano [1598] de fray Luis Jerónimo de Oré. Fray Pedro de Oré, en el prefacio al libro escrito por su hermano Luis, habla de la utilidad y el provecho de ese libro para los curas misioneros y también para los indios; Guaman Poma expresa del mismo modo y con semejantes palabras el propósito de su propio libro que abarca no sólo la comunidad religiosa sino el comportamiento de toda la sociedad colonial.
4 [2004:] Guaman Poma emplea esta abreviatura por ‘Juan’/‘IVAN’ y su forma correspondiente feminina por ‘Juana’. Véanse pp. 14, 15, 445, 446, 485, 639, 643, 695, 771, 772, 773, 790, 794.
5 Guaman Poma tomó como modelo para este párrafo el Memorial de la vida cristiana [1566] de fray Luis de Granada (tratado I, cap. 1; tratado V, cap. 2; 1945: pp. 205, 301). El propósito de Guaman Poma como escritor, a la luz de estas referencias a los profetas bíblicos, se comenta en Adorno, 1980 ,     [1986] 2000.



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NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO DE FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA, 1615 (Roberto Viereck Salinas)






Con casi 1.200 páginas y 400 dibujos, la Nueva crónica y buen gobierno (1615) de Felipe Guaman Poma de Ayala aparece en el horizonte actual como una de las crónicas coloniales más importantes respecto a la información que entrega sobre el mundo indígena no sólo durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII, sino sobre todo previamente a la invasión española en 1531. Similar a lo que hacen en sus crónicas Titu Cusi Yupanqui (Instrucción del Inga don Diego de Castro Titu Cusi Yupanqui, 1570) y Juan Santa Cruz Pachacuti (Relación de antigüedades del reino del Perú, 1613), Guaman Poma de Ayala lega a la posteridad un texto escrito en un español colonial no sólo altamente interferido por la lengua indígena (principalmente quechua y aimara), sino también por la oralidad andina, milenaria y predominante, al momento de llevarse a cabo el trasvase interlingüístico e intersemiótico (Jakobson 1992) entre el mundo indígena y el europeo.

Dadas las características orales del texto cultural que la Nueva crónica vierte hacia el sistema de representación libresco occidental, no podemos hacer referencia a ningún «original», en el sentido estricto del término, ya que éste debe su existencia como tal (así como el sentido último de su episteme) al surgimiento de la escritura como código dominante en la esfera de los sistemas de comunicación occidentales. A pesar de esto, la doble pertenencia y el conflicto intercultural que tensionan la obra, permiten reconocer la presencia de una dinámica traductiva interna que hilvana semióticamente los contenidos de los sistemas de referencia cultural implicados (andino y europeo) al modo de un texto original, andino y oral, que lucha por independizarse de la domesticación que le impone el texto de llegada, hispánico y letrado. Con Guaman Poma, por lo tanto, asistimos a uno de los más notables momentos inaugurales de una estética literaria latinoamericana propia y diferenciada: el encuentro de dos lenguas, así como la intensa práctica traductora (principal arma de conquista «espiritual») aparecen como dos factores incorporados tempranamente en las letras hispanoamericanas y como un gesto que instala precisamente el problema del original (y la originalidad) en el centro de esta estética.

Dividida en dos partes, la «Nueva crónica» (que aborda la historia del Perú colonial desde antes de los Incas) y el «Buen gobierno» (que trata de una serie de recomendaciones que hace el autor andino al rey de España para gobernar adecuadamente las Indias), el texto es una pieza única no sólo por la cantidad y valor de la información documental (escrita e iconográfica) que ofrece sobre el virreinato del Perú, sus instituciones y su gente, sino principalmente por el punto de vista oral y andino que presenta, permitiendo que, por medio de su escritura y dibujos, se trasvasen una serie de categorías de pensamiento que suelen quedar proscritas o apenas mencionadas en otras crónicas castellanas de la época. En particular, la información oral y andina que se traduce hacia la escritura alfabética castellana puede abordarse en dos niveles: por una parte, encontramos lo que genéricamente podemos denominar la «visión andina del mundo», una serie de categorías de pensamiento que, lejos de ser pura «behetría mental» (como dijera Porras Barrenechea en 1948), reproducen una serie importante y coherente de conceptos y valores culturales de alto valor histórico y antropológico para la comprensión del pasado precolombino; y por otro, la crónica ofrece la transcripción concreta, al quechua y el aimara escrito, de varios cantos andinos. Tanto en el nivel genérico como en el particular de los cantos, se revela la opción literal de Guaman Poma para traducir, intersemiótica e interlinguísticamente, los contenidos andinos hacia el formato de la crónica escrita castellana: la versión ofrecida por el autor se ajusta principalmente a los requerimientos del texto oral de partida, obligando –en los términos de F. Schleiermacher– a que el lector vaya «al encuentro del escritor» (oral, anónimo y colectivo), precipitándolo, en consecuencia, en la otredad, en la «extrañeza» marginal que implica el mundo indígena en oposición al mundo europeo dominante.

Al reflexionar en torno a la emergencia de esta visión andina otra, latente en la subtextualidad de la crónica, desde el punto de vista de la traducción resulta evidente que este doble nivel también responde textualmente a la tensión inherente que impone el contexto traductivo propio de la sociedad colonial en crisis dentro de la cual el cronista andino produce su obra. Conocidas son las enormes dificultades culturales con las que Felipe Guaman Poma de Ayala debe lidiar para llevar a cabo su empresa moralizante y rectificadora, testimonio de las cuales son, entre otras, la enorme interferencia lingüística y semiótica sobre la que está estructurado el texto, característica que más de una vez lo ha hecho inextricable ante los ojos de cierta crítica –como la del ya mencionado P. Barrenechea– incapaz de ver el valor profundo que encierra su aparente complejidad.

Así, y a la luz de esta perspectiva, la forma de operar misma del texto puede ser vista en términos de un modo traductivo literal que, en su dinámica propia, se incorpora a la crónica y funda su escritura en un ejercicio de traslación de la lengua indígena (principalmente el quechua) y la oralidad andina (visión andina) hacia el castellano y la escritura alfabética, pero ajustándose a los requerimientos de la lengua y el código oral de partida, de manera similar a lo que ocurría con las traducciones (supuestamente por el sentido) de la Biblia hacia el quechua general llevadas a cabo por los misioneros españoles que se ajustaban al universo referencial del castellano,1 según denuncia el propio Guamán Poma a través del uso de la sátira en el capítulo dedicado a los sermones de los padres. Además del dibujo donde se observa a un cura impartiendo un sermón en quechua a un grupo de indios aburridos y somnolientos (debido a que no entienden lo que habla el sacerdote), encontramos las siguientes afirmaciones por parte del cronista andino:


Cermón y predicación de los dichos padres destos rreynos: Cómo los dichos padres y curas no son muy bien desaminados la lengua del Cuzco, quichiua, chinchaysuyo, aymara para confesar y dezille dotrina y sermón cada semana, el evangelio y la uida de Dios y de su madre bendita Santa María y de sus sanctos y sanctas ángeles. Sauiendo quatro palabras […] Los dichos padres y curas, estando en misa y sermón del euangelio, mescla el sermón de su hazienda y rrescates y otras ocupaciones que ellos pretenden. Y ci no la oye, manda asotar al fiscal en este reino los padres. (652)

Desde una perspectiva más filosófica, diríamos que la Nueva crónica de Felipe Guaman Poma de Ayala se desenvuelve en un marco ideológico de desconfianza hacia el instrumento traductor, al hacerlo aparecer como tal con su uso, como si se tratara (en el plano ideológico) de una cosa paradójicamente inútil a la vez que como conflicto, a diferencia de lo que ocurre con la traducción por el sentido que busca precisamente lo contrario: hacer desaparecer las costuras mismas de la traducción, «tragándose» colonialmente el texto original.2

El método escritural de Guaman Poma, por lo tanto, no sólo evidencia las fuerzas en choque dentro de la cuales realiza su proyecto, sino que además toma una posición abiertamente conservadora ante esta lucha de opuestos al poner como espectáculo el mecanismo mismo que moviliza su pluma. Esta postura ideológica, además, no sólo es congruente con el consabido tradicionalismo andino radicado en el valor de la separación de los opuestos y la visión cíclica del tiempo encarnada en el mito del pachacuty como proceso inexorable que restaurará el mundo al revés de la colonia, tal como lo denuncia el cronista andino, sino que, incluso, en términos traductológicos, se vincula al traslado simbólico del lector mismo hacia el texto original (el autor anónimo oral), en términos similares –como señalamos al principio– a los usados en 1813 por F. Schleiermacher al resumir con magistral acierto los dos métodos para traducir:



Pero, entonces, –se pregunta Schleiermacher– ¿qué caminos puede emprender el verdadero traductor, que quiere aproximar de verdad a estas dos personas tan separadas, su escritor original y su propio lector, y facilitar a este último, sin obligarle a salir de su lengua materna, el más exacto y completo entendimiento y goce del primero? A mi juicio sólo hay dos. O bien el traductor deja al escritor lo más tranquilo posible y hace que el lector vaya a su encuentro, o bien deja lo más tranquilo posible al lector y hace que vaya a su encuentro el escritor. […] Porque, en el primer caso, el traductor se esfuerza por sustituir con su trabajo el conocimiento de la lengua original, del que el lector carece. La misma imagen, la misma impresión que él, con su conocimiento de la lengua original, ha logrado de la obra, trata de comunicarla a los lectores, moviéndolos, por consiguiente, hacia el lugar que él ocupa y que propiamente les es extraño. (1994: 231)



De esta forma, la posibilidad de resemantizar la Nueva crónica desde una perspectiva andina se subordina, también, a la existencia de esta dinámica textual interna en la que dos textos, pertenecientes a dos racionalidades y códigos radicalmente disímiles, interactúan para resolver las tensiones que les ha impuesto la conquista, generando dos niveles de lectura: por un lado, la oficial, caracterizada por una relación estable de los roles textuales asociados a la práctica traductora (el texto traductor es el castellano y la escritura, en tanto que el traducido es la lengua indígena y su oralidad) y, por otro, la subversiva, donde los roles textuales se invierten, lo que hace que la lengua indígena y su oralidad pasen a comportarse como texto traductor de la lengua castellana y la escritura alfabética.



El resultado, en cualquier caso, apunta en la misma dirección que lo que señala Schleiermacher con respecto a los modos de traducir: en definitiva, se trata de un modo de escribir/traducir (y esta identificación, como se infiere, no es para nada casual en este contexto) que, en realidad, corresponde a una apropiación creativa, y desde el margen, de los instrumentos culturales europeos usados para dominar durante la conquista; a saber: la lengua, la escritura, pero también la traducción misma, como arma. Por lo tanto, este ejercicio escriturario de Felipe Guaman Poma de Ayala puede ser también visto como una retraducción o contra-traducción literal, en la medida que el autor/traductor de la crónica, en su intento de acercar su mundo a su lector declarado de la crónica, Felipe III, opta (con todos los reparos que el uso de este verbo implica en el complejo escenario colonial para un indio) por un modo de trasladar el mundo andino, obligando indefectiblemente al lector europeo y destinatario pragmático del texto a precipitarse en la otredad andina, en su extrañeza, en su extranjeridad, forzando, en consecuencia, los límites de la lengua castellana y a pesar de toda la dificultad e incomprensión que un camino de este tipo implica. Es cierto que en un cierto nivel y en apariencia Felipe Guaman Poma de Ayala intenta la vía oficial, la que podríamos llamar del Inca Garcilaso, por dar un ejemplo canónico de escritura/traducción por el sentido, donde el talento humanista del escritor, sumado a su competencia en ambas lenguas, le permite perfectamente borrar las huellas de su mano traductora en la lengua de término, el castellano; sin embargo, a pesar de sus notables esfuerzos, no lo logra, pues, además de su falta de competencia lingüística, ideológicamente se encuentra profundamente anclado a una visión conservadora y tradicional característica de las sociedades orales primarias (Ong 1996), las cuales sólo ven positiva y paradójicamente la transformación como un medio para la mantención original de la cultura.

Es precisamente en este doble traslado, de textos y lectores (correlato de los niveles respectivos de lengua y código) donde se encuentra una de las claves para continuar con el camino de comprender la complejidad que caracteriza la obra del cronista andino y que le significó, en su momento, el vilipendio de una crítica todavía ciega al incalculable testimonio cultural que encierran tanto su escritura como sus dibujos. Una crítica ciega, pero también sorda, sorda ante la llamada al descentramiento de la mano de otras melodías, el ritmo de otros tambores. En otras palabras, con la Nueva crónica de Felipe Guaman Poma de Ayala, asistimos a algo similar a lo que ocurre con las desprestigiadas «malas» traducciones literales. Parafraseando a Ortega y Gasset (1994: 305), son rechazadas porque no son cómodas para nadie, pues obligan (si se busca de verdad comprender) a dejar entrar lo extraño en lo propio, al extranjero en casa o, en el caso de esta singular crónica, al lector europeo en el «salvaje» mundo de la república andina.



En el plano específico de los textos escritos en lengua indígena que incluye Guaman Poma en la Nueva crónica, asistimos a un escenario no exento de debate. La dificultad para evaluar el valor inherente de estos textos se ve motivada, en parte, por la complejidad que en la actualidad reviste traducir adecuadamente los mismos, lo que no sólo enfatiza la importancia de la traducción intersemiótica (oralidad y escritura) y la visión andina presentes en la crónica, sino que también expande implícitamente el problema de la traducción más allá de las fronteras limitadas del texto mismo, transportándolo hacia un contexto de comprensión que podríamos llamar de relevancia cultura latinoamericana, en la medida que el desciframiento del «original» escrito lleva implícita la hipótesis de que tal práctica abre el camino hacia un mejor conocimiento de una identidad oral «perdida» bajo la dura costra de la escritura.

Tal como lo resume Cerrón-Palomino en su artículo «Entre el aimara y el quechua: la ‘cachiua’ guamanpomiana», los diversos intentos que se han hecho para traducir e interpretar la cachiua (danzas, canciones o taquies propias de los indiosnobles y plebeyos, practicada en todo el territorio incaico), pueden dividirse en dos grandes grupos:


Distinguiremos entre aquellos provenientes, por una parte, de estudiosos más bien  aficionados, sin mayor base lingüística que la de ser hablantes de la lengua

supuestamente involucrada; y, de la otra, de estudiosos con cierta formación lingüística y filológica, no necesariamente hablantes del idioma en cuestión. Dentro del primer grupo se inscriben las versiones de J. M. B. Farfan (1938), Teodoro Meneses (1984) y Alfredo Alberdi (1986); dentro del segundo, las de Jorge Urioste (1980), Jean-Philippe Husson (1985: 29 1-323) e Ian Szeminski (1993). (2003: 177)0



Según el lingüista peruano, entre los primeros, el rasgo principal corresponde a la falta de rigor filológico y textual que da como resultado versiones arbitrarias y hasta antojadizas que refuerzan la tesis de Porras Barrenechea sobre la supuesta «behetría mental» de Guaman Poma, en la medida que estas traducciones darían a entender que ni el propio cronista andino comprende qué está diciendo cuando recurre al quechua o el aimara. El segundo grupo, por el contrario, no adolecería, en general, de este defecto. Sin embargo, el trabajo individual de cada uno de los integrantes es fuertemente criticado por Cerrón-Palomino, quien se concentra mayoritariamente en Urioste y Husson, pues Szeminski seguiría, sin mayor justificación sobre su propuesta, a Husson en todo.



Entre las principales críticas al trabajo de Urioste, se encuentra la de ser el principal responsable de que Husson, y luego Szeminski, creyeran que el quechua usado por Guaman Poma en las canciones fuera uno diferente al sureño. En efecto, como señala Cerrón-Palomino (1993), Husson busca la solución ante la incomprensibilidad de ciertos pasajes en otros dialectos del quechua, particularmente de la rama central, tesis que, como dijimos antes, seguiría totalmente Szeminski.



Sin pretender entrar aquí en los detalles de las críticas, así como de la propuesta alternativa propuesta por Cerrón-Palomino, lo que resulta importante para la presente discusión es el hecho de que la presencia de estas transcripciones en la Nueva crónica refuerza la tesis de que la extensa carta, en su conjunto, está dirigida a un receptor no europeo, a pesar de las apariencias occidentales y declaradas; de hecho, como señalara Juan Ossio (1973), la misiva estaría simbólicamente dirigida al Inca, y no a Felipe III, ya que sólo el Inca posee el poder mítico del pachacuty andino para restituir el «mundo al revés» instalado tras la conquista y que el cronista andino denuncia repetidamente. Efectivamente, las canciones, así como otros textos quechuas y aimaras, subrayan la necesidad de que el lector (escritura) del texto se precipite en la otredad de una visión oral del mundo para poder realmente comprender el sentido de la «versión» guamanpomiana del Perú colonial. Tal rasgo, de hecho, desafiante y culturalmente descentrador, intensifica la estrategia literal del escritor/traductor Guaman Poma, a través un modo de transcripción de los textos que busca contextualizar los cantos al interior de la ritualidad oral andina.


Como explica Gonzalo Espino Relucé:

Con los escritos de Guamán Poma se reubica el discurso andino quechua. Un texto está siempre precedido del ritual que los acompaña, no son enunciados letrados, sino constituye un tejido discursivo cuya unicidad dialógica incorpora voz y cuerpo, habla y espacio, lengua y tiempo, palabra y cosmovisión, lenguajes que le dan forma. Esto explica el fracaso de la difusión de los textos poéticos quechuas. Las diversas antologías de poesía quechua han cercenado esta pauta de lectura. (2006: 95)



Específicamente en lo referente a la «poesía» quechua-aimara de Guaman Poma, «el inca canta como lo hace con la puca llama y ambos comienzan a repetir. Obviar este dato, sería abandonar las estrategias que hacen del texto un asunto más intenso, rico de significado además de la propia textualidad» (Espino Relucé 2006: 95), todo lo cual coloca el texto en una dimensión conceptual distinta, donde la comunicación escrita (impersonal y solitaria, como lo ha destacado Walter Ong, entre otros) se ve profundamente tensionada por una racionalidad que «abre» semióticamente el texto hacia otras dimensiones extra-textuales, poniendo en entredicho, incluso, el estatuto «literario» de la crónica como texto estructurado sobre la base de un plano autorreferencial necesario para la instalación retórica de una verdad historiográfica supuestamente documental; es decir, lógicamente dependiente, por el contrario, del extra-texto histórico para completar su sentido. Tal como expresa Guaman Poma por escrito:

Fiesta. Uaricza, araui del Inga. Las fiestas cantar y baylar, uaricza, que cantaron puca llama, al tono del carnero cantan, dice así: con compás, muy poco a poco, media hora dice «y–y–y», al tono del carnero, comienza el inga como el carnero dice, y está diciendo «yn». Lleva ese tono y de allí comenzando va diciendo sus coplas, muy muchas. Responde las coyas y ñustas. Cantan a bos alta, muy suuauemente. (320)



Y también a través de sus dibujos, código alternativo esencial en el descentramiento propiciado por la crónica andina:




Como se observa en la iconografía, el poema, en tanto que construcción escrita, estética y ficcional, se convierte en una entidad de segundo grado, derivado de un canto oral cuyo sentido depende del contexto ritual en el que se lleva a cabo su performance. Si a este aspecto puntual se le suma el hecho de que los dibujos ocupan un lugar generador en la crónica (Adorno 2003), a la vez que están estructurados a partir de un complejo sistema de oposiciones basado en el dualismo andino y la cuatripartición cosmológica del Tawantinsuyo (Ossio 1973; Wachtel 1973; López-Baralt 1988), se llega a la conclusión de que las transcripciones de textos orales quechuas y aimaras son, en efecto, traducciones intersemióticas que reflejan la tensión intercultural y racional sobre la cual se despliega la Nueva crónica, tensión que, en última instancia, es el resultado de un modo de escribir que incorpora la dinámica ambivalente de toda traducción y, en específico, la del modo de traducir literal, al optar por arrancar al lector de la comodidad de su lengua y su cultura y empujarlo hacia el abismo de lo extraño, el verdadero camino hacia el aprendizaje auténtico –según Ortega y Gasset– de lo extranjero.








Roberto Viereck Salinas



BIBLIOGRAFÍA

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1 Según Rodolfo Cerrón-Palomino, las soluciones de traducción implementadas por el Tercer Concilio limense de 1583 consistían fundamentalmente en adaptaciones y préstamos. Según el investigador peruano, la adaptación se dio básicamente en dos modalidades: la adaptación directa y la perífrasis. En el primer caso, los términos del quechua y el aimara que no satisfacían una equivalencia de significado en castellano vieron restringido o ampliado el propio campo de significación para satisfacer la necesidad de vaciamiento del universo de significación occidental dominante. Cerrón-Palomino ofrece el siguiente ejemplo, entre otros: «reino», «cielo» (castellano), capac (quechua), capaca (aimara) o «pecado» (hucha (quechua): tanto capac como hucha poseen significados más amplios que lo que se designa en castellano. Capac tiene una implicancia de espacio y tiempo que no consigna la traducción al castellano, por una parte, y por otra, hucha más bien significaría «pleito»); en relación con el segundo caso, cuando la adaptación léxica no era posible, por no existir en la lengua de llegada un término con designación ajustable, se recurre a la solución perifrástica, utilizando, por supuesto, patrones de uso ya existentes en esa lengua. Así ocurre en la traducción, entre otras, de «creer»: iñiy en quechua, yasaña en aimara (»decir sí»). En cuanto a los préstamos como solución, hay que decir que, tratándose de un problema de peligrosidad por equivalencia, la explicación de su viabilidad radica justamente en que la palabra extranjera (incomprensible para indios) aparece entonces como una manera de impedir que se establezca el paralelo con algún término «demoníaco» de la lengua de llegada. Tales son los casos de nombres como «Dios», «virgen», «gracia», «ángel», «persona», «espíritu», «sacramento», «misa», «diezmo», «primicia», «padrino / madrina», «ahijado», etc.; o de verbos del tipo «bautizar», «confesar», «comulgar», e incluso «ayunar». Para esto, véase Cerrón-Palomino (1998: 106-109).

2 Los conceptos de confianza (e implícitamente desconfianza) que aquí se aplican para diferenciar el modo de traducción literal del sensual (por el sentido) provienen de las reflexiones que Martin Heidegger desarrolla en el capítulo «El origen de la obra de arte» de su libro Sendas perdidas. Para una compenetración pormenorizada de la detallada reflexión que el filósofo alemán lleva a cabo en torno a la naturaleza de la obra de arte, véase Heidegger (1969).

LA CRÓNICA MESTIZA DE POMA DE AYALA, GRITO CONTRA LA ALIENACIÓN FÍSICA Y ESPIRITUAL DE LOS ANDINOS (Manuel García Castellón)






Richard Pietschmann, primer editor en Alemania de la obra de Sarmiento de Gamboa, fue también el descubridor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno. El hallazgo tuvo lugar en 1908 en la Biblioteca Real de Copenhague. Se trata de un compacto manuscrito de 1179 páginas, extremadamente rico en ilustraciones (un tercio del total de la obra), publicado por primera vez en facsímil por el Institut Éthnologique de París en 1912. Su autor, un indio yarovilca llamado Guamán Poma de Ayala que dice ser de noble estirpe, lo destinaba a su "Inca," Felipe III. Celebra el advenimiento del cristianismo y la total unción del orbe a un monarca universal, que para él es el rey de Castilla. En su texto, un alegato contra el mal testimonio evangélico de encomenderos, frailes, funcionarios coloniales, etc., Guamán expresa las preocupaciones de orden social, económico, espiritual, etc. que afectan a la comunidad indígena bajo el dominio español. No se pone en cuestión la herencia dinástica (es decir, ve justo que el reino del fratricida Atahualpa haya pasado por justicia divina y providencialista al Habsburgo español), pero sí se recusa la presencia de los inicuos e injustos representantes del estado patronal. Porras Barrenechea supone que, en efecto, el manuscrito llegaría a la corte de Madrid, recibiría allí discreta o ninguna consideración y pronto sería olvidado hasta ser vendido con otros documentos curiosos al erudito Cornelius Pedersen, legatario de la corte de Copenhague en el Madrid del siglo XVIII (616).
En el prólogo, Pietschmann dice que la sola exaltación narcisista del autor "est le but réel de l'ouvrage," afirmación que parece emanar de una lectura única o superficial (xv). Porras Barrenechea, autor del primer estudio de cuantía sobre Guamán, tiene duros términos para quien se niega a aceptar el inevitable Perú mestizo del futuro; tilda su prosa de "galimatías" y sólo admite que Guamán sea autor de "una expresión curiosa de las civilizaciones primitivas de América" (1986, 616). Fue Juan Ossio en 1970 el primero en abordar la obra de Guamán con serios criterios antropológicos, descubriendo que, tras la abigarrada prosa, había una coherencia que ha de ser discernida en el diálogo bicultural. Acto seguido, Nathan Wachtel realiza lecturas estructuralistas que desacreditan juicios como los de Porras Barrenechea. Wachtel dice que Guamán y Garcilaso son la respuesta utopista y sincrética a la destructuración del mundo cultural andino (168). Por su parte, Rolena Adorno ha visto en la Nueva Corónica "la primera producción discursiva hispanoamericana" (1987, xviii); al mismo tiempo inicia los estudios iconográficos basándose en los trabajos de Ossio y Wachtel. Para Raquel Chang-Rodríguez, este tipo de crónicas representa el acceso a una doble oportunidad: la cultura europea "en su símbolo más ostensible, el arte de escribir," para rechazar desde allí las instituciones de dicha cultura cuando éstas no reemplazan con éxito el antiguo orden (40). Por su parte, Mercedes López Baralt dice que la obra de Guamán "integra la aportación europea a categorías conceptuales andinas" (141), e insiste en el carácter "subversivo" de esta literatura inspirada en la tratadística ético-religiosa de la época; también abunda en la teoría del diálogo intercultural. John Murra hace mención de la extraordinaria información textual e icónica de la Nueva Corónica, lo que la hace fuente antropológica única. Señala también que las categorías éticas de Guamán están en consonancia con "las más atrevidas mentes de su época" (1980, xiii), juicio que puede aparecer precipitado si no se explican actitudes al parecer racistas u opiniones extremas en materia jurídico-penal por parte del autor andino.
En cuanto al autor, a excepción de una carta hallada en Simancas y un documento de pleito, sabemos de Guamán sólo lo que se puede extraer de su única obra, la Nueva Corónica y Buen Gobierno. La fecha de su nacimiento sólo ha podido darse por aproximación entre 1530 y 1550. Así lo hace suponer la edad de "ochenta años" que declara tener hacia 1615, fecha de finalización de su obra. Pero sí se sabe el lugar de su familia y heredad, San Cristóbal de Suntuntu, en la provincia de Lucanas (Ayacucho), donde su padre es cacique principal. Sin explicar las circunstancias, dice que su madre tiene un hijo mestizo, sacerdote de misa a quien Guamán admira y reverencia.
La familia de Guamán Poma --"águila," "puma"-- ha recibido también el apellido Ayala del capitán Avalos de Ayala por cierto tipo de prestación de guerra que no queda clara (1). Hecho sintomático en el diálogo policultural de la Nueva Corónica, Guamán parece no reparar en que la orgullosa exhibición del apellido español es un evidente ejemplo de la alienación cultural a la que él mismo se resiste.
Son numerosísimos los pasajes en los que alude a su linaje andino, dos veces noble. Dice también que su abuelo Guamán Mallqui, con los otros señores que forman la jerarquía de los cuatro suyu (sectores resultantes de dividir el mundo andino mediante dos diagonales que se cruzan), preside la embajada que Huascar envía a los españoles en Túmbez, "donde se dieron de pas el rrey enperador de Castilla y el rrey de la tierra deste rreyno del Pirú Guascar Ynga, lexítimo. En su lugar fue su segunda persona y su bizorrey Ayala" (382).
El solar de los Guamán Mallqui es la ciudad de Huánuco.
De todas cuantas describe en la Nueva Corónica --desde Santa Fe de Bogotá hasta "Paraguai"-- no hay para él ciudad más noble ni más leal. Fundada a orillas del Marañón pocos años después de la conquista, la habita "noble gente de pas y bien criados." Allí nunca entran jueces, pues que todos se aman fraternalmente. Allí "no ay pleyto ni mentira, cino todo uerdad en esta dicha ciudad de guaman, poma rreal" (690). Sus habitantes son tan fieles "como en Castilla los biscaynos" (348), que ya es decir. Tal es la causa que siempre sus próceres los Alauca, los Ychoca, los Guamalli, estuvieran siempre en el consejo del Inca. Los Alauca Yarovilca, casa de Guamán Poma, "son leones y águilas rreales y corona deste rreyno" (690). Su abuelo Guamán Chava era virrey sobre los yarovilca, "segunda persona de Topa Ynga Yupanqui como en Castilla el excelentícimo señor Duque de Alua [...] desde la montaña de Chile hasta Nobo Reyno" (344).
De sus padres dice que, "para yndio[s] fue santo y santa", pues murieron sirviendo a Dios y en Dios [...] este no fue español, cino yndio como bosotros y su muger yndia como bosotras, que no fue señora de Castilla" (878). La santidad, pues, según Guamán es posible en los indios, aunque con cierto matiz de condescendencia que se advierte en la preposición comparativa "para." De todas formas, es un paso adelante si se tiene en cuenta que otros todavía andaban con dudas acerca las meras capacidades naturales de los andinos. Guamán, a su manera, dice haber obtenido los principios que guían su actividad literaria y su vocación en su mismo hogar. Allí está el origen de todo: "La historia adonde se comensó a escriuirse este dicho libro, Primer corónica y de buen uiuir de los cristianos, que es la historia y uida y cristiandad que pasaron seruiendo a Dios los dichos don Martin de Ayala, segunda persona del Topa Ynga Yupanque, y su mujer, doña Juana Curi Ocllo," coya o princesa de sangre (15). Su padre ha servido voluntariamente a los pobres del hospital de Guamanga por espacio de treinta años. De la estirpe de su padre hereda su humana actitud hacia los humildes, pues la nobleza de los Yarovilca está "en el seruicio de Dios y de su Magestad y fabor de sus prógimos. Y buelben por los pobres yndios y muere por ellos" (818).
Según varios críticos, en la elaboración de su manuscrito ha habido fuentes tanto autóctonas como europeas. Entre aquéllas, Guamán dice haberse documentado consultando a los ancianos peritos en la antigua mnemotecnia del quipu. En el dibujo y artículo "Pregunta el autor", dichos ancianos responden al ruego: ma uillauaiachamitama, que Urioste traduce del aymara: "Pero reportadme vuestras quejas" (370). Los quipocamayoc de los cuatro sectores del Tawantinsuyu--Chinchaysullu, Cuntisullu, Andesullu y Collaysullu--rodean e informan al señor yarovilca que pretende corregir la escritura española de la historia andina. Según la permisión dada por el Virrey Toledo de que los caciques vistan a la española, Guamán--"administrador, protetor, tiniente general de corregidor de la prouincia delos Lucanas, señor y príncipe deste rreyno"-- se pinta a sí mismo pulcramente engalanado de capa y sombrero (371). Tramada de nudos y colores, los ancianos le presentan toda la historia del pueblo, "desde [el] primer yndio que trajo Dios a este rreyno del multiplico de Adán y Eua y de Noé del [di]luuio [...] para que lo escriua y aciente en este dicho libro para que la pulicía uaya adelante" (370).
Aparte de la información que le brindan los quipus, Guamán dice saber cuanto es necesario para escribir su Crónica "por andar y seruir a los señores excelentícimos bizorreys y de los rrebrendos yn cristos obispos y becitadores generales; todo lo fue sauiendo con auilidad y gracia que le dio Dios y entendimiento para serbir a Dios y a su Magestad" (370). Es decir, es un allegado al sistema teocrático de la colonia. Conoce desde dentro lo que se dispone a criticar.
Tal vez acompañando a su admirado hermano, el sacerdote mestizo Martín de Ayala, le ha sido dado entrar "en palacio en casa del buen gobierno en la audiencia"; es posible que haya terminado por conseguir algún empleo como amanuense o intérprete sirviendo en actas, sínodos y concilios "a los señores bisorreyes, oydores, presidentes y alcaldes de corte y a los muy ylustres yn Cristo Señoría obispos" (756). Participa en calidad de "lenguaraz" o intérprete del clérigo Cristóbal de Albornoz en la campaña de extirpación del movimiento "Taqi Onqoy" (Guamán 282, 285, 690, 876, 715) (2).
Este contacto con la clerecía le ha permitido acceso a las bibliotecas y casas de formación que para mestizos e hijos de caciques han dispuesto los obispados. Allí ha comenzado a prepararse para su obra literaria y allí ha leído con más o menos aprovechamiento o comprensión la cronística europea, por la que, según Pietschmann, no parece en exceso impresionado (xvii). Las crónicas escritas 'por castellanos le sirven de base para iniciar un relato de la conquista que él acomoda a los intereses andinos: en la conquista, la victoria de los españoles se debió a la intervención de los indios aliados, entre ellos el mismo Martín Guamán Mallqui, padre del autor.
Según Pease, otros libros que ha hojeado son el Indiario de Johann Boemus; la Gramática quechua de Fray Domingo de Santo Tomás; la Miscelánea Antártica de Cabello Balboa o la obra de Martín de Murúa sobre el Origen y genealogía de los Incas. Respecto a la idea de incorporación de los Andes a una historia cristiana y universal (vg. Cristo naciendo en tiempos del Inca Sinchi Roca, 84-82), es idea también presente en la obra que en 1607 imprimió el dominico Gregorio García El origen de los Indios de el Nuevo Mundo, (Cf. Pease, 139). Por supuesto, es evidente en Guamán la huella del Catecismo que en los Concilios de Lima han venido preparando los PP. Acosta y Oré. Del Catecismo trilingüe de Lima y de las obras devocionales para el pueblo, con frecuencia en español y lenguas indias, adopta la técnica de múltiples inclusiones quechuas, aymaras o lucanas en su manuscrito. Usa citas en lenguas indígenas en los momentos en que necesita hacer su documento más creíble, es decir, en rezos y oraciones que brotan de un alma profundamente angustiada por la opresión; o en pasajes satíricos como el que ridiculiza a una familia que destina a todos sus hijos a la clerecía, por puro afán de lucro; o aquellas dos damas criollas que hablan con cierto inconsciente "cinismo de clase" de cómo explotar mejor a sus siervas; o al traducir el desvergonzado sermón del logrero Padre Murúa, su odiado enemigo. Por último, usa las lenguas indígenas para la lírica que introduce en el texto, pues como ha visto que en los libros de los europeos se incluyen poemas y canciones, él también añade "yaravíes" de gran interés etnológico y belleza lírica.
La policulturalidad es lo que hace también que el castellano de Guamán use de sintagmación, morfémica, y ortografía sui géneris. Esto, unido al plurilingüismo, hace necesaria la ayuda especializada para la comprensión de muchos pasajes de la Nueva Corónica. En este sentido, sigue insuperada la excelente edición madrileña de Historia 16, con sabios proemios de Rolena Adorno, John V. Murra y Jorge Urioste. Éste último señala "el testimonio en cuanto a la criollización del lenguaje que tuvo lugar al principio del contacto de las culturas andina y europea," y aduce el pasaje de la p. 397: "obeja chincando, pacat tuta buscando" [una oveja se perdió, dicen que no la encuentran al buscarla de noche] (lxxi). En el aserto de Urioste vemos el mestizaje espiritual, último, originándose en el hecho de lengua.
Tras la abigarrada redacción se imbrican varios códigos discursivos, es decir: la voz del noble ayacuchano (dinastía sometida por los Incas); la voz del descendiente de los Incas en línea materna; la voz del pueblo indio; la voz personal e íntima que le presta el evangelio para descubrir que hay una síntesis última de "hombre nuevo."
Ninguno de lo anteriores trabajos críticos citados había intentado una aproximación a lo que, en nuestra opinión, es el más significativo empréstito en el diálogo bicultural, es decir, un cristianismo profético que se vuelve americano en virtud de la circunstancia histórica de la denuncia y, por consiguiente, un proto-documento de Teología de la Liberación. En este sentido se llevó a cabo nuestro trabajo Guamán Poma de Ayala, pionero de la Teología de la Liberación (Madrid: Editorial Pliegos, 1992).
El hombre nuevo es el mestizo espiritual y racial del futuro, hombre temporal, ciertamente, pues progreso temporal y crecimiento del Reino no se identifican, pero sí que se relacionan estrechamente (Gutiérrez 1987, 23). Así, dicho hombre, emulsión futura de valores espirituales, se distingue ya por lo unitario de su vida y su proyecto en la construcción del Reino. Guamán, en un dejo de audaz esperanza que le hace trascender su aparente racismo, prevé un lejano orden de hermandad universal donde caben todos, asimilados a la raza que hoy posee el dominio y que mañana habrá de compartirlo con todos los pueblos de la tierra para formar un sólo y auténtico pueblo de Dios: "andando tienpos, nos engualaremos y seremos unos en el mundo; ya no habrá yndio ni negro. Todo seremos españoles de un áuito en el mundo, un Dios, un pastor, un rrey, como Dios lo declara en la diuina escritura" (814).
Ni que decir tiene que conoce bien las tesis providencialistas de Las Casas (que Acosta matizaría después), pero sin aceptar que el descubrimiento y la conquista impliquen la alienación del ámbito andino. Por sus lecturas de Fray Luis de León, (era entonces muy popular en el Nuevo Mundo el Memorial de la vida cristiana, según señalan Laín Entralgo y Rolena Adorno), Guamán sabe que el cristianismo debe comportar una aproximación de tolerancia, compasión y aún diálogo hacia la gentilidad (Cf. Adorno, xxvii). Pero lo que nos parece más probable es que Guamán también haya conocido las contundentes ideas éticas de restitución y justicia a través de otra elocuente obra de Fr. Luis, el Compendio y explicación de la doctrina cristiana, donde se citan, entre "los pecados que claman al cielo," "la opresión y el maltratamiento de los pobres" y "no pagar su trabajo al jornalero," resumen de toda la situación social en Indias (34).
En fin, los estilos homiléticos le brindan su más frecuente modelo discursivo, cosa obvia si se tiene en cuenta que el discurso del misionero es el primer instrumento de aculturación del indígena. En efecto, éste aprende el castellano con los sacerdotes como un niño aprende de su madre conceptos, selección léxica, inflexiones, acentos... Por tanto, no es de extrañar el eco constante de unción, exhortación, invectiva, invocación, etc. de este "predicador laico" que es Guamán Poma. El indígena medio aculturado imita inconscientemente el lenguaje envolvente y parenético del cura, lenguaje que debe parecerle "por antonomasia" y pieza de valor a adquirir para hacerse digno de quien posee poder correctivo y coercitivo. Por supuesto, Guamán aprende del púlpito--de los sacerdotes compasivos--la formulación castellana de su queja por los pobres.
Adorno afirma que Guamán, al escoger el discurso religioso, declina otros posibles discursos porque "mientras la historiografía se dirigía a la minoría letrada selecta que se aprovecha de recursos sociales y culturales conocidos, la oratoria religiosa (un género oral, además) tenía como obligación primordial la comunicación con todos los grupos de todos los niveles sociales" (xxix). Sin embargo, es preciso observar que Guamán, por distintos procesos de ósmosis similares al que le hace adoptar el talante religioso, integra también en menor medida otros tipos de discurso (jurídico, humanista, historiológico, dramático, etc.), y que la elección del discurso religioso se debe quizá a la preeminencia de dicho discurso durante el teocrático estadio cultural correspondiente a los reinados de Felipe II y Felipe III. Estos nuevos "Incas," por su proverbial piedad, están llamados a restablecer urgentemente la misericordia y justicia social que en otro tiempo habían disfrutado sus lejanos súbditos de Indias.



Manuel García Castellón





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1 Porras Barrenechea no llega a explicarse la veracidad de la pretensión. En efecto, la batalla de Huarina tiene lugar en 1547 y el capitán Avalos de Ayala llega al Perú en 1548 junto al clérigo La Gasca. Sólo se sabe que fue herido en Villacurí o Chuquinga en 1554, donde, en efecto, bien pudo ser ayudado por los indios Lucanas, tribu de Guamán (621).
2 Se trata del movimiento milenarista y sincrético del Taqi Onqoy, en torno a 1560. La secta, que llegó a reunir unos ocho mil miembros, partía de un foco hechicero de Vilcabamba, animado por el "preste" Juan Chocne y sus dos diaconisas "María Magdalena" y "Santa María." En sus invocaciones, drogados con una confección de alucinógenos, los nativos se daban a un espasmódico baile diciendo que tal o cual divinidad o huaca quería manifestarse. Para los españoles era puro terrorismo que la secta predicara la vuelta a los adoratorios andinos, predijera el fin de la hegemonía castellana (mediante un "pachacuti" o movimiento cataclísmico universal) y afirmara que el Dios de los cristianos estaba a punto de terminar su "mita" o turno. Cristóbal de Albornoz culpa al Inca rebelde, Titu Cusi, de alentar a los sectarios: "Estos Yngas siempre desearon recuperar estos reinos por los medios posibles ... y no hallando otro de más comodidad que su religión y predicación procuraron indios ladinos ... [para] distribuirlos por todo el Perú" (193). Clandestinamente destruían imágenes y cruceros; incitaban a la resistencia pasiva hacia el misionero, a quien había que mentirle y "despistarle" en su perquisición anti-idolátrica (Cf. en nuestra bibliografía la "Instrucción" de Cristóbal de Albornoz, incluida en la obra de Cristóbal de Molina, pp. 192-98).



OBRAS CITADAS


Acosta, José de, S.J. et al. Doctrina christiana y catecismo para instrucción de indios. (Facsímil del texto trilingüe castellano-quechua-aymara). Ed. de Luciano Pereña. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985.
Adorno, Rolena. "Waman Puma: el autor y su obra," en Nueva Corónica y Buen Gobierno. Madrid: Historia 16, 1987 (xvii-xlvii).
Albornoz, Cristóbal de. "Instrucción," en Relación de muchas cosas acaecidas en el Perú, de Cristóbal de Molina. Madrid: Historia 16, (1575) 1989 (192-198).
Anónimo de Yucay. En Informaciones acerca de la Religión y Gobierno de los Incas, de Polo de Ondegardo (v. infra), t. II, pp. 95-138, como "Verdadero y legítimo dominio de los Reyes de España sobre el Perú."
Boemus, Johannn. Indiario o libro de las costumbres de todas las gentes del mundo y de las Indias. Amberes, 1556.
Cabello Balboa, Miguel. Miscelanea Antárctica. Lima: Instituto Etnológico de la Universidad Mayor de San Marcos, (1586) 1951 (Vol. I).
Chang-Rodríguez, Raquel. "Mayorías y minorías en la formación de la cultura virreinal." University of Dayton Review 16:2 (1983), 23-34.
Dussel, Enrique. Desintegración de la cristiandad colonial y liberación. Perspectiva latinoamericana. Salamanca: Sígueme, 1977.
---. Historia de la Iglesia en América Latina. Salamanca: Sígueme-Cehila, 1983.
Ellacuría, Ignacio. "La iglesia de los pobres, sacramento histórico de liberación." Estudios Centro-Americanos 32 (1977): 707-22.
García Castellón, Manuel. Guamán Poma de Ayala, pionero de la Teología de la Liberación. Madrid: Editorial Pliegos, 1992.
Granada, Fray Luis de. Obras. Vol. III. Madrid: B.A.E., Rivadeneyra, 1849.
Guamán Poma de Ayala, Felipe. Nueva Corónica y Buen Gobierno. 4 vols. Edición de John V. Murra, Rolena Adorno y Jorge L. Urioste. Madrid: Historia 16, 1987 Laín Entralgo, Pedro. La antropología en la obra de Fray Luis de Granada. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1946.
Las Casas, Bartolomé de. Obras escogidas. Edición de Juan Pérez de Tudela y Emilio López Oto. Madrid: Biblioteca de Autores Españoles, 1957-1958.
López Baralt, Mercedes. Icono y conquista: Guamán Poma de Ayala. Madrid: Hiperión, 1988.
Murra, John V. "Waman Puma, etnógrafo del mundo andino," en Nueva Corónica y Buen Gobierno. Edición Adorno-Murra-Urioste, México: Siglo XXI, 1980 (xiii-xix).
Murúa, Fray Martín de. Historia General del Perú. Edición y notas de Manuel Ballesteros Gaibrois. Prólogo del Duque de Wellington. Madrid: Biblioteca Americana Vetus, (1611) 1962.
Ossio, Juan M. "Myth and History: The Seventeenth-Century Chronicle of Guaman Poma de Ayala," en Text and Context: The Social Anthropology of Tradition. Editado por Ravindra K. Jain, Filadelfia: Institute for the Study of the Human Issues, 1977, 51-93.
Pease, Franklin D. "Las Crónicas y los Andes." Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. 28 (1988): 117-158.
Pietschmann, Richard A. "Prologue" a la Nueva Corónica y Buen Gobierno, edición facsimilar. Paris: Institut d'Ethnologie, 1912.
Polo de Ondegardo, Juan. Informaciones acerca de la religión y gobierno de los Incas. 2 vols. Lima: Sanmartí y Cía. (1571) 1916.
Porras Barrenechea, Raúl. Cronistas del Perú. Lima: Editorial Sanmartín y Cía, 1962.
---. Los cronistas del Perú (1528-1650) y otros ensayos. Edición de Franklin D. Pease. Lima: Editorial e Imprenta DESA, 1986.
Urioste, Jorge. "Los textos quechuas en la obra de Waman Puma." En Nueva crónica y buen gobierno. Edición Murra-Adorno-Urioste. Madrid: Historia 16, 1987 (lxv-lxxvii).
Wachtel, Nathan. The vision of the vanquished : the Spanish conquest of Peru through Indian eyes, 1530-1570. New York: Barnes & Noble, 1977.


¿ES ESTE EL ORO QUE COMES? CONQUISTA DEL PERÚ (Felipe Guamán Poma de Ayala)

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369 [371]
GVAINA CAPAC INGA, CANDÍA, ESPAÑOL1
/ Cay coritacho micunqui? [¿Es éste el oro que comes?] / Este oro comemos. / en el Cuzco /
CONQVISTA
/ Kay quritachu mikhunki? /

1 Aquí Guaman Poma confunde varios datos relacionados. Pedro de Candía apreció las riquezas del Inka en Tumbes, no en el Cuzco, durante la expedición de 1527. No se entrevistó con Huayna Capac, pero fue éste quien hizo construir allí el templo del sol que tanto impresionó a Candía. El uso de “español” para el griego Candía no refleja necesariamente el desconocimiento de Guaman Poma de la nacionalidad del artillero; como en otras ocasiones, Guaman Poma empleará el término con el sentido de “no-indio”.
El episodio de Candía lo relata también el Inca Garcilaso siguiendo la versión de Cieza de León (Garcilaso [1617], libro I, cap. xiii, 1960: p. 32).





CONQVISTA



Cómo le prendieron y estado preso Atagualpa Ynga; estando preso, le rrobaron toda su hazienda don Francissco [sic] Pizarro y don Diego de Almagro y todo los demás soldados y españoles.
Y lo tomaron toda la rriquesa del templo del sol y de Curi Cancha y de Uana Cauri muchos millones de oro y plata que no se puede contar, porque sólo Curi Cancha toda las paredes y la qubirtura y suelo y las uentanas quajado de oro. Dizen que la persona que entra dentro con el rrayo de oro parese defunto en el color del oro. Y del Ynga Atagualpa y de todo sus capitanes y de señores prencipales deste rreyno y las dichas andas de oro y plata que pesaua más de ueynte mil marcos de oro fino el tablón de las dichas andas y ueynte mil marcos de plata fina, un millón y trecientos y ueynte y seys mil escudos de oro finícimo.
Acimismo les quitó sus serbicios hasta quitalle su muger lexítima, la coya [reina].
Y cómo se uido tan mal tratamiento y daño y rrobo tubo muy gran pena y tristeza en su corazón y lloró y no comió. Como uido llorar a la señora coya, lloró y de su parte ubo grandes llantos en la ciudad. De los yndios cantaua desta suerte:
Aray araui! Aray araui!Sapra aucacho, Coyaatiuanchic, llazauanchic?Ma, Coya. Suclla uanoson.Amatac acuyraque cacachuncho!Paracinam uequi payllamanta urman.Cam, Coya, hinataccha.
[¡Aray arauil ¡Aray araui! ¿Podrá este enemigo malvado, reina, derrotarnos, darnos pesadumbre? ¡No, reina! Vamos a morir todas a una. ¡Que no nos alcance la desgracia! Las lágrimas caen como lluvia por sí solas. ¿Podrías tú, reina, ser tal?]
De cómo estando preso conuersaua Atagualpa Ynga con don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro y con los demás españoles y jugaua con ellos en el juego de axedrés que ellos les llaman taptana1. Y era muy pacible príncipe y ací se contentaua con los cristianos. Y daua su hazienda y no sauía con qué contentalles y rregalalles.
De cómo estando preso Atagualpa Ynga, todo sus bazallos y yndios y capitanes y señores grandes de su rreyno le desanpararon y no le serbieron.
De cómo procuró de rrescatar su uida Atagualpa Ynga con todo sus capitanes y dio a don Francisco Pizarro y a don Diego de Almagro y a todos los soldados mucho oro, que una casa señaló. Con su propia espada, le medió
/ Aray arawi! Aray arawi! Saqra awqachu, quya atiwanchik, llasawanchik? Ma, quya! Suqlla wañusun. Amataq aquyraki kachachunchu! Parasinam wiqi payllamanta urman. Qan, quya, hinataqcha! / quya / taptana /


1 En Holm, 1958: pp. 91-104, se encontrará una discusión del juego de taptana. Guaman Poma es la única fuente que se refiere al juego en el contexto del encarcelamiento de Atahualpa. Véase el tablero dibujado por Guaman Poma en la página 389.



Edición facsimil, con transcripciones actualizadas
y anotaciones en
Det Kongelige Bibliotek
 



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